| Actualidad del Anarquismo | |
| (B.R.: Black Rose - SIT: Situacionista) | |
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B. R.: No es común que un profesor de lingüística,
o cualquier profesor de los Estados Unidos se convierta en radical. ¿Cómo
sucedió esto? ¿Qué le condado a desarrollar y asumir
una critica radical de la sociedad norteamericana? Chomsky: Por lo que a mí respecta, la cosa sucedió
totalmente al revés. En realidad yo llegué a la lingüística
más o menos por accidente, por medio de contactos con amigos radicales,
uno de los cuales daba la casualidad de que era profesor de lingüística.
En una época en que yo estaba más o menos pensando en salirme
de la universidad, ese contacto político con él me interesó
por accidente en el trabajo que estaba haciendo. De manera que el problema,
en mi caso, no es cómo el lingüista se hizo radical, sino más
bien lo contrario. Fue el estudiante radical quien se hizo lingüista
accidentalmente. B. R.: ¿Cómo se hizo usted estudiante radical?
¿Era radical su familia? Chomsky: Se puede decir que crecí en ese ambiente.
No mi familia inmediata, sino todas mis tías y tíos eran parte
de esa inteligentsia judía radical de Nueva York. La mayoría
eran del Partido Comunista, pero a los doce o trece anos, yo había
superado ya esa fase y... Un tío que murió hace poco era activista
de la izquierda antibolchevique. Es decir, había en aquel momento pequeños
grupos separatistas que criticaban el bolchevismo desde la izquierda y había
ciertos marxistas que criticaban a los bolcheviques, considerándolos
como una desviación, de tendencia derechista, del marxismo tradicional...
y correcto, como quien dice. Conocí parte de esa literatura y algunas
de sus ideas y simplemente me interesé en todo ello. B. R.: ¿Y con respecto al anarquismo? Chomsky: En aquella época, a principios de los años
cuarenta... yo era estudiante de secundaria. Me había interesado en
la Guerra Civil Española, la seguía en los periódicos.
Solía dedicar algún tiempo a rondar por las librerías
de segunda mano de la Cuarta B. R.: En su articulo «Notes on Anarchism»1
demostraba usted simpatía hacia el anarquismo. Hablaba usted del «proceso
de rehabilitación'' de Daniel Guerin, de reintegrar el anarquismo al
siglo Veinte. ¿Considera usted al anarquismo tan importante frente
a los problemas sociales de los países capitalistas avanzados? Chomsky: El anarquismo cubre un amplio espectro. Esa corriente
particular estudiada por Guerin me parece valiosa. Pienso que converge algo
con el marxismo liberal. También el marxismo cubre un espectro bastante
amplio, y hay un punto en el que algunas variedades del anarquismo y algunas
variedades del marxismo se acercan mucho, como por ejemplo, gente como Karl
Korsch, que tenía muchas simpatías con el movimiento anarquista
español, a pesar de que era una especie de marxista ortodoxo. Y creo
que en ese complejo de ideas anarcosindicalistas e ideas socialistas liberales
hay cosas muy aplicables... En realidad, pienso que son las ideas adecuadas
para una sociedad industrial avanzada. Me parece que el anarquismo, en ese
sentido, sugiere ciertos principios de organización que son extremadamente
realistas. Una especie de evolución natural, con un nivel alto y suficiente
de tecnología y comunicación, y eliminación de trabajo
necesario pero oneroso. Bajo tales condiciones, me parece enteramente posible,
esencial, dirigirse hacia esas formas sociales tan apropiadas a la sociedad
industrial avanzada. 1 «Notas sobre anarquismo». Texto que a modo
de prólogo al libro Anarchism: From theory to practice de Daniel Guerin,
(edición castellana: editorial Proyección, 1972 y Campo Abierto,
Madrid. 1977) redactó Chomsky. Fue publicado Los intelectuales y el pueblo B. R.: En tal contexto: (a) ¿qué piensa usted
del análisis de las clases de Marx ?; y (b) ¿qué grupo
económico social de este país cree usted es el más importante
para una transformación radical? Chomsky: Pienso que la idea general del análisis de
las clases es indispensable. Lo que puede ser cuestionado es si las formulaciones
particulares de Marx son históricamente exactas, y aplicables en la
actualidad. Yo tendería a estar de acuerdo con la crítica que
hace Bakunin de Marx, en el sentido de que «la dictadura del proletariado»
en una sociedad parcialmente agraria resultaría un sistema muy represivo
y destructor, como en efecto... No doy por supuesto que los bolcheviques introdujeron
la dictadura del proletariado, pues no lo hicieron, pero la perversión
particular de la misma que aplicaron le da algo de injustificación
a aquel análisis, y habría algo más que decir al respecto.
Pero yo no tengo ninguna duda de que es verdadera la intuición de que
el análisis de las clases es indispensable para comprender los procesos
sociales. B. R.: Con lo que Bakunin estaba de acuerdo. Chomsky: Exacto. Hay problemas de interpretación, etc.,
pero yo no veo cómo ningún socialista puede no estar de acuerdo
con ello, ni ningún científico social. Por lo que se refiere
a la sociedad contemporánea, me parece que se puede identificar toscamente B. R.: ¿Quiere usted decir productivos en el sentido
de productores de bienes materiales? Chomsky: No, no necesariamente. Quiero decir que los artistas
son productivos porque crean partes de nuestra cultura material e intelectual.
B. R.: Los profesores... Chomsky: Algunos de ellos. Ocasionalmente. Podría ser,
en principio. Como en cualquier otro campo. Los artistas, por ejemplo, podrían
diseñar carteles para el Estado, o algo así. Me parece que son
un tipo de clase muy difuso, pero son gente productiva, y B. R.: De manera que el proletariado como lo definió
Marx (los trabajadores de la industria) no es tan importante porque es una
minoría. Chomsky: Si ustedes piensan que el proletariado lo componen
obreros vestidos con tejanos, naturalmente que es una parte decreciente de
la clase obrera, en aquel sentido amplio. Francamente, dudo que Marx hubiera
estado en desacuerdo con esto. Según mis lecturas de Marx, lo que él
consideraba como crucial para la noción de proletariado, era la de
trabajo productivo, y en diferentes sociedades, gentes diferentes tienen que
ocuparse del trabajo productivo. B. R.: Sweezy puntualizaba que ciertos sectores de la clase
obrera tienen más poder, porque lo que producen parece más esencial.
Chomsky: Eso es casi una especie de asunto técnico.
Hay que ver y observar qué es más importante en una fábrica
determinada, si el ingeniero que decide qué máquinas estarán
allí y qué fabricarán, o si el tipo que está junto
a la línea de montaje y ajusta unas B. R.: ¿Considera usted que esta clase proletaria
más amplia va radicalizándose por las privaciones materiales,
o más bien por los aspectos psicológicos de la alienación?
Seria difícil argumentar que la mayor parte de los profesores del M.
1. T. (Massachusetts Institute of Technology) estén materialmente desprovistos,
aunque muchos de ellos sufren de un desplazamiento o de una alienación
psicológica. Chomsky: No; en realidad los profesores del M. I. T. y similares
son de los muy pocos que tienen el máximo porcentaje de ingreso. Pero
siempre ha sido así... Tampoco podría usted decir que Engels
sufriera carencias materiales. No veo nada peculiar en esto. Pienso que hay
una cantidad de gente a la que le ocurre preocuparse por los demás.
Depende... Pero como clase, yo no esperaría que los profesores del
M. 1. T. fueran la vanguardia de la revolución. B. R.: No, pero usted mencionó a técnicos
y otros. La experiencia de Chile y de otras zonas parece probar que son esenciales.
La cuestión entonces es radicalizarlos. ¿Proviene eso de...?
Chomsky: ¿
carencias materiales o alguna comprensión
psicológica? B. R. : Sí Chomsky: Bueno, creo que es muy humillante... En la tradición
radical hay un tipo de corriente que funciona más o menos así,
en caricatura: «oiga, yo sé de los problemas de la opresión,
la falta de democracia, etc. Pero esos tipos, lo único que entienden,
es que B. R.: Pero ése no es el caso, por ejemplo, de los
partidos marxistas. Chomsky: De acuerdo, pero no surgieron de una lucha revolucionaria. Eran grupos de intelectuales. Apocalipsis e ideología del consumo B. R.: Pero donde hay una crisis energética y la
gente está hablando de otro colapso de capital como la depresión,
y los movimientos revolucionarios tienden a ver las cosas en términos
apocalípticos, nosotros tratamos de construir nuestra organización
y de actuar para cuando se produzca el colapso del capital. Chomsky: Yo no lo veo así, o no creo en eso, a pesar
de que hay en ello un grano de verdad. El grano de verdad es que la riqueza,
y más que la riqueza, la perspectiva de crecimiento sin fin, ha sido
una técnica muy efectiva de control social. La lógica es más
o menos así: la ideología dominante afirma, en efecto, que cada
individuo es simplemente un consumidor, una persona que trata de llevar al
máximo el consumo, y que en ese acto se da la vida... la vida se va
totalmente, o algo así. Ahora, si usted acepta esa ideología
y además cree que la producción material aumentará sin
límites, puede concluir que es racional no oponerse a la sociedad desigual,
aun cuando pueda sufrir por su causa, aun cuando esa sociedad esté
dirigida contra usted. Si es usted un «hombre económico»,
en ese sentido, y espera que de una forma u otra habrán de producirse
más mercancías, parece racional aceptar esa sociedad emplazada
contra usted, con la esperanza de que en el futuro usted pueda consumir más
de lo que consume hoy. Ahora, hay muchas cosas que están equivocadas
en esa ideología... La efectividad descansa, por una parte, en la habilidad
para hacer que las personas piensen que no son sino átomos de producción
y elementos de aumento del consumo. Por otra parte hay en el hecho de que
antes se creía posible apoyarse en perspectivas de crecimiento ilimitado.
En esta perspectiva, creo que las carencias materiales pueden influir mucho
para el cuestionamiento de la totalidad del sistema ideológico, que
sí lleva a la conclusión de que se debería ser obsequioso
y obediente. Por eso pienso que hay un grano de verdad en la idea de que el
déficit material, o la crisis energética, o lo que sea, puede
contribuir a formar un cierto tipo de nueva conciencia. SIT.: Me gustaría precisar más el significado
de alienación psicológica. Estableceré dos
polos. Un polo es el moralista, cuya esencia es un llamado a los sentimientos
de culpa, deber y sacrificio, que afectó fuertemente a la Nueva Izquierda.
El otro polo es la concepción de la subjetividad como basca del placer,
como llamados al deseo y a la imaginación. Estos son los dos polos,
y me gustaría saber cómo, según usted, actúa este
tipo de psicología. Chomsky: No creo que sea obligatoria una elección.
Pienso que ambos polos son totalmente válidos. Es decir, pienso que
hay una muy buena razón para sentirse culpable en más de una
ocasión sobre la forma en que tratamos a los pobres o a los vietnamitas.
Yo sí me siento responsable, porque contribuyo al funcionamiento de
esa sociedad, con mi pasividad, por ejemplo: dejando que la cosa siga. Siempre
que no actuamos radicalmente para poner fin a todas esas cosas estamos contribuyendo
a ellas, con nuestra B. R.: ¿No es el caso que la izquierda de este país,
en particular, nunca pasó de allí? Chomsky: Supongo, que lo que me molestó más
de la respuesta de la Nueva Izquierda, no fue el sentimiento de culpa, que
a mi parecer era legítimo y adecuado, sino más bien lo que mencioné
antes, tomarse o presentarse como miembro de la clase obrera y hablar en términos
de valores que se suponía, debían ser los valores de ésta:
preocupación por el déficit material, más que la necesidad
de libertad. Y yo pienso que eso era completamente falso. B. R.: A mi me parece que partir de principios y cosas
así, no es lo mismo que partir de sentimientos de culpa y sacrificio.
En la mayor parte de sus artículos, usted subraya muchos principios
morales y afirma la acción basada en esos principios. ¿Cómo
piensa usted que se pueden restablecer principios y sentimientos morales en
una sociedad como la nuestra, cínica y orientada hacia la indoctrinación
masiva del consumo? Chomsky: Pienso que los principios de esta sociedad, orientada
específicamente hacia el consumo, simplemente tienen que ser confrontados
con principios mejores, más atractivos para todos. La gente sencilla
tiene otras necesidades... La gente en su vida Los principios en una sociedad de masas B. R.: ¿Esta demostración es posible mediante
la argumentación lógica, o la forma en que aquellos otros valores
se inculcaron hace casi imposible el cambiarlos? Chomsky: Existe obviamente una disparidad entre los valores
con que las personas realmente viven, cuando pueden ejercer una elección,
y los valores que se les enseña para vivir. Esto hay que hacérselo
ver de algún modo. Pero la idea de llevar al máximo el B. R.: Usted considera a la democracia económica
como básica para ello, porque en su articulo sobre el anarquismo mezcla
de algún modo al anarquismo con el anarco-sindicalismo. No hablaba,
por ejemplo, del anarcocomunismo. Hemos trabajado sobre la obra de Reich y
no nos parece que la democracia económica sea suficiente. A pesar de
que es una condición necesaria, no es suficiente. Reich afirmaba que
la gente interioriza en la estructura de su carácter una gran cantidad
de la sociedad autocrática y autoritaria muy difícil de exorcizar.
¿Cómo encaja esto en lo que debemos hacer, en nuestra "propaganda"
y en la cuestión de las juntas obreras o quizá de algo más
amplio? Chomsky: Yo no soy muy bueno para aconsejar. Si pudiera aconsejar
qué hacer, lo estaría haciendo yo mismo. No sé qué
hay que hacer. Pero pienso que plantea usted bien este punto. No querría
dar a entender que la propaganda o los intentos de formar juntas de obreros
son el punto final de la agitación socialista. Pero sí pienso
que es crucial para la gente ser capaz de... Pienso que hay un aspecto central
del autoritarismo que, como usted dice, se interioriza, es el autoritarismo
del trabajo. En este aspecto pienso que gozo de un privilegio. Gente como
nosotros sí controla su propia labor. Hay muy pocas presiones sobre
la misma. Podemos decidir cuándo trabajamos, por qué trabajamos,
cómo trabajamos, qué hacemos. Tenemos responsabilidades, pero
son auto impuestas. Y, si alguien quisiera ser esquirol, no podría.
SIT.: ¿Gente como nosotros? ¿Quiere usted
decir todos Los del ramo del conocimiento? Chomsky: No todos. Esta es una institución de élite.
Me refiero, a los profesores que de alguna manera han hecho carrera en el
M. I. T. Yo no pienso que este tipo de privilegio tenga que ser reducido.
Más bien tendría que ser generalizado. Pero puede muy bien ser
que algunas de las cosas materiales ligadas a ello tuvieran que ser reducidas
en una sociedad justa. B. R.: ¿Pero no está usted hablando de un
retomo a la escasez? Chomsky: No pienso en ningún retorno a la escasez.
Pienso que la gente con mi estándar de vida suele ser terriblemente
despilfarradora, desde el punto de vista de lo que existe potencialmente.
Ahora bien, quizá esto no es exacto. Hay, tal vez, recursos productivos
que no han sido utilizados y que serán descubiertos bajo alguna otra
sociedad. No lo sé. Incluso soy escéptico. A propósito,
pienso que yo y otros nos beneficiaríamos en muchos aspectos con tal
reducción. Examine los hechos obvios. Es casi físicamente imposible
para mí, ir a trabajar sin automóvil. Me tomaría aproximadamente
dos horas ir a trabajar sin automóvil, por el lugar donde prefiero
vivir. Pero es que no hay necesidad de automóvil. Pueden encontrarse
alternativas muy triviales y razonables. Por ejemplo, hay una vía de
ferrocarril que pasa a una milla de mi casa, y se podría poner a funcionar
trenes sobre esa vía. De manera que habría una forma muy sencilla
de reducir mi estándar material, si yo fuera a la ciudad en tren; pero
mi comodidad personal aumentaría enormemente. A este respecto no pretendo
sugerir que la reducción del nivel material signifique necesariamente
menos comodidad física. Muy aparte del factor ideológico o psicológico,
podría significar más comodidad física. B. R.: Lo que usted está diciendo se refleja en
la polaridad de que hablamos anteriormente, entre el tipo de carácter
masoquista y la persona orientada hacia el placer. Pienso que el problema
real no es que debamos asumir ambos porque sean válidos, sino que la
estructura del carácter se fija en uno o en otro polo. En otras palabras,
Reich afirma que el carácter masoquista pondrá toda su energía
en ese lado y lo expresará en trabajo político. Mientras que
alguien que esté orientado hacia la vida y el desarrollo de su propia
sexualidad, de sus propios poderes, será orientado en la otra forma,
pero seguirá teniendo un sentido moral. La Nueva Izquierda sí
pareció tener aquella actitud masoquista. Se expresó tontamente
y tuvo predilección por una organización de tipo autoritario.
Chomsky: ¿A eso le llama usted masoquista? ¿Se
refiere usted a asuntos como el de Weatherman? B. R.: Por ejemplo. Chomsky: Yo no lo vi así. Quiero decir que no estuve
cerca del asunto y no estuve de acuerdo con él, pero la gente que yo
conocí me pareció por lo menos tener una razón fundamental
diferente, que a mi juicio era equivocada. A1 parecer sostenían que
para llegar a las clases obreras, había que acercárseles en
su nivel, específicamente el de la violencia y la destrucción.
Inclusive recuerdo que intelectuales académicos, gente como yo, me
dijeron que si uno quiere actuar seriamente contra la guerra, debe ir a un
bar de la Tercera Avenida e iniciar un pleito, por cualquier motivo, con el
tipo sentado al lado. Tras unos cuantos golpes, el tipo lo toma a uno en serio,
y se puede hablar sobre la guerra. Pienso que ése era más o
menos el meollo de la ideología Weatherman, por lo menos lo que yo
entendí de ella. SIT.: Ese es el problema con la Nueva Izquierda: siempre
se esfuerza en ser como otros, con el fin de traer a algún grupo a
la corriente principal de La vida norteamericana. Es la ética cristiana
del servicio. Chomsky: Por lo que yo pude ver de la actividad en pro de
los derechos civiles de principios de los años sesenta, trataban de
ayudar en la autoorganización de gente pobre y oprimida, y estoy totalmente
en favor de eso. SIT.: ¿Pero con qué objetivos? Chomsky: Ya escogerían los objetivos cuando estuvieran
en posición de elegir. El activista que viene de fuera puede muy bien
tener sus propias ideas, pero su idea principal debe ser encaminarlos hacia
la elección. Y para comparar... SIT.: Pero van a ser totalmente cristianos... Chomsky: Bueno, ¿y qué? Una vez que hayan decidido
establecer cooperativas rurales, o que puedan organizar sus propios sindicatos
y luchar por sus derechos, etc., ¿por qué deberían hacer
elecciones cristianas? Si lo hacen, bueno, ese es el estado de su cultura
y de otros compromisos, y está muy bien. Yo no voy a obligarlos a hacer
otra cosa. Pero lo importante es que el activista de fuera, al igual que el
trabajador por los derechos civiles, estaba actuando acertadamente cuando
trataba de integrarse lo más posible en esas luchas, sufrir con el
pueblo, trabajar con él, ayudar lo más que pudiera y poner su
talento donde resulta valioso; y no tratar de dictar ninguna solución. B.R.: Una de las cosas atractivas de la temprana Nueva
Izquierda, era aquel sentimiento de felicidad, su gran cantidad de actividades
interesantes y divertidas. SIT.: ¿Ah, sí? Pues yo fuí a mitin
tras mitin, sin sentimiento de felicidad. Chomsky: Eso vino a fines de los sesenta. Entre el sesenta
y siete y el sesenta y ocho, todos tenían que ser más marxistas
ortodoxos que el tipo de al lado, y entonces sucedieron cosas extrañas. B.R.: Cuando se empezaron a hacer distinciones ideológicas
muy finas surgió esa conducta, esa actitud La gente comenzó
a ser muy virtuosa, y resultó que el dos por ciento del grupo era el
que estaba en lo correcto. Chomsky: Creo que esto está relacionado con la exposición
que hacen ustedes. Es decir, hubo algunos límites casi inamovibles
respecto a lo que podría lograrse con el primer movimiento. Y los poderosos
fundamentos institucionales de esta sociedad, simplemente no podían
ser trascendidos por un movimiento de ese tipo. A mí me parece que
cuando la Nueva Izquierda se lanzó contra esa situación, cuando
se lanzó contra la evidencia de que, con todo lo que estamos haciendo,
sólo lograríamos que alguna B.R.: El ya desaparecido George Lichtheim dijo una vez:
La historia del marxismo es demasiado importante para ser dejada a las sectas
posleninistas, esas pequeñas y feroces criaturas que se devoran a sí
mismas en una gota de agua . Y esto parece ser particularmente cierto de la
izquierda en los Estados Unidos. Pero al mismo tiempo, parece que el Leninismo
es una especie Chomsky: Antes que nada creo que hay diferentes corrientes
de leninismo. Está el Lenin de 1917, de las Tesis de Abril y de Estado
y Revolución. Y luego está el Lenin que tomó el poder
y actúo con métodos que para mí son irreconocibles, si
los comparamos con, digamos, las doctrinas de Estado y Revolución.
Para un marxista, quizás para Lenin mismo si hubiera mirado hacia atrás,
esto no hubiera sido muy difícil de explicar. Hay una gran diferencia
entre las doctrinas liberales de una persona que trata de asociarse a un masivo
movimiento popular para adquirir el poder, y el autoritarismo de quien ha
tomado el poder y procura consolidarlo. La transición quizá
no sea muy difícil de explicar. De modo que, yo les preguntaría
de qué Lenin están ustedes hablando. Y esto también es
verdad con respecto a Marx. Hay en Marx corrientes encontradas. Pero pienso
que es característico, y desafortunado, el que la lección tomada
de Marx y Lenin para el período posterior fuese la lección autoritario.
Es decir, fue el Lenin autoritario el que persistió, el que se concentró
en la conquista del poder estatal por el partido de vanguardia y en la destrucción
de todas las tribunas populares en interés de las masas. Ese es el
Lenin que conocerían las generaciones posteriores. Y una vez más,
esto no era demasiado sorprendente, porque eso es lo que realmente era en
la práctica el B.R.: Para construir en este país un movimiento,
alrededor de ideas socialistas liberales, ¿piensa usted que es útil
seguir utilizando la palabra anarquismo? ¿Piensa usted que tiene un
valor histórico, o que deberíamos ser más específicos
y hablar de asamblea comunista o socialismo liberal? Chomsky: Pienso que tiene un valor que es una parte muy significativa
de todo el amplio movimiento anarquista, de todas las diversas variantes socialistas
del mismo, ya sea el anarquismo comunista o el anarcosindicalismo, que se
relacionaban con la organización de una sociedad compleja basada en
la igualdad y la solidaridad. Hay otra corriente del anarquismo que no le
da peso a nociones como igualdad, solidaridad, etc. Esta es el ala derecha
del anarquismo; y es, hasta donde la conozco, una forma extrema de autoritarismo.
Es obvio que, siguiendo las formulaciones de, por ejemplo, Murray Rothbard,
se llegaría a tales desigualdades de poder, que sería como vivir
bajo Gengis Khan, o algo por el estilo. Aun cuando todos serían técnicamente
libres, ésa sería la libertad para hacer contratos con la persona
que tuviera todo el poder, que fuera dueña de la policía, etc.
En mi opinión, ese modo de pensar tiene que ser deseado. Pero no creo
que se deba abandonar la noción de anarquismo porque haya una extraña
periferia que también la utiliza. B.R.: Tal como usted no abandonaría el marxismo. Chomsky: Sí, tal como yo no abandonaría el marxismo.
Después de todo, no estarnos interesados en hacer héroes y en
identificarnos con ellos, sino en encontrar lo que sigue siendo válido
en diversas ideas, conceptos y acciones del pasado. B.R.: Para volver al leninismo, ¿qué hay
de los problemas de por ejemplo, Vietnam, o China, o los movimientos del Tercer
Mundo en general? Hay un verdadero desacuerdo entre anarquistas sobre la cuestión
del N. L. F. (Frente Nacional de Liberación) y el valor de dichos movimientos
en general SIT.: ¿Puedo cambiar un poco los términos?
¿Aplicaría usted el mismo paradigma a, digamos, la respuesta
de los partidos comunistas de Europa occidental y (en alguna medida) el Partido
Comunista Norteamericano, y la manera como, pusieron como ídolo, modelo
y prueba a la revolución bolchevique? ¿Piensa usted que se podría
aplicar lo mismo a las corrientes Chomsky: Pienso que es similar, excepto que menos pernicioso
sólo por razones accidentales, es decir, porque el impacto de la ideología
socialista occidental es mucho menor, en parte porque ya no existe, y sí
existía entonces. Es ese respecto es menos pernicioso. Pero básicamente
es el mismo error. Digamos que un error muy similar. Yo no consideraría
a los movimientos revolucionarios del Tercer Mundo como socialistas en ningún
sentido. Todavía pienso que pueden ser tratados con simpatía,
y que se debe alentar su apoyo, pero eso es un asunto diferente. Yo sí
seguí las posiciones de Solidarity sobre el N. L. F., y ése
es el asunto con el que yo realmente no estaba de acuerdo, y muy seriamente.
En realidad, estaba virtualmente de acuerdo con todo lo demás. Ellos
estaban en lo correcto, aunque no fueran pertinentes, al señalar que
Vietnam del Norte SIT.: Estoy de acuerdo en eso en su mayor parte, excepto
que parece que la forma en que la izquierda en general, el movimiento antiguerra,
quería presentar o manejar las cosas en favor del N. L. F. Y de los
norvietnamitas, apoyándose en gran medida en la idea de que éstos
creaban una revolución, una revolución socialista. Con ello,
los de la izquierda radical propiciaban una situación como la de después
de la revolución bolchevique, una situación que condujo al apoyo
del socialismo en un solo país, etc. Chomsky: Creo que la actitud correcta para con la revolución
bolchevique fue la que tomó Bertrand Russell. Dijo que estaba bastante
podrida. Pero también dijo que era SIT.: Sí usted va a ser moralista, parece realmente
duro mantener más de una idea en la cabeza a la vez... Sí se
va a azotar a la gente con frenesí para que haga algo, tiene que ser
en dirección de algo. Básicamente se tiene una tendencia hacía
el maniqueísmo, ¿no es cierto? Chomsky: Pero todo es algo totalmente aparte de la oposición
a la guerra norteamericana. Pienso que está fuera, en una dimensión
diferente. A mí me parece que fue siempre un error del movimiento antiguerra
tomar la posición de estar por el N. L. F., o por Vietnam del Norte,
o por lo que sea. Por lo que deberían haber estado es por que se sacaran
de allí las sangrientas manos del imperialismo occidental. Lo demás,
ya sería problema de los vietnamitas. Pero éste es un asunto
complicado. Si se examina verdaderamente a Vietnam del Norte, o digamos el
Pathet Lao en Laos (y yo sí traté de saber algo acerca de ello)
se ve que se ha comprometido muchísimo con el bienestar social. Allí
hay algo como una versión de democracia local. Es muy difícil
de saber qué versión, pero sin embargo la hay. Hay algún
tipo de participación en el nivel de la planificación, en el
nivel local. Pero todo eso se encaja dentro de una estructura fantásticamente
autoritaria. Un control total desde arriba, con muy poco campo de acción
para el libre acceso a la información. Esto yo lo sospecho, a pesar
de que no lo podría decir con seguridad. Y los elementos de democracia
o de control popular probablemente sólo funcionan a través del
aparato del partido comunista. Claro que esto, en sí mismo, es una
cosa tramposa. Porque la estructura del partido comunista se extiende desde
el comité central hasta las células y fábricas, y por
lo poco que yo pude deducir, pienso que hay allí probablemente algún
acceso al control, etc., a través de la estructura, pero naturalmente
se está muy lejos del control por los trabajadores. Pienso que lo que
hay que hacer es comprender en qué consisten dichas sociedades, simpatizar
con lo que es bueno, criticar lo que es malo, ofrecer alternativas, etc. En
realidad, me interesó ver que ellos están en cierto modo abiertos
a esto. Por ejemplo, tuve una entrevista con Pham Van Dong, quien había
leído El poder norteamericano y los nuevos mandarines en la traducción
francesa, y su primera observación fue que la obra era demasiado anarquista...
Tuvimos algunas discusiones sobre el punto. Estoy seguro de que no lo convencí,
como él no me convenció a mí. Sin embargo, percibió
inmediatamente que se trataba de una especie de crítica anarquista
al comunismo, entre otras cosas, y pienso que si se tiene algún respeto
por esa gente, se debe ser muy sencillo y claro en la crítica sobre
ellos, se debe tratar, si se puede, de discutir con ellos. SIT.: Pienso que usted pudo haber jugado inadvertidamente
contra usted mismo, a pesar de que, como sabe, tanto los capitalistas como
los capitalistas de Estado, en su juego de ajedrez global, han tratado de
representar un mundo en el que sólo hay dos opciones, sin tercera fuerza.
Hicieron esto en la Guerra Civil Española. Lo hicieron en gran medida
en Hungría. Quiero Chomsky: Yo recibo muchas cartas sobre el particular. Aquí
mismo tengo una. Es una típica respuesta de esa clase. Dice: ¿Es
usted un comunista con carnet o simplemente un simpatizante? , o algo así...
Quién que no fuera usted podría decir todas esas cosas malas
sobre el presidente Nixon. es realmente muy duro romper con una suposición
ideológica dada, del tipo de o está usted con nosotros, o con
los rusos . No importa cómo se diga, no importa cuánto se haga
al respecto, a mucha gente le cuesta ver que haya otra posibilidad. SIT.: ¿Mencionó usted alguna vez precisamente
a las asambleas? B.R.: Naturalmente, en Notes on Anarchism. Chomsky: Claro, y en El poder norteamericano y Los nuevos
mandarines uno de los grandes temas de discusión era el anarquismo
español. Una de las principales razones que yo trataba de establecer
allí era que el bolchevismo y el liberalismo norteamericano son básicamente
manifestaciones de la misma cosa. Eso era algo abstracto y no creo que mucha
gente supiera de lo que yo decía. Probablemente no lo hice bien, pero
yo no estaba de ninguna manera solo en eso. Mucha gente estaba Intentando
lo mismo. Pero es difícil combatir la suposición dominante de
que o se es comunista, lo que significa apologista de los rusos, o se es partidario
del imperialismo norteamericano. Había una crítica más
válida, la de que la Nueva Izquierda sí idealizó de modo
bastante tonto a Cuba, China y Vietnam en particular. He visto a gente que
regresaba de Vietnam diciendo cómo los vietnamitas eran todo amor y
ridiculeces por el estilo. B.R.: Usted siempre argumentó, inclusive en su último
libro, que el N. L. F. era independiente, no un títere de China, o
de la U. R. S. S., o de cualquier otro. El año pasado, usted argumentó
que el convenio que Kissinger firmó era, esencialmente, el programa
del enemigo. En vista del vagabundeo mundial de Kissinger, y de lo que todos
dicen con relación a una solución fraguada por las superpotencias
y con la presión de China y Rusia sobre la República Democrática
de Vietnam para frustrar cualquier ofensiva desatada por el N. L. F., ¿es
todavía posible,después del Tet, decir que el N. L. F. es una
fuerza independiente, y que la República Democrática de Vietnam
es independiente, ya sea de China o de la Unión Soviética? Chomsky: No creo que el vagabundeo mundial de Kissinger, o
sus planes globales, hayan tenido realmente ningún efecto sobre lo
que pasó en Vietnam, aunque lo intentó. Por diversas razones:
principalmente, porque ni los rusos ni los chinos estuvieron nunca muy entusiasmados
con el comunismo vietnamita, y no necesitaban a Kissinger para que los hiciera
menos entusiastas de lo que probablemente ya estaban dispuestos a ser. B.R.: ¿Por qué piensa usted que fue así? Chomsky: En el caso de China, en parte porque pienso que China
no quiere ver junto a sus fronteras sociedades independientes y fuertes. Y
una Indochina bajo el comunismo, dominada por los vietnamitas, bueno, representaría
una fuerza importante y muy independiente, que no tendría utilidad
para China y que seguiría su propio camino. Y los chinos no están
interesados en eso. Es, más o menos, la misma razón por la que
Stalin se opuso a los comunistas griegos: no quería ver una federación
comunista balcánica. Esta es, básicamente, política de
gran potencia. No importaba si eran comunistas, fascistas, o cualquier otra
cosa, si eran fuertes, independientes y con apoyo popular. Por lo que se refiere
a los rusos, pienso que están aterrorizados en parte por los elementos
liberales del comunismo indochino que están allí a pesar del
autoritarismo. Este tipo de cosas asusta a los rusos, y por razones obvias.
Muy aparte de esto, los rusos son muy racistas, y pienso que en esa actitud
hay implícita una gran cantidad de odio racial. Pero el punto principal,
por lo que se refiere a los rusos, es que su política internacional
siempre consistió en buscar lo que ellos llaman detente , y eso significa
subordinación a los Estados Unidos. Lo que quieren, por lo que yo veo,
es ser aceptados dentro del sistema norteamericano como una especie de socio
junior : ellos hacen su trabajo, nosotros no los molestamos, etc. Por eso,
el apoyo al nacionalismo vietnamita es inconsistente. No podían negarse
a darlo, porque entonces hubieran perdido toda la B.R.: ¿Qué piensa usted de una decisión
como esa? Chomsky: ¿Dice usted por parte de los Estados Unidos? B.R.: Sí, en términos de la estrategia que
se expresaría así: Lo que queremos esforzar al N. L. F. a una
estrecha asociación con el norte, a fin de desacreditarlos Chomsky: Sí, esto es duro de decir. Supongo que la
gente más sutil tenía conciencia de ello. Los escritores mercenarios
habituales hicieron probablemente ese trabajo en una especie de forma refleja.
Se creyeron probablemente su propia propaganda. Es decir, desde el comienzo
la propaganda consistió en hablar de agentes del norte. Y los del tipo
Bundy probablemente la creyeron, y actuaron de acuerdo con ella. Pero, alguna
gente debe haber sabido lo que estaba pasando, bajo la superficie. Tomen a
alguien como Robert Perlman, el tipo que dirigió los programas de pacificación,
que es un verdadero tecnócrata, es decir, un verdadero tecnócrata
brutal y que lo dijo muy abiertamente: Vean, ninguno de nuestros programas
es muy efectivo, pero los vamos a triturar por simples peso y masa , o algo
por el estilo... Y esa es la cosa. B.R.: ¿Cuánta influencia tienen sobre la
política tipos como Pool, que defendió cosas semejantes: la
destrucción del campo, bombardeos de saturación, campos concentracionarios? Chomsky: Eso es verdaderamente difícil de saber. Sospecho
que toda esa gente como Pool, Huntington y el resto, eran apenas ideólogos
periféricos; gente que, más o menos, veía lo que pasaba
y trataba de dorar un poco la píldora. B.R.: Por ejemplo, los de un instituto de investigación
como el Center for International Studies , ¿son ideólogos para
dorar la píldora, o efectivamente tienen una influencia sobre la política? Chomsky: Es difícil de juzgar, pero yo no puedo creer
que esa gente haya tenido nunca mucho que ver con nada. Querían hacerlo,
creo, pero dudo de que lo hayan logrado. No creo que Huntington entienda,
ni siquiera hoy, por qué la gente se molestó tanto por lo que
escribió. Yo, por ejemplo, probablemente su crítico principal,
simplemente dije: Vean lo que el tipo está diciendo , y cité
largos pasajes. Y él no entendió, y dijo: Bueno, ¿y qué?
, es decir, ¿por qué tanto escándalo con esto, qué
es lo que no va? B.R.: Ha habido mucha relación entre la universidad
y los militares. Kissinger fue sacado de Harvard, y ahí estaba esa
cosa, la Foreign Affairs Association , a la que pertenecía mucha gente
universitaria, que aparentemente sí estuvo relacionada con el gobierno.
¿Actúa Nixon en forma independiente de la intelligentsia liberal
del Noreste, o simplemente la descarta? Chomsky: No, pienso que hay una especie de sistema de filtro,
a pesar de que una parte muy sustancial de la intelligentsia liberal, aspira
al empleo gubernamental. Son nuestros bolcheviques. Pero, naturalmente, sólo
se colocan los que tienen la ideología y los compromisos adecuados.
Cuando Kennedy busca a un historiador para adornar su administración
escoge a Arthur Schlesinger y no a Barrington Moore. Porque aquél dice
las cosas adecuadas, cree en las cosas adecuadas. Así es el negocio.
Lo mismo B.R.: Parece ser un hábil tecnócrata, un
yes-man. Chomsky: Se las arregla para articular y formular políticas
que representan, en gran parte, los intereses de los grupos de la clase dirigente,
y por eso éstos lo convierten en un manipulador. B.R.: Entonces el problema está en cómo se
hace la política. Porque Vietnam y Watergate han sacado a la luz una
cantidad de cosas, y está toda esa imagen del cowboy yanqui y todo
lo demás. ¿Cómo piensa usted que se toman las decisiones?
Es decir, se toman claramente para fortalecer al sistema capitalista, pero
también parece haber competencia, y yo no puedo aceptar el mecánico
punto de vista leninista de que el Estado es simplemente el comité
ejecutivo de la clase capitalista. Chomsky: Algo hay de eso. B.R.: Sí, pero debe ser más conflictivo. Chomsky: Debe ser, porque la clase dirigente misma tiene conflictos
internos y, hay una especie de dinámica que condujo a que la Interstate
Commerce Commission fuera adquirida por los ferrocarriles. Aquellos elementos
de la clase dirigente, que tienen intereses particulares en una u otra esfera
de la actividad gubernamental, tenderán probablemente a dominarla.
Lo que hagan, podrá estar en conflicto con los intereses de clase de
otros, pero los otros no se preocupan tanto y lo dejan pasar. Y pienso que,
en gran parte, lo mismo sucede con la política exterior. Hay algunos
elementos de la clase dirigente, es decir, los abogados corporativos, que
tratan con corporaciones multinacionales y, por lo tanto, representan un tipo
de interés general, en una economía libre, internacional, global,
y esas cosas. Estas son las gentes que trataron, y tuvieron éxito en
ello, de tomar posiciones donde se toman decisiones, en el sistema político
del extranjero, exactamente en la misma forma en que los ferrocarriles B.R.: Pensé que era importante, porque si usted
ve al Estado simplemente como un órgano de clase, entonces la dictadura
del proletariado como un órgano de clase se hace factible, pero sí
usted ve que, particularmente en la sociedad moderna, el gobierno es el treinta
por ciento de la economía, la más grande corporación
y el mayor empleador, etc., entonces algo es aquí Chomsky: Sí, tiene sus propios intereses independientes,
y creo que por ejemplo, es posible verlo en alguna medida en algunas directivas
particulares que toma el capitalismo de Estado. Parte del ímpetu del
capitalismo de Estado hacia la militarización tiene que ver con intereses
especiales que se han desarrollado dentro de ese sector mismo; y precisamente
han logrado obtener mucho poder de decisión. En esto, Seymour Melman,
a pesar de que no acepto completamente su análisis, me parece que ha B.R.: Corren muchos comentarios sobre un golpe militar,
el fascismo, etc... Parece que, a pesar de que los militares tienen tremendas
ligas con la industria de la defensa y otras, en realidad podrían tener
intereses propios, un interés ideológico o lo que sea, que pudiera
coincidir con ciertos segmentos de la clase dirigente. Pero uno sospecha,
al ver en operación al fascismo, que hay dentro de él elementos
independientes que pueden dominar las actividades, y que en realidad no son
necesariamente elementos comerciales. Chomsky: Pueden, pero yo pienso que los antecedentes apoyan
muy bien el punto de vista de que el fascismo es el último recurso
de las clases dirigentes cuando ya no pueden mantener de otra forma sus privilegios.
Y ésa es la razón por la cual yo no esperaría que eso
sucediera en los Estados Unidos, por lo menos en un plazo breve. SIT.: Usted percibe los peligros de considerar al fascismo
en términos estrechos. Es decir, toda la mass psychology, de Reich,
era un intento de señalarles a los leninoides de esa época que
encasillar al fascismo en esos términos era demasiado fácil.
0 sea que ello tiene que ver con una estructura autoritaria del carácter,
con gente criada desde la infancia en familias dominadas por el padre, la
Iglesia, la totalidad del complejo de instituciones que preparan a la vida
adulta. Es decir, la conciencia de la gente, los motivos de cálculo,
el hombre económico, y el subconsciente del pueblo. ¿Entonces
qué papel tenían las bandas en marcha y todo el llamado machista,
que hacía que la gente tuviera orgasmos colectivos en las reuniones
de Nuremberg? Obviamente, la cosa iba hacia algo más profundo en la
psique del pueblo. Chomsky: Sí, no estoy en desacuerdo con eso, pero estos
mismos factores de estructura de la personalidad, estructura de la familia,
etc., son igualmente verdaderos en los períodos prefascistas. Y yo
creo que es correcto decir que son factores que pueden ser fácilmente
explotados por una organización fascista, o por una llamada organización
comunista, o por cualquier organización tendiente a movilizar a las
masas. En realidad, en cierta medida, toda la mística de Kennedy apelaba,
en un nivel más bajo, a ese tipo de cosas, y había elementos
de ello en el New Dwal. Pero, el problema, ¿cuándo recurrirá
la clase dirigente a tales métodos, cuándo tratarán de
hacer un llamamiento semejante, a esas corrientes del autoritarismo en la
familia y en la personalidad? En rasgos generales, pienso que lo harán
cuando ello constituya el último recurso para la preservación
de sus privilegios. Y que hay para ello una buena razón que tiene que
ver con la naturaleza del capitalismo como tal. Es cierto que nosotros no
tenemos realmente un capitalismo, sino una variante de él. Pero en
su forma ideal, a la que nos aproximamos en cierta medida, el capitalismo
es básicamente un sistema donde todo está a la venta, y más
se puede obtener cuanto más dinero se tenga. En B.R.: Esto presenta la cuestión de cuál debería
ser la actitud anarquista hacia una forma transicional, y de cuán profundamente
debería entrar en la política, porque es muy tramposo, en este
país, distinguir entre genuinas descentralizaciones de poder, que presumiblemente
nosotros apoyaríamos, y descentralizaciones de poder que simplemente
hacen más poderosa y eficiente en su represión a la estructura
total Chomsky: Sí, este es un problema muy serio y ustedes
deben enfrentarlo concretamente en cada circunstancia. Ahora mismo, el caso
del impeachtment viene a cuento. B.R.: Es cierto. Chomsky: Yo soy muy escéptico con respecto al compromiso
radical en cualquiera de estas cosas del impeachment. Me parece que tienden
a contribuir a la mistificación de la presidencia. Ustedes están
en lo cierto, cuando dicen que Nixon es un bandido y un hijo de puta, y que
hay que echarlo. Pero que la izquierda contribuya a la creencia de que eso
va a traer cambios sustanciales, es simplemente añadir argumentos a
la creencia de que el presidente es alguna especie de Dios o Rey, y que sólo
necesitamos tener al dios adecuado. Algunas de las cosas que surgieron son
realmente graves. Por ejemplo, recibí una cosa del Emergency Civil
Liberties Committee , que es realmente una buena partida de gente, la gente
que se encarga de todos los casos difíciles que la A. C. L. U. (Unión
Americana de Libertades Civiles) no tocaría, etc. Pero ellos tenían
esa petición y, bueno, yo generalmente firmo todo lo que viene, pero
eso era tan malo que yo simplemente no pude firmarlo. Decía que debíamos
hacerle enjuiciar políticamente al presidente, porque esa es la única
manera de restaurar la dignidad de la presidencia y de reconstruir nuestro
honor nacional. Esa posición contribuía a la peor clase de creencias,
es decir, a las razones por las cuales la élite corporativa inteligente
quiere librarse de Nixon: porque ha manchado esas razones, precisamente. Es
difícil reverenciar a un presidente cuando este roba a todo el mundo
para construir algo en San Clemente. Si quieren sacar a ese tipo de allí,
es porque está perjudicando a la ideología. B.R.: ¿Cómo ve usted, entonces, el proceso
de descentralización? ¿Tiene usted una perspectiva del mismo?
¿Es apocalíptico, gradual? Chomsky: En principio, es verdad que ustedes tienen que construir
de alguna forma las organizaciones del futuro en la sociedad presente. La
gente tiene que tener un cuadro de cómo manejará a su comunidad,
o industria, o lo que sea, y tiene que luchar para hacerlo, en la medida que
pueda. Al mismo tiempo, supongo que, en un cierto punto, la clase dirigente
simplemente contestará con la fuerza, y como tiene que haber una defensa
contra esa fuerza, eso probablemente signifique revolución violenta.
No me B.R.: Usted incluyó un capítulo sobre los
límites de la desobediencia civil en su último libro, For Reasons
of State. ¿Piensa que nosotros tenemos que ir definitivamente más
allá de ese tipo de cosas? Chomsky: Allí hablaba de los Berrigan. Yo pienso que
lo que hacen es verdaderamente importante y les tengo mucho respeto, pero
esa acción tiene una significación social muy estrecha. Es precisamente
útil en un caso como el de la guerra de Vietnam, cuando hay un tipo
de intereses de la clase dirigente que serán llevados adelante si los
costos no son muy elevados en casa, y cuando una gran parte de la población
encuentra que eso no está bien. En esa combinación de circunstancias,
la desobediencia civil puede ser efectiva. Puede ser una manera de movilizar
a esa gran parte de la población que ve que no está bien elevar
el costo; movilizarla hasta un punto en que los dirigentes de la sociedad
decidan que ya no vale la pena. Esto es útil, muy valiente, y lo apoyo
por completo, pero no tiene virtualmente nada que ver con el cambio social,
según yo lo entiendo. B.R.: ¿Quiere usted hacer algunas sugerencias, con
respecto a la organización necesaria, o comentarios sobre qué
tipos de estratega podrían resistir efectivamente al moderno estado
policíaco tecnológico, que hasta el momento parece haber resistido
a todos los ataques? Chomsky: Las técnicas de vigilancia y de control que
se están desarrollando, son una cosa muy seria. Creo que nosotros simplemente
tenemos que intentar organizar a la gente en grupos para que destrocen las
cámaras pesquisitivas de televisión, y organizar a los técnicos
para que interrumpan ese mecanismo. Alguien me contó un artículo
de la National Review, escrito por un tipo llamado Miles Copeland, que era,
quizá todavía es, agente de la C. I. A. El artículo trataba
de la vigilancia doméstica y de qué amplitud está tomando.
Aparentemente, James Buckley introdujo una especie de proyecto de ley que
proponía una categoría especial de gente a la que se le permitiera
obtener informaciones de cualquier fuente, y dado que estas personas son muy
respetables, podríamos estar seguros de que no harían nada malo
con tal información , etc. B.R.: Sorprende la poca resistencia popular que ha habido
contra esto. Chomsky: No hay mucha conciencia de ello. En realidad, el
tipo de conciencia que se está formando nace de los lugares más
curiosos. Muchos periódicos de izquierda, reciben cartas de presidiarios,
cartas realmente interesantes sobre la situación que hay en las prisiones.
De allí es de donde se debería esperar eso en primer lugar,
en instituciones de control total, como prisiones y escuelas. Allí
es donde se ve en primer lugar la modificación de la conducta... las
drogas. B.R.: Los electrodos en el cerebro... Chomsky: La psico-cirugía... A proposito, vamos a tener
una gran reunión aquí el viernes, para tratar por lo menos de
obtener alguna información sobre este tipo de cosas, y ver si no hay
algo que pueda hacer esta clase de gente técnicamente orientada, simplemente
como un servicio, como una defensa de las comunidades contra este tipo de B.R.: Oí decir que el M. I. T. está transmitiendo
uno de los proyectos de construcción de esta zona con cable de televisión
libre de cargo. No puedo imaginar cómo pueden llegar a tales extremos
de generosidad. Chomsky: Circuló una historia, con respecto a que los
cables de televisión tienen una capacidad de dos vías. B.R.: Tienen posibilidades de control por encima de la
vigilancia. Permiten una programación mucho más selectiva en
términos de propaganda. Se puede diseñar un conjunto de programación
para proyectos de construcción, otro para los barrios suburbanos, especializando
y refinando con ello la entrada de la propaganda. Chomsky: Conozco a mucha gente de la izquierda interesada
en los medios de comunicación que creía que había un
gran número de oportunidades en ese asunto del cable de televisión.
Pero resultaría tan voraz... B.R.: Me parece que lo que sucede es que el llamado acceso
libre, o acceso abierto, empieza a ser reconocido como un dispositivo ilusorio
de relaciones públicas, utilizado por las corporaciones cablegráficas
para obtener franquicias en pueblos y comunidades. Dado que los grupos de
comunidad en realidad no poseen u operan los sistemas de televisión,
tan pronto como presentan alguna controversia, se les posterga. Chomsky: ¿Quién maneja este asunto? ¿Es
algo corporativo? B.R.: Los F. C. C. (Comisión Federal de Comunicaciones)
han diseñado ciertas reglas de libre acceso, pero son muy vagas, ahora
mismo, se encuentran en la ciudad de Nueva York, en proceso de definición,
y en su mayor parte se Las define en términos restrictivos. Por lo
que se refiere a propiedad al control último, y control probable por
parte de los F. C. C., se trata básicamente de la misma gente que posee
todo lo demás: Sylvania, Hughes Aircraft, y AT & T. Todos están
muy metidos en la industria del cable. Pienso que una cantidad de grupos radícales
que trataron de obtener cable de televisión cuando apareció
por primera vez, tuvieron hacia él una actitud de manipulación,
encarándolo en términos tradicionales de estructura del poder,
como una oportunidad de darte una apariencia vistosa y engañosa a la
revolución, o para hacerse publicidad. B.R.: ¿Podría hacer una pregunta filosófica?
Me pregunto por qué simpatiza usted mucho más con el determinismo
económico de Marx, que digamos, con la teoría conductista de
Skinner, que es otra forma de determinismo. Chomsky: Yo no leo a Marx como un determinista económico.
Él explicaba cómo los modelos de elección están
influidos por intereses materiales y por otros intereses definidos en términos
de clase; hablaba de la significación de las relaciones de producción
en la definición de las clases, y cuáles deberían ser.
Y todo eso estaba bien. Marx identificaba factores cruciales que tienen un
papel en la acción social, en una sociedad de clases, pero esto no
necesariamente es determinista. Ahora, en cuanto a Skinner, simplemente pienso
que se trata de un fraude, que está vacío. Aunque es un fraude
interesante. Hay aquí dos niveles de discusión. Uno es puramente
intelectual: ¿A qué altura llega? Y la respuesta es cero, zitch...
Es decir, no hay allí más que principios triviales, si hay principios.
B.R.: En Skinner, no en Marx. Chomsky: Sí, en Skinner. Ahora la otra cuestión
es, ¿por qué tanto interés en ello? Y aquí me
parece que la respuesta es obvia. Es decir, la metodología que sugieren
es conocida de todo buen guardia de prisión o interrogador policíaco.
Pero, ellos la hacen aparecer benigna y científica, etc.; en cierta
manera, doran un poco la píldora, y por dicha razón es muy valiosa
para ellos. Yo pienso que estas dos cosas tienen que denunciarse. Usted se
pregunta: ¿esto es ciencia? No, es un fraude. Y entonces se pregunta
¿qué interés hay en ello? Respuesta: el interés
está en que le dice a cualquier carcelero de un campo de concentración
que puede obedecer a sus instintos y al mismo tiempo pretender que es un científico.
Y que eso es bueno, porque la ciencia es buena, o neutral, etc. Lo que sí
proporciona, es una especie de manto de neutralidad a la opresión y
al control; el mismo tipo de manto con el que la intelligentsia liberal cubrió
la dominación imperialista. Trataron de hacerlo parecer como una especie
de ejercicio de pragmatismo, y de resolución de problemas, y por tanto
perfectamente neutral. En realidad, es interesante... Yo he citado decenas
de veces observaciones de algunos de esos especialistas de la contrainsurgencia,
que pretenden decir: Miren, es como la física; ciertas entradas, ciertas
salidas. Totalmente neutral desde el punto de vista ético. Simplemente,
es cosa de resolver algunos problemas. Solamente alguna clase de moralista
loco se preocuparía por ello . Bueno, esa es la contribución
conductista: tomar las técnicas estándar de control, opresión
y coerción, y tratar de hacerlas desaparecer , de aislarlas de la crítica
y del conocimiento, mediante su asimilación y la ciencia. Eso no tiene
nada que ver con Marx. B.R.: Siento que hay quizá una analogía entre
decir que una clase de gente hará ciertas cosas bajo ciertas condiciones
económicas, como por ejemplo sí la clase dirigente se ve realmente
amenazada, hará uso de la violencia para defenderse, y la afición
de Skinner de que sí se utilizan ciertos aparatos de reforzamiento
de la conducta, un individuo está obligado a... Chomsky: Es eso de está obligado a lo que resulta significativo.
Si usted dice tiende a , entonces naturalmente es cierto. Es decir, usted
puede muy bien generalizar sobre lo B.R.: Pero eso no es una ley. Chomsky: Exacto, en primer lugar no es una ley, uno tiene
en ello un control individual. Y no hay necesidad de acudir a los científicos
para descubrir nada sobre los principios mismos de la tendencia.. B.R.: Pero ¿diría usted que en ciertas situaciones,
la clase dirigente podría, digamos por razones morales, hacer donación
voluntaria de sus privilegios? Chomsky: Eso es concebible, pero no pienso que haya ninguna
razón para creer que tal cosa sucederá. Marx mismo especuló
con esa posibilidad en Inglaterra. Y podría ser; imagino que un país
como Suecia, por ejemplo, que es una especie de chistosa mezcla de cosas (y
no es que sepa mucho sobre Suecia), si no fuera por presiones exteriores,
el deterioro dirigente, podría llegar a un punto en que simplemente
no tendría defensa efectiva, ya fuera física o moral. Es decir,
tendrían que convencerse a sí mismos de que era justo lo que
hacían. Poca gente puede actuar si no se convence de ello. Naturalmente,
no sucedería en Suecia porque sería conquistada, o algo así.
Pero aparte de eso, tal caso hipotético describe una evolución,
una especie de deterioro moral, de deterioro del poder, por parte de los grupos
de la clase dirigente, que podría hacerlos renunciar, o negarse a luchar
por sus privilegios, o algo por el estilo. B.R.: Usted escribió mucho sobre la mentalidad tecnócrata
de los planificadores de Vietnam, etc., que siempre están trabajando
dentro de ciertos esquemas, que no cuestionan nunca. ¿Cómo podría
encajar esto en la tendencia de Occidente, o por lo menos de la sociedad anglonorteamericana,
hacía el positivismo? Es decir, puedo ver cómo, por ejemplo,
los soviéticos y los alemanes pudieron usar el hegelismo. Pero parece
que en Occidente hay una tendencia positivista, que tiende a excluir toda
moral como pura subjetividad. ¿Cómo puede encajar esto en esa
mentalidad? Chomsky: El positivismo no tiene nada que ver con la ciencia
o algo similar; tiene que ver con el capitalismo. Tiene que ver con la resolución
de problemas técnicos en interés de quien quiera que plantee
tales problemas, y determine cuáles son las soluciones adecuadas. No
hay nada equivocado en esto. Si, supongamos, tuviéramos una comunidad
que controlara sus propias organizaciones o industrias locales, o lo que fuera,
y quisiera que un cierto tipo de problema se resolviera bien, el problema
en cuestión sería resuelto de la manera que llenara mejor tales
condiciones. La utilidad ideológica de este tipo de pragmatismo fue
contribuir a la creencia de que no hay en ello nada ideológico, de
que es simplemente neutral y científico, que no refleja ni B.R.: Este es un problema que siempre me fascinó.
Es decir, que la filosofía puede definir mucho, y limitar una cantidad
de elecciones. Yo no estoy seguro de que exista una filosofía revolucionaria,
pero no logro ver que algo progresista, cualquier tipo de cosa liberal sucia
del positivismo. Simplemente, me parece que las excluye totalmente. Toda la
cosa de que las elecciones morales son puramente subjetivas. Chomsky: Bueno, no estoy seguro de ello. B.R.: Gran parte de la mentalidad de The Backroom Boys
, etc., parecía reflejar esto. Chomsky: No creo que sea leal echarle la culpa a los positivistas.
Estos eran, en su mayor parte, más o menos liberales y socialistas,
es decir, que sentían que era posible, mediante la aplicación
de la razón, alcanzar metas humanamente deseables. Tomemos a alguien
como Bertrand Russell. Siempre estuvo de acuerdo, básicamente, con
Hume, en el sentido de que la razón es la esclava de la pasión,
es decir, sólo se tiene que decidir qué tipo de cosas se quiere,
por la razón que sea, y se usa la inteligencia para tratar de lograrlas.
0 a Rudolf Carnap, que era un positivista par excellence, y que sin embargo
era un valiente liberal y luchador por los derechos civiles, y fue de los
primeros en oponerse a la guerra de Vietnam. Y tal actitud es perfectamente
coherente con su creencia de que no se puede dar una justificación
científica a los juicios de valor, que muy bien puede ser verdad. El
hecho es que tipos como los del estilo de Bundy, más tarde hicieron
uso de ese esquema y de esa terminología, y los distorsionaron para
convertirlos en un instrumento de dominio de clase, y esto ya es otra cosa. B.R.: Yo no me refería a personas, sino más
bien a una tendencia del pensamiento. Chomsky: Bueno, en la medida en que tiende a poner de lado
los juicios de valor, o cuestiones de elecciones y de dónde vienen,
etc., el positivismo puede tener un efecto muy reaccionario. Pero eso no es
inherente al positivismo; es inherente a una distorsión del mismo. B.R.: El anarquismo es criticado a menudo por ser utópico
e incapaz de manejar situaciones prácticas complicadas. Una de las
situaciones más complejas de la actualidad es la del Medio Oriente. Chomsky: Pienso que ése es un ejemplo perfecto de la
utilidad del anarquismo. Lo que hay en el Medio Oriente es un ejemplo casi
clásico del absurdo total de un pueblo que se organiza en sistemas
de Estado. Es decir, ¿qué ganan los judíos de Israel,
como seres humanos, con identificarse como el grupo dirigente en un Estado
judío? El único efecto de tal decisión es destructivo
para ellos mismos. Examinemos el surgimiento de todo el control teocrático
en Israel. Eso no tiene, en lo absoluto, nada que ver con las raíces
del judaísmo, nunca existió. Es el reflejo del establecimiento
de un sistema de Estado. Y para la gente del país es terriblemente
opresivo. Muchos de ellos no son religiosos; no quieren ningún tipo
de tontería semejante. Pero están unidos a ello, desde el momento
en que insisten en que haya un sistema de Estado que se distinga de alguna
forma de todos los demás. Bueno, ¿en qué manera se distingue?
Por una especie de ideología que tiene que ser creada. Obviamente,
va a ser teocrática. Y esto B.R.: ¿Tiene usted un proyecto para una solución
liberal? Chomsky: Sí, pienso que allí la única
solución, tiene que ser desarrollar un interés común
a judíos y árabes que trascendiera al conflicto nacional. Y
tal interés común existe; por ejemplo, construir una sociedad
socialista liberal. Si se quieren identificar nacionalmente en ese tipo de
sociedad, muy bien. Yo no veo mucho interés en ello, pero si eso es
lo que la gente quiere, muy bien, esa es su elección. No hay razón
por la cual no se pueda tener instituciones nacionales, inclusive que existan
lado a lado, y que la gente escoja identificarse de una u otra manera, si
eso es lo que el pueblo quiere. Y también tendría que dejar
una opción para gente que no lo quisiera, que no quisiera ser parte
de uno u otro de aquellos sistemas. Y esto es perfectamente factible, es decir,
se podría hacer. Me parece que realmente la única esperanza
para los pueblos de esa región es ser capaces de construir ese tipo
de compromiso socialista conjunto. Hubo una corriente temprana del movimiento
sionista que insistió en ello. Y tenían la razón, en
todo. Tenían razón en oponerse al Estado judío, y tienen
la razón ahora. B.R.: ¿Diría usted también que la
crisis mundial de energéticos señala lo absurdo de un control
nacional de recursos internacionales? Chomsky: Aquí pienso que se debe ser muy cuidadoso,
porque hay una línea de pensamiento que está surgiendo en los
Estados Unidos que dice: ¿Por qué tendrían que tener
para ellos solos, esos jeques locos, todos esos recursos? B.R.: El próximo paso sería invadir. Chomsky: Sí. En cambio no se preguntan: ¿por
qué tendríamos que tener a la General Motors toda para nosotros,
o por qué tendríamos que tener grano sólo para nosotros? B.R.: El Globe acaba de publicar un editorial que dice
que, sí no resolvemos pronto el problema, nos encontraremos a merced
de una tropa de jeques vestidos de sábana , lo que en vista de sus
recientes comentarios sobre el racismo parece... Chomsky: Estoy seguro de que vamos a oír muy pronto
muchas frases por ese estilo. B.R.: ¿Cree usted que contemplaremos también
un crecimiento correspondiente del antisemitismo? Chomsky: Sí. Si examina usted las elecciones que tuvimos
en Lexington. El periódico local publicó, hace una o dos semanas,
las primeras cartas antisemitas que he leído. B.R.: ¿Con respecto a la campaña? Chomsky: En realidad, lo que sucedió es que tienen
una ceremonia en el Lexington Green, en Navidad, con la figura de Cristo,
etc. Y mucha gente lo objetó arguyendo la separación entre la
Iglesia y el Estado, etc. Y cada Navidad hay pelea por ese motivo. De modo
que este año, las cartas en defensa de la ceremonia tenían un
tono claramente antisemita, por lo menos un par de ellas; decían, muy
bien, se nos critica por hacer nuestra ceremonia en ese lugar, pero nos vamos
a morir de frío por culpa de ustedes , y así por el estilo.
Pero pienso que ambas cosas pueden ir lado a lado, es decir, el antisemitismo
puede desarrollarse junto a los sentimientos racistas antiárabes. Y
creo que eso es precisamente lo que va a suceder en este invierno. B.R.: Ambos lados se señalan para el sacrificio. Chomsky: Eso es exactamente lo que parece está sucediendo.
Es decir, ellos mismos han trabajado para crear un sistema en el que son instrumentos
de las superpotencias. Y todo sobre la base de un compromiso con un sistema
de Estado. Este es todo el problema allí. No podrían representar
un mejor argumento para el anarquismo. B.R.: ¿Qué esperanza ve usted para el futuro?
Es decir, mucha gente en el movimiento está deprimida en los últimos
tiempos y ha dejado de actuar, incluso parece echar marcha atrás. Hemos
tratado de enfrentar de alguna forma la situación. ¿Qué
ve usted para el futuro? Chomsky: El futuro me parece tan esperanzado
como me parecía hace un par de años. Es decir, el movimiento
de los últimos diez años tuvo mucha reacción. Reaccionó
ante atrocidades determinadas. Nunca fue muy estructural, nunca trató
realmente con la sociedad, ni supo por qué debería cambiar.
Por lo menos no en gran parte; pues hubo quienes sí lo hacían.
Pero a mí me parece que ahora es el momento de tratar de reconstruir
estructuras realmente populares, que no estén basadas en grupos periféricos,
marginales, como los estudiantes, sino que surjan verdaderamente de comunidades
vivientes, que continuarán, y que tienen una enorme necesidad de superar
estructuras represivas. Del Libro: |
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