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Cuando la incertidumbre es la única certidumbre, conviene tener
utopías para sobrevivir. La crisis ha puesto de manifiesto que
la ideología liberal no crea cohesión social, anula la capacidad
de tensión crítica del pensamiento y solamente propicia
competencia feroz, consumismo e individualismo egoísta. Cuando
no es capaz de generar riquezas y deviene una de las crisis cíclicas
del capitalismo, el egoísmo despechado se suma con el de los demás,
propiciando el nacionalismo fanático y lógicamente el odio
al Otro y el racismo.
El marxismo nació manco de solidaridad. Marx no conoció
lo que es generosidad humana en su vida y su dogmatismo germánico
llevó a la clase obrera y al pensamiento progresista al callejón
sin salida de la dictadura de los burócratas corruptos. El Marxismo
ha contribuido más que ninguna otra ideología a consolidar
el liberalismo economicista y el materialismo. Los que sostienen que no
existe utopía son hijos de este matrimonio diabólico. Los
que tratamos de vivir impregnados de humanismo y que siempre supimos que
estas dos ideologías han desarmado al ser humano hasta arrastrarlo
a una decadencia moral que amenaza nuestra supervivencia, nos negamos
a seguir esta moda ñoña del fin de las ideologías
y de la imposibilidad de toda utopía liberadora. ¿Acaso
la libre empresa no es hoy la única ideología?
Una utopía abierta que propague los valores de la solidaridad,
de la espontaneidad, de la igualdad, de la libertad y de la creatividad
de toda la humanidad en la vida laboral, en lo cultural y en los afectos
es completamente factible y necesaria, porque precisamente en los momentos
de crisis y carencia económica es lo que subyace en lo profundo
del Nosotros frente al Yo, lo único, por tanto, que puede alentar
al hombre y evitar que el desespero le arrastre hacia el odio, la guerra
y el asesinato. Una utopía abierta y progresista siempre es un
horizonte que va más allá de las circunstancias inmediatas,
porque te empuja a construir tejido social y solidaridad para con el hombre,
el planeta y el futuro sin interés económico. Los pensadores,
los medios de comunicación y los políticos progresistas
deben marcar horizontes que aúnen las fuerzas asociativas y anulen
las disyuntivas. Hay que evitar lo ocurrido en Sarajevo, en África,
en Perú y en los cinturones de pobreza del Primer Mundo.
La utopía libertaria, que no ha fracasado porque jamás ha
sido tomada en serio por los que inventan los planes de estudio y controlan
la educación, es una de las pocas que puede contrarrestar el concepto
utilitarista inglés de individuo, que es el que anula toda posibilidad
de comunidad porque pretende que el individuo, gracias a la técnica,
sea el dueño y señor de un mundo absolutamente virtual,
en un universo en el cual no necesite más que a sus objetos. El
pensamiento libertario y Lo Libertario es ante todo una escuela de solidaridad.
Quizá haya llegado el momento de desenterrar a Proudhon, a Bakunin
y a los primeros románticos para reanimar la solidaridad y la fe
en el futuro. |