SOLEDAD GUSTAVO.
DE SU VIDA Y DE SU OBRA
Julián Vadillo Muñoz

I. INTRODUCCIÓN
La amplia historia con que cuenta el movimiento libertario español da juego para tratar infinidad de temas, desde acontecimientos puntuales hasta la historia de sus organizaciones o periódicos pasando por las biografías. Esta última cuestión es la que aquí vamos a tratar.
Como en todo tratamiento histórico, hay personajes en el movimiento libertario que han sido objeto de profundos trabajos de investigación en todas las líneas. Las figuras de más nombre dentro de este género, el caso paradigmático de Buenaventura Durruti, ha dado para páginas y páginas sobre su persona. Ahora, en el momento de su centenario, Federica Montseny también está siendo objeto de concienzudos estudios. Y esto se revela actualmente como algo necesario, pues en muchas ocasiones las figuras en particular representan esa parte de la historia que nos sirve para completar la visión de conjunto.
Pero si bien algunas figuras dentro del anarquismo español han sido objeto de estudio, otras han quedado relegadas. Hay razones varias para establecer tales criterios de discriminación, entre otros la propia importancia del movimiento anarquista, que ha dado tantas figuras que el trabajo de investigación se hace inabarcable.
Pero lo que es cierto también es que hay figuras que sirven para entender a otras. Y aquí radica la importancia de la persona a la que dedicamos este pequeño estudio. Teresa Mañé (Soledad Gustavo) se revela como un personaje sin el cual seria imposible entender a otro, como es el caso de Federica Montseny. Y esto no sólo porque fuera su madre, sino porque la influencia que tuvo sobre la hija nos vale para explicar determinadas cuestiones en la figura de Federica.
Este trabajo será aproximativo a esta figura. Trataremos primero brevemente la biografía de Soledad Gustavo. Posteriormente analizaremos sus obras principales y qué es lo que dan o completan al movimiento anarquista en general. Su colaboración no se ciñó sólo a obras literarias sino que también colaboró en periódicos y revistas, muchas de las cuales fueron fundadas o impulsadas por ella misma. Por último no olvidaremos una labor fundamental en la figura de Soledad Gustavo: la traducción de textos.
Por último, un elemento aclaratorio. El nombre de nuestro personaje es Teresa Mañé. Pero ella firmó casi todas sus obras con el seudónimo de Soledad Gustavo. A lo largo del trabajo nos referiremos a ella por ambos nombres, si bien Soledad Gustavo fue el que más utilizó y por ello será también aquí el más utilizado. Lo mismo ocurrirá con su marido, Juan Montseny, mas conocido como Federico Urales, con el que colaboró en muchísimos trabajos.
Adentrémonos ya de lleno en la vida y en la obra de Soledad Gustavo.

II. APROXIMACIÓN BIOGRÁFICA
La vida de Teresa Mañé discurre en un momento histórico tenso para España, por lo que la convierte en protagonista de uno de los períodos más vibrantes de nuestra historia reciente.
Nace Teresa Mañé y Miravet en Villanueva y la Geltrú en 1865, de familia acomodada. Con veintidós años funda la Escuela Laica de niños de Villanueva y la Geltrú, impulsada por el Centro Democrático Federalista, al que Teresa Mañé esta vinculada por entonces (1). Más tarde fundará otra escuela en Reus y será miembro de la Confederación de Maestros Laicos de Cataluña.
Desde siempre Teresa Mañé se sintió identificada con la enseñanza, por lo que cursó estudios de Magisterio. Es lo que le lleva a impulsar tal tipo de actividad educativa. Y esto años antes de que comenzara tal actividad Francisco Ferrer Guardia con su Escuela Moderna.
La escuela de Villanueva y la Geltrú también fue escuela de adultos. Es uno de los tributos que hoy Soledad Gustavo tiene en su pueblo natal, pues la escuela de adultos actual tiene el nombre de “Teresa Mañé”.
La escuela villanovina fue subvencionada por los librepensadores de la zona, que siempre tuvieron la oposición de los clericales. Por ello Teresa Mañé defiende de tal tipo de educación desde las páginas del periódico local El Vendaval, de tendencia republicana federal. Así defiende tal cometido Soledad Gustavo: “La ruda y tenaz campaña que el clericalismo ha emprendido contra el laicismo nos demuestra una vez más que los que siempre fueron enemigos de la razón y de la luz continúan siéndolo, y no solamente se contentan con serlo sino que negando la evidencia, calumnian, haciendo concebir la idea del laicismo como la de una corrupción de familias. (…) todos los hombres son hermanos en naturaleza, de que todos los hombres deben recibir igual instrucción sin privilegios de castas, de que todas las escuelas deben ser neutrales en creencias religiosas y políticas, respetando la creencia filosófica del católico, del mahometano, del budista, del brahmano, del judío, etc., etc.; y siguiendo solo la senda de la ilustración y del progreso, caminando paso a paso a la perfección que tanto se anhela, estoy segura, segurísima de que el mismo clericalismo que hoy vocifera en contra del laicismo (…) estaría lejos, muy lejos de todas las consecuencias de estar en abierta guerra de religión con la enseñanza (…) He ahí lo que hallará (el hombre) en el laicismo: ciencia, moral y justicia (…) Han presentado (los clericales) el laicismo regenerador, como una institución destituida de toda base sólida y al profesorado, como el ateismo más empedernido; cuando ninguna precisión tiene el profesorado laico ni de ser ateo, ni de pertenecer a otra secta; le basta tener la religión de la justicia para apreciar las doctrinas filosóficas que le presenten. (…) Y hay que comprender que la Escuela Laica, es la escuela del pueblo, la única verdaderamente liberal y la única que puede converger con ideales del siglo. (…) la Escuela Laica existirá porque lo pide el siglo, el progreso y el indiferentismo popular” (2).
Poco después comienza a colaborar con el periódico El Productor, donde toma contacto con el anarquismo. Allí conoce al que será su marido, Juan Montseny, y a otras plumas punteras del anarquismo español como Anselmo Lorenzo, Fernando Tarrida de Mármol o José Llunas Pujals. Su vinculación con el anarquismo también pudo venir de la amistad que le une a Llunas y a su periódico La Tramontana.
En 1889 participa en el II Certamen Socialista celebrado en Barcelona, presentando su texto “El amor libre” y se adhiere a las tendencias de Tarrida de Mármol de “anarquismo sin adjetivos”, en pleno período de disputa entre anarquistas colectivistas y anarquistas comunistas.
En 1891 se casa por lo civil con Juan Montseny, y a partir de ahí la pareja se retroalimenta en todas sus facetas. Teresa Mañé continuó con su labor literaria y pedagógica, ahora redoblándola por la figura de Montseny. Mientras Juan Montseny, natural de Reus, ocupa plaza de profesor en la Escuela Laica de esa localidad.
Es pleno período de efervescencia política en España, con huelgas, rebeliones y represiones, Juan Montseny es arrestado con asiduidad por los hechos que acaecen, a pesar de no participar en ninguno. También fue represaliada Soledad Gustavo por estos hechos, pero de distinta forma, como el ostracismo político.
Con la bomba en la procesión del Corpus Christi en la calle Cambios Nuevos en 1896 y la represión que siguió al Proceso de Montjuich por los hechos, Juan Montseny y Teresa Mañé son desterrados. La pareja acaba en 1897 en Londres, donde se encuentran también con Teresa Claramunt y Fernando Tarrida de Mármol.
En 1898 se establecen en Madrid y fundan La Revista Blanca, que dura hasta 1905. Definen la revista como sociológica, científica y artística, y en sus páginas colaboran las plumas más prestigiosas del anarquismo y de la cultura en general. Juan Montseny funda también el Suplemento de la Revista Blanca, que dura de 1898 a 1902 y que lo reconvertirá en la revista Tierra y libertad entre 1903 y 1904. En estas publicaciones colabora económicamente Francisco Ferrer y Soledad Gustavo participa con su pluma.
Soledad Gustavo y con Teresa Claramunt se alzan como las voces anarquistas en defensa de los derechos de las mujeres, desde sus obras y desde las páginas de los periódicos.
Pero la familia Montseny-Mañé no estuvo exenta de críticas. Muchos les acusaron de intelectualismo y de exceso de protagonismo. La dificultades económicas hacer ceder Tierra y libertad y deja de salir La Revista Blanca.
En 1905 nace su hija Federica, y Soledad Gustavo se ocupa de su educación. Es evidente la influencia que la madre tendrá sobre la hija.
Poco después abandonan Madrid y se instalan en Cerdañola como granjeros. Ocupada más de Federica Montseny, Soledad Gustavo reduce su participación en el anarquismo, aunque seguirá participando activamente en todos los acontecimientos de los años sucesivos: la Semana Trágica de Barcelona y el fusilamiento de su amigo Ferrer en 1909, la fundación de la CNT en 1910, la I Guerra Mundial (1914-1918), la dictadura de Primo de Rivera (1923-1930), la fundación de la FAI en 1927, la II Republica (1931-1939) con toda la actividad anarquista que ello provocó, así como el inicio de la Guerra Civil española (1936-1939).
Entre 1925 y 1936 se vuelve a editar La Revista Blanca. Soledad Gustavo colabora con artículos teóricos y de historia. Traba una gran amistad desde entonces con el historiador anarquista Max Nettlau, que también colabora en La Revista Blanca durante esta época.
La Guerra Civil acaba con la actividad de Soledad Gustavo. Ya delicada de salud tiene que huir por el avance de las tropas de Franco. Según algunas fuentes muere en Perpiñán en diciembre de 1938, mientras que otras sitúan su muerte ya en 1939.
Sea como fuere, con su muerte acaba la vida de una mujer que ha marcado la historia del anarquismo español, como podremos comprobar a partir de este momento.

III. OBRAS POLITICO-SOCIALES DE SOLEDAD GUSTAVO
Si bien la obra literaria de Soledad Gustavo no es amplia en grosor, si es amplia en densidad y sobre todo importante por los temas que trató.
No nos encontramos ante una teórica del anarquismo a través de las magnas obras que haya dejado. Por el contrario, sus obras son más bien cortas, pero debido a la profundidad de los temas que aborda y en el momento histórico que lo hace, Soledad Gustavo pasa a la historia del anarquismo español como un personaje fundamental para comprender su desarrollo.
Enumeraremos las obras de Soledad Gustavo por la fecha de aparición o de edición que hemos trabajado, detallando aquellas cuestiones de importancia que ha legado al anarquismo español.
Una de las primeras obras de Soledad Gustavo está escrita junto con su marido Juan Montseny. Quizá la obra Las preocupaciones de los despreocupados, escrita en 1891, sea la obra de más profundidad filosófica que nos encontramos en esta pareja (3). Varias son las cuestiones que la pareja trata a través de sus páginas. El propósito de la obra es demostrar que el amor, la familia, la moral y la justicia, la propiedad, la ley y la sociedad no son menos preocupaciones que la desgracia, la fatalidad, la conciencia, la razón, la naturaleza, el espíritu y la providencia.
En todo este tipo de cuestiones tratan de las fuerzas fuera de nuestras percepciones, sometiendo a dura crítica a aquellos que, como los espiritistas, ponen fuera de la materialidad la explicación de estas fuerzas. Según ellos se debe enfrentar psicología y fisiología. Las fuerzas no perceptibles tienen su causa en fuerzas materiales, y por ello explicables desde la razón. Los espiritualistas consideran el espíritu como algo perfecto, y la perfección es una definición absoluta, algo que la anarquía no concibe.
Con el tema de las leyes, Juan Montseny y Soledad Gustavo, consideran al hombre como un animal dentro de la naturaleza, y unido a que el hombre tiene razón como guía, su vida se puede guiar igualmente por las leyes naturales. Con esta defensa de la naturaleza quieren dar impulso al anarquismo.
El oportunismo es criticado, pues es algo convencional dentro de la sociedad en la que vivimos. Desde el punto de vista natural el hombre es ilegislable, pero la imposición de las leyes le hizo cambiar de estructuras.
En la crítica a la metafísica hablan de los panteístas y del alma. Frente a los panteístas consideran que si todo es Dios, éste seria materialidad, es decir, aquello que los materialistas consideran como la negación de Dios. Por lo tanto el panteísmo lo desechan por contradictorio. Frente al alma, considerada indivisible y buena, Soledad Gustavo y Juan Montseny establecen que sería imposible entonces obrar mal, pues iría en contra del alma. Con ello defienden el ateismo, por sus concepciones materialistas y porque en la sociedad nueva que ellos defienden se acabaría con todos estos subterfugios.
En esta densa obra, ante la desgracia proponen el amor como elemento primordial del anarquismo. La desgracia es un producto de la sociedad explotadora. Frente a la Providencia, la desechan pues la sería la perfección, y si el mundo es imperfecto no ha podido venir de un ser perfecto. Y si se afirmara lo contrario se caería en la contradicción, pues se revelaría la imperfección de la Providencia, cosa que es imposible a su propia esencia.
Teniendo en cuenta que la sociedad está sujeta a cambios, el hombre también, pues es partícipe de esa sociedad. La anarquía sería el cambio de la sociedad actual hacia una mejor, con lo cual la propia estructura racional y natural incita a la llegada de la anarquía con sus principio de libertad y de igualdad (4) .
En esta obra analiza otros conceptos como la virtud o la honra. Critican los estereotipos y los encasillamientos. Para Soledad Gustavo y Juan Montseny cada sociedad tenía sus particularidades por lo que aseguran lo siguiente: “Ni nuestras leyes pueden ser importadas a los países que tiene diferencia potencial significada con nosotros, ni la de ellos puede ser importada aquí” (5).
También tratan cuestiones como el amor y la familia, aunque que lo hacen de manera más extensa en otras obras que ya analizaremos más adelante.
En la crítica que realiza a la sociedad actual habla sobre todo del privilegio. Del privilegio se ha derivado la autoridad y de ésta la ignorancia que ha engendrado un dios.
El texto también les vale para adentrarse en las corrientes del anarquismo del momento, como el colectivismo, el comunismo o el individualismo. Abogan por el anarquismo sin adjetivos de Tarrida de Mármol, pues lo anterior lo consideran dogmas que va contra la idea del anarquismo, a pesar de las buenas intenciones. El librepensamiento también lo abordan, considerándolo un error dentro de la sociedad del momento, pues la única manera de pensar libremente es en la sociedad anarquista. El último concepto que analizan es la propiedad y la sitúan a lo largo de la historia como fuente de discordia entre pueblos. Establecen que el trabajo sin capital puede subsistir, pues es la producción, pero el capital sin trabajo no, pues el segundo ha generado el primero del que se aprovecha otros.
La siguiente de sus obras también es de 1891, y fue el regalo que hizo a los invitados en su boda. Lleva el titulo de Dos cartas (una de Soledad Gustavo y otra de Federico Urales) y, a pesar de ser cartas de amor, Soledad Gustavo trata temas interesantes para la humanidad en general y para la anarquía en particular.
Lo primero que hay que destacar de esta obra es la explicación que da de su amor hacia Federico Urales. Así lo explica Soledad Gustavo: “Hay en nuestro organismo algo que el hombre no domina; fuerzas que tal vez son las que hicieren pensar en la existencia del alma; fuerzas que en estado fisiológico, esto es, cuando los órganos donde parecen residir sus centros están ilesos, producen equilibrio y la voluntad determina la dirección de sus movimientos (…). Parece que hay cuatro fuerzas, una que impele hacia delante, otra hacia atrás y otra hacia los lados, y de su antagonismo resulta el equilibrio que sólo se rompe por medio de la voluntad racional del hombre” (6).
Siguiendo con estas disertaciones dice: “Existe algo en nosotros que percibimos pero que no conocemos, algo que los espiritistas califican de ser simple y eterno, y que este ser se desvanece para los naturalistas yendo a formar parte del TODO UNIVERSAL (…)
Y en tal situación, me tiene confusa, aturdida; no sabiendo descifrar mis propias sensaciones, ni explicar mis mismos pensamientos”
(7).
Los conocimientos de Soledad Gustavo se ven reflejados cuando nombra gran cantidad de filósofos para dar las explicaciones que expone. Nombra a Aristóteles, Descartes, Bufón, Proudhon, Malebranche, Leibniz, Cudworth, etc. Todos seguramente leídos por Soledad Gustavo. Y esta pasión por la filosofía es otra de las cuestiones que le une a Juan Montseny, dando a la filosofía importancia central en la humanidad.
No se olvida Soledad Gustavo en este texto de la mujer y de su situación y así se lo hace saber a Juan Montseny: “Cuando los mismos revolucionarios dicen que para poder hacer actos de fuerza y de rebelión hay necesidad de que el hombre no contraiga matrimonio, yo revolucionaria, yo anarquista, no los comprendo, ni alcanzo el porqué de esta abstención.
Las sociedades han flotado siempre sobre el vacío. En vez de averiguar causas ha destruido efectos.
Hagamos a la mujer revolucionaria y no hay que temer en esos lazos que en otro sentido entorpecen la marcha de las sociedades.
Ya se, amado mío, que así lo comprendes también tú y que haces todo cuanto a tu alcance está para emancipar a la mujer; pero no todos los revolucionarios así se portan. No me cansaré nunca de repetirlo: existe una verdadera necesidad de que se instruya a la mujer para el progreso.
La aspiración mas ardiente de mi vida es que la sociedad llegue por fin a convencerse de que vive esclavizada, ya que a ese convencimiento seguirá la noble emulación de querer sacudir el yugo”
(8).
Con ello Soledad Gustavo reconoce la necesidad de la instrucción para la mujer, para así poder mejorar su situación. Pero no se plantea la necesidad de crear un movimiento anarquista feminista, pues como veremos mas adelante, también en algunos artículos, Soledad Gustavo detesta el feminismo y cree que el anarquismo ya tiene en su seno esa dimensión humana que camina hacia la emancipación de todos. Pero aun con ello estaría en un punto medio, pues critica también a aquéllos que desechan a la mujer para la lucha revolucionaria. Entiende que la situación es especial y como tal hay que tomarla. Igualmente cuando se refiere a matrimonios no lo hace desde el punto de vista legal o religioso, sino de la libre unión de los sexos. Pero en otras obras desarrolla mucho más estas cuestiones.
En esta obra toca otros puntos, como la naturaleza, y también argumenta la defensa de la anarquía. La estructura social decadente en la que vive le ha llevado a pensar anárquicamente. En estas líneas vuelve otra vez a insistir en la defensa del anarquismo sin adjetivos. También lo tocó en su carta Juan Montseny.
Tal es el impacto que causó en Juan Montseny esta carta, que no sólo la contestó, sino que le valió de pretexto para la redacción de un texto con el titulo Nuestros pareceres, que dedicó a Soledad Gustavo.
De entre todos los textos que tiene Soledad Gustavo, donde más se preocupa del tema de la mujer es en su obra A las proletarias editada en 1896. Este texto es un alegato a favor de las trabajadoras, animándolas a su emancipación, tanto en el aspecto económico como en la tiranía a la que las someten muchos hombres.
El esclavismo de la mujer lo expresa así Soledad Gustavo: “Condenadas desde que nacemos al vil servilismo y explotación, pues somos esclavas cuando solteras, cuando casadas y cuando viudas, del padre, del marido o del burgués, no pensamos nunca en sacudir nuestro pesado yugo por temor a las preocupaciones que nos inculcaron los que quisieron tenernos siempre bajo su planta, para poder así con más seguridad ir tirando de las riendas autoritarias que en todas formas amarran al hombre que aspira al progreso y a la libertad” (9).
Contra la explotación llama Soledad Gustavo a la emancipación de la mujer de esa sociedad de la que anteriormente dice que nos inculcaba contra el progreso y la libertad: “La sociedad que nos ha condenado a ser carne de placer, a ser mueble indispensable, a ser necesidad higiénica, a ser como explotable, es nuestra enemiga y como tal debemos combatirla y procurarla su ruina total y pronta” (10).
No olvida la pertinente crítica a los hombres imbuidos por esos sentimientos sociales de dominación: “Están tan avezados los hombres a mirarnos como esclavas que no pueden acostumbrarse a la idea de que algún día podemos ser consideradas como sus iguales y todas las relaciones de la vida estar al mismo nivel, y así, toda idea que tiende a reconocernos a nosotras también derechos, necesariamente tiene que ser una utopía” (11).
A pesar de la brevedad del texto, hace una exposición concienzuda de la situación de la mujer tanto en el mundo laboral como en el mundo del hogar. La tiranía viene por la sociedad que está impuesta que impregna al hombre y lo mismo que tiende al choque de clases, también lo hace al choque de géneros. A través de varios párrafos en este sentido, Soledad Gustavo, siguiendo a los pensadores socialistas ingleses, alemanes y franceses, deduce que el desarraigo dentro de la familia obrera es consecuencia directa de la explotación capitalista. La mujer abarata el empleo, y el hombre, en lugar de encontrar responsabilidades en el sistema capitalista lo busca en la propia mujer. Los lazos familiares, en los que Soledad Gustavo cree, quedan así rotos por un conflicto interno promovido por factores externos. Para Soledad Gustavo el hombre debería entender esto y unir esfuerzos con la mujer para buscar su emancipación.
Con todo, Soledad Gustavo no se revela como una feminista cualquiera, y su texto no deja fuera de crítica a quien defiende tal movimiento feminista: “Hay muchas patrocinadoras de la emancipación de la mujer, pretendiendo que en ella derechos y deberes han de ser exactamente igual al hombre, atendiendo cada cual los cargos especiales que nos ha dado la naturaleza; pero debemos confesar que hay pocos que se cuiden de llevar a efecto lo miso que quieren, esto es, hacer que realmente sea un hecho esa emancipación tan cacareada por tirios y troyanos, y sin embargo, muy lejos que obtenerse” (12).
Pero con todo, la mujer ha ido haciéndose huecos, aunque en pasos muy pequeños. Y en estos avances es donde Soledad Gustavo alberga esperanzas para la completa igualdad. Tampoco puede dejar de lado Soledad Gustavo la culpa que la religión tiene sobre esta situación. Lógica critica en el mundo anarquista.
Para Soledad Gustavo hay soluciones a este conflicto: “Ni las repúblicas ni las monarquías nos dan el valor ni la importancia que apetecemos y merecemos por la prueba que de nuestra capacidad tenemos dadas, que si mayores no han sido, débese a la mísera educación que nos da y a la vida que nos supedita” (13). Recurrente es pues el tema de la educación en la mujer para Soledad Gustavo. “Solo una doctrina, de todas las doctrinas conocidas, nos iguala al hombre, y esta es la Anarquía. No quiere moldear nuestro cerebro en el molde del cerebro del hombre, no quiere desarrollar nuestro cuerpo a semejanza del cuerpo que posee el sexo fuerte; quiere que ni la mayor fuerza muscular ni el mayor desarrollo cerebral, sea sinónimo de mayores derechos y mayores consideraciones, aunque científicamente resultase la mujer menos capaz y menos fuerte, cosa discutible, y solo cierta cuando la mujer reciba igual educación que el hombre y goce de igual libertad” (14).
Si algo debemos de destacar de este texto de Soledad Gustavo, es que ella se plantea la emancipación, la anarquía, pero no se plantea explícitamente una lucha específica femenina del movimiento anarquista. Constantemente recrimina a los hombres la falta de sentido común cuando no unen sus esfuerzos a los de la mujer para la emancipación. Para Soledad Gustavo el anarquismo es una lucha humanista no específica de un genero o de otro. Lo que sí asegura es que la situación de la mujer dentro de la sociedad debe tener un tratamiento especial por lo difícil de su situación debido a diversos factores.
Si importante es el texto que habla sobre las mujeres, por lo fundamental del tema, no lo es menos lo que trata en la conferencia que dio para la agrupación Germinal de Madrid el 2 de abril de 1899, y publicado en la biblioteca de La Revista Blanca con el titulo de La sociedad futura. Puede que sea de los textos más profundos y mejor estructurados de Soledad Gustavo. Federico Urales prologó esta obra.
Toca La sociedad futura todos los puntos de vista, tanto de crítica como de defensa del anarquismo. Hace una valoración Soledad Gustavo del socialismo en España: “Y digo a nombre de que ideal, porque dentro del socialismo, es decir, dentro de los defensores de la sociedad futura, existen dos tendencia, si poco distanciadas en economía y en religión, lo suficientemente distantes en política y en procedimientos para que se hayan formado dos partidos socialistas. El uno (y me refiero a España) bien quisto en los poderes y dentro de las leyes; el otro, perseguido y mas o menos fuera de la legalidad en estos momentos. (…) Quiere uno de los dos partidos socialistas (no el partido socialista como generalmente se dice, puesto que no hay un partido único socialista) apoderarse del Estado para desde él establecer las bases de la nueva sociedad (…) Los socialistas ácratas, esto es, los enemigos del Estado como medio y como fin, pretenden la desaparición del Estado considerándolo sustentador de las actuales injusticias sociales (…)” (15) .
Las diferencias que establece Soledad Gustavo entre los socialismos forma parte del debate de la época, donde las corrientes están definidas y se están perfilando los medios para ello. Utiliza la terminología de partido socialista ácrata, queriendo simbolizar con ello las corrientes o estructuras de opinión organizada y no una estructura partidista al más clásico estilo.
Pasada estas definiciones comienza una condena a la sociedad del momento. Según Soledad Gustavo la mala gestión no se soluciona cambiando de gestores, pues la raíz del problema sigue presente. Condena cualquier tipo de estructura de gobierno tenga la forma que tenga. La condena a la sociedad del momento y a su escasez la expresa en este párrafo: “Y lo que pasa con el pan, pasa con la ropa y con el calzado. Millones de criaturas carecen de vestidos y de zapatos, habiendo no solamente muchos almacenes llenos de aquella mercadería, sino careciendo de trabajo miles de tejedores y miles de zapateros por falta de consumo”(16) .
Todo lo anterior está siendo combatido por el socialismo, que avanza poco a poco, a pesar de todos los obstáculos que se encuentra. Cita Soledad Gustavo en el texto las leyes de excepción contra los anarquistas promulgadas años antes o casos como el de Montjuich que lo califica como “una vergüenza para la nación” (17). Defiende entonces el anarquismo y lo hace de esta manera: “Pretende ante todo la igualdad económica y la libertad política inherente a esta igualdad. Y digo inherente a esta igualdad, porque la igualdad que se otorga al obrero dentro de la esclavitud económica que padece no es práctica, ya que cuando intenta practicarla se encuentra con una dificultad, el estómago (…) Entendemos igualdad económica como un estado social que pondrá los productos, tanto naturales como artificiales, a disposición de todos los hombres (…) Todo estará a disposición de todos, es decir, la propiedad y los medios de producción serán de la comunidad, teniendo cada uno el derecho de tener aquello que bien le parezca” (18).
Toca también Soledad Gustavo aquí temas como la familia o el amor, que toca también más extensamente en otros textos. Porque el cambio de relaciones sociales y políticas también lo es en las relaciones personales. El amor libre no es posible en la sociedad del momento, pues esa sociedad hace imposible tal unión. Incluso el origen de los celos no es otra cosa sino el sentimiento de pertenencia heredado de un medio hostil. La propiedad de la sociedad se ha llevado a la pareja.
Finalmente defiende el modelo de sociedad sin Estado y la posibilidad factible de poder vivir en él. La sociedad futura es pues esa critica a la sociedad del momento, estableciendo una defensa del ideal anarquista, paradigma de esa sociedad futura.
Texto publicado en La Revista Blanca y también escrito junto con Federico Urales, fueron la serie de conferencia que realizaron en el Ateneo de Madrid a tenor de la llamada Cuestión Social. A lo largo de estos texto defienden la necesidad de la idea anarquista frente a aquellos otros que o bien consideran que no exista tal cuestión social o bien consideran al anarquismo un problema dentro del problema social. Soledad Gustavo y Federico Urales defienden la idea de que no hay tal cuestión social sino una cuestión humana. En estos debates frente a estos dos reputados anarquistas, interviene también el secretario de la Sección de Ciencias Históricas del Ateneo, Sr. Zancada, y otros ateneístas como el Sr. Andrade o el Sr. Gay. Inciden mucho en parte de los textos anteriores. Por ejemplo en una de las sesiones, Soledad Gustavo hace un intento de explicación del porqué de la delincuencia extrayendo un párrafo de Herbert Spencer: “Así como hoy ya no es preciso prohibir la antropofagia ni el fetichismo, tampoco un día se sentirá la necesidad de prohibir el homicidio, el robo y los delitos menos graves que nuestro Código penal condena. Cuando la naturaleza humana, por su desarrollo, llegue a estar en armonía con la ley natural, los jueces y los códigos no serán precisos; cuando el respeto al todo como al algo sea un hecho, entrando la sociedad en su verdadero camino, tampoco necesitan los hombres que se les ponga enfrente la recompensa o las penas de la vida futura” (19).
Defienden el anarquismo y la posibilidad de la sociedad sin Estado con palabras de personajes no anarquistas, como Francisco Giner de los Ríos o Pedro Dorado. Esto lo hacen a tenor de intervenciones que consideran el anarquismo como una doctrina de locos.
Quizá de los temas mas interesantes que trata la cuestión social en el Ateneo de Madrid, fue la disputa con el médico socialista Jaime Vera, pues se ve la confrontación de las dos maneras de entender el socialismo en la España de inicios del siglo XX.
El análisis de la temática de estas conferencias de Soledad Gustavo y Federico Urales nos podría ocupar páginas y páginas, aunque muchos temas lo tocan en varias de sus otras obras.
Su obra El amor libre esta publicado en 1904, aunque escrita con anterioridad. Es otra de las obras fundamentales de Soledad Gustavo. De entrada considera que el título tendría que ser El amor libre en plena anarquía. Así lo establece, pues según ella lo perfecto no puede vivir en lo imperfecto. Por ello la sociedad perfecta, la justicia y la libertad solo es la anarquía.
Así define Soledad Gustavo el amor libre: “En la actualidad está considerado el amor libre como una desmoralización, como una muerte de la familia, y mas aún, como un problema irrealizable” (20).
Hace una crítica a la concepción comunista del amor, pues para el comunismo la solución estaría en la entrega de las mujeres y los niños al Estado o la comunidad.
Su concepción es optimista pues el pesimismo se sitúa al lado de la imperfección moral. Y vuelve a criticar, ahora más profundamente, la visión que se tiene del amor libre, como algo libertino. Pero Soledad Gustavo considera que esto no es así, ya que el amor libre es satisfacer el corazón humano: “Satisfaciendo las aspiraciones del corazón humano, que algunos erróneamente suponen que es insaciable, se logrará tal harmónica unión de relaciones entre los que marcha con dos formas, pero con una sola y mutua aspiración a la conquista del progreso (…) que bajo un régimen verdaderamente libre, bajo el imperio de una sociedad igualitaria y solidaria, las cadenas, los nudos no son necesarios pues que basta la mutua formalidad de los pactos” (21).
Con esto critica la concepción del amor de la sociedad burguesa, criticando el egoísmo del que hace gala. Igualmente hace referencia a la ruptura de la pareja en el amor libre, argumentado que no tendría las mismas trabas que en la sociedad burguesa, y lo que es específicamente en la mujer no encontrará ningún tipo de problemas, ya sea por convención legal o social. Hace aquí una defensa no solo del amor libre sino de la lucha por la emancipación de la mujer, cuestión mejor tratada en el texto de A las proletarias analizado más arriba.
Las siguientes obras que encontramos de renombre están escritas ya en 1933. Nos referimos a El sindicalismo y la anarquía y Política y sociología. Dos textos bastantes profundos que tratan temas de especial interés. Por El sindicalismo y la anarquía Soledad Gustavo fue acusada de antisindicalista. Pero las páginas de este folleto nos demuestran todo lo contrario. Efectivamente Soledad Gustavo hace una critica al sindicalismo, pero siempre que este se entienda como un fin y no como un medio: “El sindicalismo tiene dos definiciones. Una la que le dan los que le presentan como un fin social y otro que le otorgan los que estiman que el sindicalismo no es mas que un medio” (22). Para poner cabezas visibles a estas definiciones los iniciadores del sindicalismo como medio son Marx y Bakunin, y los que lo establecen como fin son Sorel y Labriola. Los primeros crearon organización y los segundos se lo encontraron ya hecho. Después establece las diferencias evidentes entre Marx y Bakunin.
Soledad Gustavo hace aquí una interesante clasificación, pues considera a Proudhon como padre del socialismo, a Marx como padre del comunismo y a Bakunin padre del colectivismo, que vendría a “hacer más práctico y accesible a las masas el socialismo de Proudhon y el comunismo de Marx (…)” (23). Bakunin funda, basándose en el socialismo de Proudhon, la doctrina federalista-anárquico-colectivista.
Siguiendo con todas las disertaciones con la aparición de Kropotkin o Reclus, concluye Soledad Gustavo que los movimientos obreros entre 1880 y 1890 intentan aglutinarse en una nueva doctrina. Es el sindicalismo doctrinario del francés Sorel y del italiano Labriola.
Así critica al sindicalismo como fin: “Por otra parte, los sindicatos como organismos de lucha, no están formados para servir de base a ninguna sociedad nueva. No son mas que un poder levantado contra otro poder, y su organización responde a la organización burguesa y no a la conveniencia de una sociedad mejor” (24).
Pero aun así Soledad Gustavo no desecha el sindicalismo, por el contrario lo considera un medio. Y así defiende este concepto: “Pero si el sindicalismo no puede ser el ideal, ha de ir con el en concepto de brazo. No es menester una división entre anarquistas y sindicalistas, como no es menester una división entre el cerebro que piensa y el brazo que ejecuta. (…) Sindicalistas todos para la lucha y anarquistas todos para después de ella (…) Lo único que hay que evitar es que el sindicalismo adopte manera de politiquismo” (25).
En Política y sociología, Soledad Gustavo considera positivo el surgimiento de la política como tal. No tiene un origen negativo. Pero ha sido superada por la sociología, la nueva manera de entender la sociedad y sus relaciones, pues la política ha quedado obsoleta: “La política, que tuvo, como todo ideal, su época ascendente, murió al perder su espiritualidad, que era, precisamente, su razón de ser, como es la razón de ser de la sociología” (26).
Según Soledad Gustavo los materiales de la sociología se produce por la evolución de las ideas, donde pensadores y proletarios tiene una ascensión ideal humana. Desde el punto de vista de la sociología y de Soledad Gustavo, la miseria no es lo que ha hecho surgir al socialismo, sino la disposición mental y avanzada de conseguir una sociedad justa por hombres conscientes. Y en todo este proceso dice así de la sociología: “Y es que así como la filosofía tuvo por fin la emancipación del pensamiento de toda tutela religiosa, y la política la emancipación de la burguesía de toda tutela aristocrática, la sociología tiene por objeto la emancipación de la clase obrera de toda tutela burguesa” (27). Todo esto Soledad Gustavo lo pone en relación con la historia, dando al anarquismo el componente científico que ya le habían introducido Kropotkin, Reclus o Malatesta. Y la sociología es el estadio al que quiere llevar Soledad Gustavo su obra.
Por último vamos a tratar en este apartado una obra atribuida a Soledad Gustavo y que luego aclaró que no fue así. Nos referimos a la novela Las diosas de la vida. Firmada siempre por Soledad Gustavo, en el año 1935, cuando cumplía setenta años, así aclaraba en La Revista Blanca por qué firmó esta obra, que en realidad es de Federico Urales: “Hace más de veinticinco años que, viviendo en Madrid, y atravesando un momento de gran crisis económica, tuvimos necesidad de que, fuera como fuera, se nos editara uno de los varios libros que tenia Urales en cartera, y convinimos él y yo, que al fin de encontrar más facilidades cerca de un editor burgués, aunque de abolengo liberal, como el editor barcelonés Granados, presentamos la novela “La diosas de la vida” de Urales, con mi firma. Así se hizo y así se publicó” (28). Cerrado pues queda este aspecto ante la supuesta obra de Soledad Gustavo, que ella misma reconoce ser de su marido.
Pero la colaboración literaria de Soledad Gustavo no sólo se ciñó a los escritos políticos y sociales.

IV. SOLEDAD GUSTAVO Y LA REVISTA BLANCA
Aparte de la colaboración en periódicos como El Vendaval, Las dominicales del librepensamiento o La Tramontana, la mayor colaboración de Soledad Gustavo se produjo en la revista de su propiedad, La Revista Blanca. En la II época, durante el periodo de la República, aparece como una de las colaboradoras de la sección de “Política, Diplomacia, Historia y Sindicalismo”.
La colaboración de Soledad Gustavo se ceñía sobre todo a artículos de opinión, necrológicas o artículos históricos. En la I época de La Revista Blanca (1898-1905), encontramos artículos que ahondan sobre temas que ya ha tratado en sus obras literarias. Así en 1900 publica un artículo titulado El anarquismo y la mujer (29) donde contestando a Josefina Pujol de Collada defiende la idea de la mujer en el anarquismo criticando la visión que la burguesía tiene de la mujer anarquista.
En otro artículo titulado Sobre el amor (30) defiende el amor libre, criticando todas las convenciones burguesas. También cabe destacar el artículo Concepto de la anarquía (31) donde define lo que es y defiende el anarquismo de manera muy breve.
En esta línea, durante la II época (1925-1936) también realizó artículos de opinión. Algunos son muy destacables como La inmoralidad de las leyes escritas (32), donde analiza el juicio a unas mujeres en Hungría por envenenar a sus maridos, o Ante una nueva ofensiva (33), donde diserta sobre la situación de los anarquistas ante las leyes de excepción contra ellos.
Pero no sólo trataba Soledad Gustavo sobre cuestiones de opinión. Si en algo se especializó fue en determinadas secciones o “minisecciones” en las que analizaba cuestiones políticas, sociales, económicas, culturales o históricas. Así de la primera época, encontramos en algún número de 1902 artículos suyos titulados Por esos mundos. Aquí Soledad Gustavo analiza algunos temas brevemente, como cuestiones religiosas o la desigualdad de trato de las leyes, pero a través de casos particulares.
Como secciones propiamente dichas no las encontramos ya en la II época. Destaquemos por ejemplo las Efemérides del pueblo, donde a lo largo de los años 1926 y 1927 trataba los acontecimientos importantes históricos que ocurrieron en los 15 días del mes en curso en el que salía La Revista Blanca, ya que era quincenal. Y las noticias históricas no tenían que ser necesariamente relacionadas con el anarquismo, pues también destaca efemérides de literatura, pintura, ciencia o meramente históricas.
Otra sección fueron las Monografías sociales a lo largo de 1927. Soledad Gustavo realiza una serie de artículos en los que analiza diversos temas de las clases trabajadoras a través de su historia. De los que hemos podido rescatar, los hay dedicados al campesino, al minero, al cantero y al albañil. Habla no sólo de la historia sino también de la lucha que estos grupos sociales han llevado a cabo a lo largo de toda la historia. Es probable que esta sección se extendiera en el tiempo.
En el año 1930 inaugura una serie de artículos titulados Martirologio moderno. Con ellos Soledad Gustavo pretendió hacer un paralelismo. Lo mismo que muchos autores del mundo cristiano hablan del martirologio religioso, en el momento de la escritura de los artículos se produce otro tipo de martirologio para Soledad Gustavo. Éste lo representan los anarquistas, que son perseguidos por el Estado o por las bandas del emergente fascismo del período de entreguerras. Aun así lo hace extensivo a todo tipo de represión política: “Antes, la persecución teológica fue casi exclusiva de las naciones latinas que profesaban la religión católica y en su extensión la religión cristiana. Ahora la persecución política se extiende por ambos hemisferios y lo mismo se encarcela y se deporta en Repúblicas, vulgo dictaduras americanas, que en las monarquías o dictaduras europeas. Que respondan por mi los hombres de sentimientos libres del Perú, Chile, Cuba, Bolivia, Italia, Portugal, Rusia, etc., etc.” (34)
Una última sección a destacar, entre otras muchas, fue la Galería de hombres ilustres. Se ocupaba de personajes importantes de la historia de España y mundial. Esta sección se desarrolló a lo largo de 1935, en vísperas de la Guerra. Y estos personajes no tenían que ser necesariamente anarquistas. Así analiza desde ilustrados como Juan Jacobo Rousseau o Baltasar Gracián a socialistas como Julio Guesde, pasando por krausistas como Manuel Bartolomé Cossio (que colaboró en la I época de La Revista Blanca), revolucionarios como Mirabeau, humanistas como Juan Bocaccio o Giodano Bruno, literatos como Francisco de Quevedo, Julio Verne o Anatole France y anarquistas como Luigi Fabri, Juan Grave o Miguel Angiolillo. Es decir, multidisciplinariedad a la hora de analizar personajes. Esto indica la riqueza de temas en La Revista Blanca.
Una última labor a destacar en Soledad Gustavo dentro de La Revista Blanca fue que era la que se ocupaba de las necrológicas. Quizá la mejor de todas se encuentra en la I época, cuando se la hace al literato francés Emilio Zola (35). Soledad Gustavo valora la aportación literaria que ha hecho Zola, así como su compromiso con los más oprimidos. En ese número comparte pluma sobre este tema con Pérez Jorba y Anatole France.
Otros personajes que también son recordarlos por Soledad Gustavo en el momento de su muerte son Emilio López Arango (36), asesinado en Argentina, y Vicente García (37).
No es para nada desdeñable la participación de la pluma de Soledad Gustavo en La Revista Blanca.

V. LA LABOR DE TRADUCCIÓN DE SOLEDAD GUSTAVO
Aparte de la labor de escritura en su obra y de la colaboración en periódicos y revistas, una gran labor de Soledad Gustavo fue la de traducción. Muchas obras y artículos fueron traducidos por ella, tanto para casas editoriales como para revistas y periódicos.
De esta labor traductora se hace eco Federica Montseny de esta manera: “Lo que ganaba mi padre como redactor de El Liberal, cuyo director era Pérez de Rozas, no bastaba para sostener los gastos de una familia compuesta por cinco personas. Por eso mi madre reanudó sus traducciones para la Casa Maucci, trabajo que ya había ejercido años antes, y además, copiaba los papeles de las intervenciones de los actores de las obras que se estrenaban en el “Teatro Apolo”, en el “Español” y otros teatro de Barcelona. Escribía con una letra redondilla, muy apreciada para estos menesteres, en una época en la que el uso de la maquina de escribir era poco corriente. Al contrario de mi padre y de mí, que siempre tuvimos una caligrafía imposible, mi madre escribía bien y claro, con distintos tipos de letras. Para la Casa Maucci tradujo casi toda la obra de Michel Zevaco. Dominaba bien el francés y literariamente el español, lo que le hacia apreciable como traductora. Pero Maucci era un negrero, que explotaba despiadadamente a sus trabajadores sin distinción” (38).
Una de las obras de Miguel Zevaco titulada El caballero de La Barre o Los misterios de la Inquisición fue también publicado por entregas en La Revista Blanca a lo largo de los años 1926 y 1927. Pero como hemos podido comprobar por la cita de Federica Montseny puede que estuviera traducida con anterioridad en la Casa Maucci.
Para otra editorial para la que realizó traducciones fue para Sempere y Compañía. Esta editorial la regentaba el literato y republicano valenciano Vicente Blasco Ibáñez. La editorial tenía su centro en Valencia pero también tuvo sucursales, primero en Madrid y luego en Barcelona.
Entre las obras de traducción para esta editorial destaquemos el libro de Octavio Mirbeau El abate Julio. Mirbeau fue un anarquista francés que combinó la literatura y la política. Si por algo se caracterizaron sus obras fue por su anticlericalismo, que adoptó tras su paso por un colegio de jesuitas, y su antimilitarismo, tras la guerra franco-prusiana de 1870. Fue un personaje bastante comprometido con la lucha de su tiempo.
Para la misma editorial realiza la traducción de la obra de P. Praycourt La moral del cura. En ella Soledad Gustavo escribe también un pequeño prefacio, que lo dedica a un ex presbítero, José Ferrándiz. Le incita a que lea la novela de Praycourt, pues al igual que él, estuvo también vinculado con la Iglesia, y ahora muestra las persecuciones de los clericales franceses. Pocos datos de Praycourt tenemos.
Para Sempere traduce también dos obras de George Sorel. Una esta titulada El porvenir de los sindicatos obreros. Es interesante esta traducción para nuestro trabajo de Soledad Gustavo porque realiza un prólogo al mismo. Hace un análisis del sindicalismo y de las sociedades obreras, muy en la línea de su posterior El sindicalismo y la anarquía, ya analizado más arriba. De Sorel traduce también el libro Las ruinas del mundo antiguo: concepción materialista de la historia. Aquí ya no realiza prólogo. No hace falta decir que Sorel fue uno de los líderes más importantes del sindicalismo francés.
Todas estas traducciones pertenecen a principios del siglo XX, posiblemente entre 1900 y 1905. Esta dificultad de datación se debe a que la editorial Sempere no fechaba sus libros, aunque casi todos son de inicios del siglo pasado.
Otra obra a destacar en la labor traductora de Soledad Gustavo es El infierno del soldado de Juan de la Hire. Esta novela antimilitarista la tradujo para la librería española de D. Antonio López y editada en Barcelona en 1906 (39). Esta misma obra estuvo distribuida también por las Publicaciones de la Escuela Moderna, la casa editorial fundada por Francisco Ferrer Guardia. En esta edición también aparece la traducción de Soledad Gustavo (40).
Última obra a destacar sería el texto de Luisa Michel titulado El mundo nuevo, publicado por la Biblioteca Vértice de Barcelona (41). Por lo que se comprueba a lo largo de su obra, Soledad Gustavo mostraba admiración por Luisa Michel, anarquista francesa participante en la Comuna de Paris, y autora de numerosos textos sobre el ideal anarquista.
Aunque hay muchas obras más, la labor traductora de Soledad Gustavo no se para aquí, y realizó un intenso trabajo en las paginas de La Revista Blanca, sobre todo en la I época de la misma.
Así realiza traducciones para la llamada Sección General. Destaca la traducción hecha de la Revue Franco-Allemande de un artículo de E. Marguery sobre Heriberto Spencer (42). Para esta misma sección y de la misma revista, traduce un texto sobre Federico Nietzsche escrito por Henri Lichtemberg (43). La siguiente figura será la del ruso Pedro Lavrov. Esta vez el artículo está sacado de L´Humanité Nouvelle y ocupó dos números de La Revista Blanca (44).
Siguiendo la labor traductora, no sólo se quedó en libros teóricos, novelas o artículos de personajes. También tradujo obras de teatro como La luz, de Maurice Donnay y Luccien Descaves. Esta traducción la publicó a lo largo de bastantes números de La Revista Blanca (44).
No olvidó tampoco el exotismo y tradujo del Prâsada (poema de poemas), la parte Una leyenda india (45).
Tradujo también a plumas como la de Francisco de Nión y su La isla ignorada (46), o Cristián Cornelissen con una traducción en varias entregas del texto con el titulo El comunismo como forma de sociedad futura. Pedro Kropotkin también fue traducido por Soledad Gustavo con textos como Movimiento intelectual del siglo XVIII (47) o Ensayo filosófico de Spencer (48). Destaquemos por último la traducción de Juan Grave Origen de nuestros males (49).
La labor de traducción fue algo que ocupó a Soledad Gustavo gran parte de su vida y es también aportación suya a la historia del anarquismo español.

VI. CONCLUSIONES
No se puede dudar de que la vida de Soledad Gustavo es abnegada en la defensa del anarquismo, defendido vehementemente desde las páginas de sus obras y de los periódicos donde colaboró.
Se ha podido comprobar cómo la obra de Soledad Gustavo no es voluminosa, aunque sí muy profunda por los temas que trata.

Aun así quizá es conveniente sacar algún tipo de conclusión al respecto:
A. La razón, o una de las razones, por la que Soledad Gustavo no ha contado con el interés que otros personajes, es que su propia vida está marcada por dos colosos de la historia del anarquismo: su marido Federico Urales y su hija Federica Montseny. Es lógico que la obra de Soledad Gustavo quedara en un segundo lugar para la historia. Pero en el momento en el que desarrolla su obra, la figura de Soledad Gustavo es capital para el anarquismo, equiparable a la de su marido e hija. Aun con todo, su gran producción ensayística se produce hasta el nacimiento de Federica. A partir de ahí, salvo en contadas excepciones, solo colabora para la prensa.
B. La labor escritora de Soledad Gustavo le hace pasar a la historia del anarquismo junto con su labor de conferenciante. Sus obras son paradigmáticas en muchos aspectos.
C. Las otras ocupaciones de Soledad Gustavo, como la colaboración en prensa y la labor de traducción, también la dejan en buen lugar dentro del vasto panorama del anarquismo español. El dar a conocer determinadas obras también era de vital importancia.
D. Por último destacaremos que Soledad Gustavo se presenta como una defensora de los derechos de la mujer. Para ella pide igualdad y sobre todo educación, un factor que determinará toda la propaganda del movimiento anarquista en todas sus facetas. Pero muy al contrario que las visiones del feminismo dentro del anarquismo, Soledad Gustavo no apoya el movimiento feminista, y al igual que posteriormente Federica Montseny o sus contemporáneas como Teresa Claramunt, la visión del anarquismo es humanista, donde caben mujeres y hombres. Y en ello debe incidir el anarquismo.

Es en definitiva Soledad Gustavo uno de esos personajes paradigmático en la historia del movimiento libertario y digno de un estudio mucho mas profundo del que hasta se le ha dado.


VII. BIBLIOGRAFIA Y FUENTES DOCUMENTALES.
ARCHIVOS
Biblioteca Nacional
Biblioteca Pública Arús de Barcelona
Ateneo de Madrid
Fundación de Estudios Libertario Anselmo Lorenzo
Instituto de Historia Social de Ámsterdam
PRENSA
La Revista Blanca. I época (1898-1905). II época (1925-1936)
Tierra y libertad
Estudios
Tiempos Nuevos
OBRAS DE SOLEDAD GUSTAVO
Las diosas de la vida, Centro editorial Presa, Barcelona, s/a (atribuida a la autora pero en realidad obra de Federico Urales)
Política y sociología, Ediciones CNT, Toulouse, 1975.
El amor libre, Biblioteca de “El obrero”, Montevideo, 1904. (En esta edición está junto con la obra de Ricardo Mella, Organización, agitación y revolución)
La sociedad futura, Biblioteca de La Revista Blanca, Imprenta de Antonio Marzo, Madrid, 1899.
A las proletarias, Biblioteca La Questione Sociale, Buenos Aires, 1896
El sindicalismo y la anarquía, Grupo Malatesta, Sevilla, 1996
Con Juan Montseny: Las preocupaciones de los despreocupados, Tipografía “La academia” de viuda e hijos de E.Ullastres y CĒ, Barcelona, 1891.
Con Juan Montseny: Dos cartas, Imprenta de Celestino Ferrando, Reus, 1891.
TRADUCCIONES DE SOLEDAD GUSTAVO
Mirbeau, Octavio. El abate Julio, Sempere y Compañía editores, Valencia, s/a.
Sorel, George. El porvenir de los sindicatos obreros, Sempere y Compañía editores, Valencia, s/a (también es suyo el prologo).
Idem. Las ruinas del mundo antiguo: concepción materialista de la historia, Sempere y Compañía editores, Valencia, s/a.
Praycourt, P. La moral del cura, Sempere y Compañía editores, Valencia, s/a (también unas breves palabras).
Michel, Luisa. El mundo nuevo, Vértice, Barcelona, s/a.
Hire, Juan de la. El infierno del soldado, Librería española de D.Antonio López, Barcelona, 1906.
OBRAS DE APOYO
Buenacasa, Manuel. El movimiento obrero español, 1886-1926. Historia y crítica, Júcar, Madrid, 1977.
Lorenzo, Anselmo. El proletariado militante, Ediciones MLE-CNT, Toulouse, 1946
Álvarez Junco, José. La ideología política del anarquismo español, Siglo XXI, Madrid, 1977.
Díaz del Moral, Juan. Historia de las agitaciones campesinas andaluzas, Alianza universidad, Madrid, 1995.
Montseny, Federica. Mis primeros cuarenta años, Plaza & Janés, Barcelona, 1987.
Iñiguez, Miguel. Esbozo de una enciclopedia histórica del anarquismo español, Fundación Anselmo Lorenzo, Madrid, 2001.
Bar, Antonio. La CNT en los años rojos. Del sindicalismo revolucionario al anarcosindicalismo (1910-1926), Akal, Madrid, 1981.
Gómez Casas, Juan. Historia del anarcosindicalismo español, Zero ZYX, Madrid, 1973.
Siguan Boehmer, Marisa. Literatura popular libertaria (1925-1938), Península, Barcelona, 1981.

(1) Este centro es de raigambre republicana federal y sus miembros acabarán en muchas casos en el anarquismo militante, como ocurrirá con nuestra protagonista.
(2) Joaquim Micó i Millán. Teresa Mañé i Miravet, Retrat 16, Ayuntament Vilanova i La Geltrú, 2002. Pág. 5. En este párrafo se nota la influencia que Soledad Gustavo tiene de los circulo republicanos y de su concepción del laicismo.
(3) Esto posiblemente influido por la figura de Juan Montseny, que historió la filosofía española, a través de su magna obra La evolución de la filosofía en España.
(4) En esta línea están cercanos a las teorías de Bovio.
(5) Juan Montseny y Soledad Gustavo. Las preocupaciones de los despreocupados, Barcelona, 1891. Pág. 31.
(6) Teresa Mañé (Soledad Gustavo) y Juan Montseny. Dos cartas, Imprenta Celestino Ferrando, Reus, 1891. Pág. 6.
(7) Ídem. Pág. 8.
(8) Ídem. Pág. 10.
(9) Soledad Gustavo: A las proletarias, Biblioteca La Questione Sociale, Buenos Aires, 1896. Pág. 3-4.
(10) Ídem. Pág. 4.
(11) Ídem. Pág. 5.
(12) Ídem. Pág. 9.
(13) Ídem. Pág. 13.
(14) Ídem. Pág. 14.
(15) Soledad Gustavo. La sociedad futura, biblioteca La Revista Blanca, Imprenta de Antonio Marzo, Madrid, 1899. Pág. 10-11.
(16) Ídem. Pág. 14.
(17) Ídem. Pág. 16.
(18) Ídem.
(19) La Revista Blanca, nē 92. 15-Abril-1902.
(20) Soledad Gustavo. El amor libre, Biblioteca de “El Obrero”, Montevideo, 1904. Pág. 24.
(21) Ídem. Pág. 26-27.
(22) Soledad Gustavo. El sindicalismo y la anarquía, Grupo Malatesta, Sevilla, 1996. Pág. 5.
(23) Ídem. Pág. 7.
(24) Ídem. Pág. 12.
(25) Ídem. Pág. 14.
(26) Soledad Gustavo. Política y sociología, Ediciones CNT, Toulouse, 1975. Pág. 29.
(27) Ídem. Pág. 30.
(28) La Revista Blanca, nē 358, 29-Noviembre-1935.
(29) Ídem, nē 49, 1-Julio-1900.
(30) Ídem, nē 59, 1-diciembre-1900.
(31) Ídem, nē 107, 1-diciembre-1902.
(32) Ídem, 15-octubre-1929.
(33) Ídem, nē 161, 1-febrero-1930.
(34) Ídem, nē 164, 15-marzo-1930.
(35) Ídem, nē 104, 15-octubre-1902.
(36) Ídem, nē 156, 15-noviembre-1929.
(37) Ídem, nē 180, 15-noviembre-1930.
(38)Federica Montseny. Mis primeros cuarenta años, Plaza & Janés, Barcelona, 1987. Pág. 24.
(39) Biblioteca Pública Arús (BPA), sig. 154-9-9.
(40) Tierra y libertad, 2-julio-1913
(41) BPA, sig. 152-6-48.
(42) La Revista Blanca, nē 63, 1-febrero-1901.
(43) Ídem, nē 64, 15-febrero-1901.
(44) Ídem, nē 65 y 66. 1-marzo-1901 y 15-marzo-1901.
(45) Ídem, nē 91, 1-abril-1902.
(46) Ídem, nē 106, 15-noviembre-1902.
(47) Ídem, nē 109, 1-enero-1903.
(48) Ídem, nē 116, 15-abril-1903.
(49) Ídem, nē 114, 15-marzo-1903.