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La
táctica stalinista en la guera española
Nadie puede dudar de la intervención decisiva de la URSS en la guerra
española. Ahora, las circunstancias en que ello se produjo, alejadas
de cualquier solidaridad por parte del dictador Stalin merecen la pena un
espacio para la reflexión por cuanto pertenece ello a esa parte de
la historia que apenas se reveló por oscuros intereses. En el momento
en que se produjo la sublevación franquista las relaciones diplomáticas
del régimen soviético sufrian un gran aislamiento, a lo que
hay que añadir la subida al poder de Hitler en Alemania. Es por ello,
que Stalin miró con lupa la situación española y hasta
que no comprobó que Franco lo iba a tener difícil para una rápida
victoria no se decidió a intervenir a favor de la república
y de esta manera encaminar sus intereses: una alianza con Francia e Inglaterra
por un lado y despertar la alerta a Alemania por otro. Por la tanto, la intervención
soviética en España se produjo por sus intereses políticos
en el extranjero y no por afinidades revolucionarias; hacía tiempo
que Stalin había abandonado la idea de una revolución mundial.
Muy al contrario, los regímenes fascistas afines a Franco, Italia y
Alemania, intervinieron directamente, sin ninguna ocultación. Si la
ayuda de la URSS hubiera seguido este camino, la suerte de la república
hubiera sido otra, pero Stalin nunca arriesgó nada, muy al contrario,
hasta que no se aseguró de la existencia del suficiente oro en la banca
española para pagar el material de ayuda, no se decidió a intervenir.
Y cuando esto se produjo, fue bajo la consigna a sus agentes de mantenerse
lejos del fuego de artillería, cosa que ocurrió durante todo
la duración del conflicto bélico. A pesar de la ignominia stalinista
en su participación en la contienda española, hubo viejos revolucionarios
en el Komintern, nostálgicos de la revolución mundial, que acudieron
a nuestro país en sincero apoyo y organizaron actos de todo tipo para
convocar ayudas. Pero esto no proporcionaba material bélico a la república
con el que si contaba el bando contrario. La idea de Stalin era la de crear
un régimen en España bajo su dominio que diera confianza a Francia
e Inglaterra -temerosas por un lado de una revolución proletaria y
por otro de un asentamiento fascista en una posición estratégica
en el Mediterraneo- con lo cual conseguir su alianza. Si estas naciones le
fallasen, siempre podía buscar un pacto con Alemania. También
hay que comentar para comprender la situación de la debilidad del régimen
stalinista del momento la busqueda, en su afán de perpetuar la dictadura,
del apoyo de comunistas e idealistas internacionales que no estaban conformes
con la represión y las purgas stalinistas y que deseaban una ayuda
soviética a la causa de la república española. A finales
de agosto del 36, Stalin ordenó la creación de una red comercial
de armamento para la República española al igual que una filial
hispana de la policía secreta soviética que coordinaría
sus actividades con las del PCE -o para ser más exactos, controlaría
a este partido- y vigiliaría a los voluntarios que accedieran a España
para impedir que establecieran contacto con los elementos hostiles a las ambiciones
y la política de Stalin. Para que resultara fácil la dominación
stalinista otro objetivo sería la eliminación de las milicias
y la creación de un ejército bajo un mando único. Las
condiciones para eliminar toda oposición a las intenciones de Stalin
estaban servidas; los objetivos principales serían el aplastamiento
del POUM -Partido Obrero de Unificación Marxista*- y, ante la numerosa
envergadura cenetista, la difamación de la revolución anarquista.
Mayo
sangriento
La preparación de lo que desembocaría en los sucesos de la primera
semana de mayo de 1937 se gestó, quizá, ya a finales de agosto
de 1936 cuando comenzaron los ataques de comunistas contra anarquistas; es
significativo el artículo de Jesús Hernández, director
de Mundo Obrero, donde ataca la supuesta preferencia de los anarquistas por
la retaguardia y amenaza con una puesta en razón para después
del triunfo sobre el fascismo. Otro ejemplo de la campaña en contra
de las experiencias anarquistas lo constituyó el Primer Congreso de
los trabajadores de la Tierra, organizado a finales de enero de 1937 por la
UGT, dominada por los estalinistas, y donde se manifestaron enérgicamente
en contra de las colectivizaciones en aras del fatídico argumento de
la victoria primero sobre el fascismo. Otro asunto notable que preparó
las sangrientas jornadas de mayo fue la fraudulenta sustracción de
12 tanques el día 5 de marzo por parte de milicianos comunistas en
uno de los depositos de material bélico controlados por la CNT; dicho
material no estaba destinado al frente sino a la preparación estalinista
de los enfrentamientos en la retaguardia. Las provocaciones y enfrentamientos
se sucedieron hasta desembocar en una crisis del gobierno de la Generalitat
debido a un decreto del 4 de marzo en el que daba por disueltas las Patrullas
de Control de las organizaciones obreras y se iniciaba el plan de desarme
de la retaguardia; obviamente, el plan era desposeer de armas a las fuerzas
revolucionarias y dar el control a fuerzas gubernamentales. Naturalmente que
esto no ocurrió así, las patrullas de control no solo no entregaron
las armas sino que desarmaron a todas las fuerzas de policia En Barcelona
no hubo celebración del 1º de mayo, al contrario del resto del país
donde CNT y UGT pedían conjuntamente la unidad de la clase obrera española.
Esto, quizá era posible en determinados lugares pero no en Barcelona
donde la UGT había caído bajo el control del PSUC -Partido Socialista
Unificado de Cataluña, versión catalana del Partido Comunista-
que había eliminado de sus filas a significativos militantes del POUM
, partido cuyo dirigente Andrés Nin había denunciado las intenciones
stalinistas en la guerra española. Las purgas soviéticas de
todo elemento hostil a las intenciones de Stalin y el asesinato de la revolución
habían comenzado. La tensión que vivió Barcelona este
primero de mayo y el antagonismo de revolucionarios/contrarrevolucionarios
es inmejorablemente descrita por George Orwell en su sentido libro Homenaje
a Cataluña. Los dos primeros días de mayo no conllevaron enfrentamientos
serios a pesar de que la policía registraba continuamente a los viandantes
para desarmarlos. Solidaridad Obrera denunció esta situación
aludiendo a que la garantía de la revolución es el proletariado
en armas. El PCE y el PSUC que tenían una cifra ridícula de
afiliados antes de la guerra había crecido vertiginosamente en militancia
con una explicación muy lógica, ambos partidos se mostraron
como amigos del orden burgués, de la propiedad privada y contrarios
a la revolución obrera y campensina, por lo que se atrajeron la adhesión
de numerosos afectados por la misma. El día 3 se produjo el asalto
a la central telefónica, símbolo de las colectivizaciones obreras
en la ciudad, promovido pro Artemí Aguadé, Conseller de Interior
de la Generalitat e individuo de oscuro pasado inexplicablemente nombrado
por Companys para dicho puesto. Catalanismo y estalinismo perseguían
idéntico objetivo: dar batalla al anarquismo y al POUM en Catalunya
para producir una crisis en el gobierno central que provocara la dimisión
de Largo Caballero y sus substitución por Juan Negrín, títere
de la política soviética. La acción contra la Telefónica
fue acompañada por el despliegue de fuerzas en diferentes puntos de
la ciudad lo que demostraba las aviesas intenciones de los atacantes. En la
tarde de ese tercer día de mayo se produjeron esporádicos tiroteos
aunque no se llegaron a levantar barricadas, se aguardaban los resultados
de la reunión del gobierno que desde las tres de la tarde se celebraba
en el Palacio de la Generalitat. En esta reunión los delegados de CNT
pidieron la inmediata dimisión de Aiguadé así como la
de Rodríguez Salas, comisario general de Orden Público. El PSUC
y la Esquerra Republicana de Catalunya se negaron rotundamente lo que acabó
desvelando la complicidad de estos partidos y de Lluis Companys en el asalto
a la central. Ya entrada la noche la información sobre el ataque era
que los guardias de asalto no habían cumplido su objetivo y que los
obreros se mantenían armados en la parte alta del edificio. El despertar
del día 4 en Barcelona fue con la aparición de numerosas barricadas
de adoquines, sacos terreros y de obreros armados por las calles, controladas
mayoritariamente por CNT y FAI cuyas fuerzas habían sitiado determinados
lugares de la ciudad, dispuestas al asalto. Sin embargo, hubo un suspenso
impuesto por los comités de la CNT-FAI en espera de evitar el enfrentamiento
armado, se pidió de nuevo la dimisión de los responsables del
asalto y recurrieron a los anarquistas presentes en el gobierno de Largo Caballero
para que denunciasen la anómala situación. Hay que recordar
los dos bandos antagonistas: de una parte, la fuerza pública (Guardias
de Asalto, Guardia Nacional Republicana, Guardias de Seguridad y Mozos de
Escuadra) y los partidos PSUC y Estat Català (comunistas y separatistas);
de otra parte, las fuerzas populares formadas por los anarquistas (CNT, FAI
y Juventudes Libertarias), el POUM y las Patrullas de Control; los comités
de defensa Confederal (CNT-FAI), organizados tradicionalmente por barriadas,
fueron los grandes estrategas de la contraofensiva popular. Durante los días
4 y 5 hubo ataques y contraataques en la zona que circunda la Barcelona antigua
en cuyo centro está el Palacio de la Generalitat. La prensa y la radio
pedían calma y obediencia al consejero de Interior, Artemi Aiguadé,
provocador de los hechos. Por si no tuviera suficiente con las fuerzas armadas,
la Generalitat echó mano de una fuerza militar: las milicias pirenaicas
con la que protegió su palacio, la plaza de San Jaime y sus alrededores.
Por la tarde del día 4 llegaron a la Generalitat el ministro de Justicia,
Joan García Oliver, una delegación de CNT y otra de UGT. Más
tarde, hablarían por la radio Garcia Oliver y otros pidiendo calma
a la población y el abandono de la lucha. Gran parte de la militancia
anarquista consideró que los compañeros anarquistas que ocupaban
altos cargos habían picado el anzuelo, diciendo lo que Companys quiso
que dijeran, reclamando un abandono de las armas para reforzar la unidad antifranquista
y obviando los verdaderos motivos que habian llevado a este enfrentamiento
civil dentro de la guerra civil. Durante toda la noche del 4 al 5 de mayo,
mientras que los combatientes permanecían frente a frente, en el Palacio
de la Generalitat, se sucedían las negociaciones. La táctica
estalinista y de sus aliados de arrebatar el poder a los comités obreros
había chocado enérgicamente con los trabajadores en armas. La
jornada del día 5 iba a ser el punto culminante de la batalla. Las
luchas fueron aún mas violentas que el día anterior, por todas
partes, patrullas de muchachos y muchachas se dirigían a las barricadas
o a participar en los golpes de mano contra los edificios ocupados por los
estalinistas y las fuerzas policiales. Si embargo, hubo dos grandes derrotas
por parte de las fuerzas revolucionarias: la Guardia Civil tomó la
Estación de Francia, ocupada por los anarquistas ,y los empleados de
la Central Telefónica se rindieron finalmente ante los Guardias de
Asalto. Por otra parte, desde la dirección de la CNT y el POUM se estaba
decidiendo la llamada a la retirada. Es posible que la vacilación en
las masas -en la actitud errónea de espera de consignas- que se lanzaron
ardorosamente en defensa de sus conquistas revolucionarias propiciara la perdida
de la Estación y la Telefónica. Este día 5 el gobierno
de la Generalitat dimitió gestándose enseguida una nueva configuración
donde iba a figurar Antonio Sesé, secretario general de la UGT, que
murió ese mismo día en extrañas circunstancias. El PSUC
acuso de su asesinato a fuerzas anarquistas que lo negaron. Sin embargo, esta
muerte provocó una nueva ofensiva por parte de los comunistas no sólo
en Barcelona, sino también en varias ciudades y pueblos de Cataluña.
En la tarde del días 5 se produjo el infame asesinato de Camilo Berneri
y Francesco Barbieri por parte de las gentes del PSUC y los mozos de escuadra
afectos a la Generalitat. Esta alianza solo se comprende por el odio que el
Estat Catalá profesaba al anarquismo. Berneri, gran cerebro del anarquismo
internacional, había desenmascarado desde el periódico Guerra
di Classe la política de Stalin en España lo que produjo
a la postre su cobarde eliminación. .
* Uno de las grandes
falacias históricas es la de atribuir una orientación trotskista
al POUM, lo cual es desmentido por el propio Trotski. Si bien al principio
de la guerra, sus dirigentes, Andreu Nin y Andrades, se dispusieron al integrarlo
en la disciplina trotskista, e incluso se tenía intención de
publicar en su órgano de prensa, La Batalla, un artículo semanal
de Trotski, éste, criticó muy severamente la defensa de Nin
del gobierno frentepopulista y su entrada en el gobierno de la Generalitat
formado por burgueses. Si bien es verdad que la táctica del POUM podía
estar cercana a la de la revolución permanente lo que propicio su aplastamiento
por parte de los estalinistas. |