| RECOGIENDO
LAS RAÍCES DE MUJERES LIBRES PARA UN FEMINISMO LIBERTARIO DEL SIGLO XXI |
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| Mujeres Libres de Barcelona | ||
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LA REBELDÍA CONTRA EL FALSO DISCURSO DEL ANARCOFEMINISMO Las fiestas se convierten en lo más sagrado del Centro Social Okupado. Lo que pase allí da igual, la fiesta continua (...) En este sentido, hemos llegado al punto de que la fiesta resulta incompatible con la posibilidad de comunicar, decidir colectivamente y actuar. Para ello, acaso habría que cortar la música e interrumpir el evento, hecho que produciría una alarma innecesaria y todo eso (...) Hubo una paliza y agresión sexual a una mujer y nadie hizo nada (...). Otro salto que hay que hacer posible es la atención a la mujer que ha sufrido la agresión. También ahí hemos andado bien flojas. Primero, para entender y aprender sobre cómo se experimenta la agresión. Para eso hay que dejarse del una agresión es una agresión y punto (...). Cuando se producen agresiones hay que crear grupos de apoyo, de intermediación y seguimiento porque una vez ocurrida la agresión, quien la sufre sigue circulando por ahí y tiene mucho que digerir (...) Nada de invisibilizar sino saber (...). Pues claro que nos toca de cerca, también nos toca la colectivización de una actitud distinta. La que hace que las agresiones sexuales se conviertan en un asunto del Centro Social en su conjunto, algo que merece muchísima reflexión y actuación en común (...). La mejor autodefensa, aparte de la que permite transformar la autoestima en golpes certeros, es la que genera una disposición colectiva en contra de las agresiones sexuales. Firma como una excompañera del Centro Social Okupado X Este tipo de actitudes insolidarias, individualistas y
deshumanizantes se han ido introduciendo en espacios, en principio considerados
revolucionarios. Estas ideas vienen reforzadas desde el postmodernismo,
filosofía en la que cualquier lucha liberadora o revolucionaria
se acaba viendo como un simple cambio de quién tiene el poder,
por lo tanto, las luchas colectivas se consideran ridículas porque
en el fondo siempre existe un poder que las manipula. Es decir, en este
caso concreto ocurrido en el CSO sería ridículo denunciar
la violación y organizar un movimiento de solidaridad con la víctima
y en contra del maltratador. Sería rídiculo tratar el tema
desde el CSO como un grave problema al que hay que responder con posicionamientos
claros, porque total, es una agresión y ya está y esto a
veces sucede... nuestra sociedad es violenta... tampoco ha sido para tanto...
mejor seguimos con la fiesta que aquí no pasa nada... Incluso, hay autores que han ridiculizado los actos de
denuncia de agresiones sexuales. Son posturas totalmente injustas e insolidarias
hacia las mujeres que han sufrido ese tipo de violencia. Son posturas
que llegan a culpabilizar a las víctimas de ser unas histéricas
o que ellas provocaron algo (1).
A teorías tan reaccionarias como esta no se les debería dedicar el más mínimo tiempo, porque el hacerlo provoca que, incluso en materia penal, pueda hacer que un hombre que ha violado a una mujer, quede justificado por intelectuales que van de progresistas. Esta teoría dentro del movimiento feminista ha causado estragos que aún no se han superado en al concepción de lo que ha significado y significa la lucha por la libertad sexual. Cualquier conquista conseguida se ha reducido a la ridiculización de ser una lucha por un cambio de manos del poder. Como toda la obra de Foucault ya nos explicita, todas
las relaciones existentes, son relaciones de poder, tanto una relación
sexual libremente acordada como una violación. Esta forma de pensar
la libertad promovió que el feminismo se basara en
la trasgresión como una posibilidad de rebelión, presentándose
como un la forma más radical y revolucionaria de actuar. Y es que la postmodernidad decidió que como respuesta
ofrecería movimientos contraculturales que lo que hicieron fue
empobrecer a las personas, deseando sólo la gratificación
inmediata y la irracionalidad como forma de relacionarse. Por eso desde los discursos feministas que parten de Foucault,
se niega la existencia de relaciones sociales igualitarias y libres ya
que todas las relaciones estarían sujetas a relaciones de subordinación,
a relaciones de poder, y, por lo tanto, como única posibilidad
de actuación se contempla la trasgresión y la violencia
como respuesta. Desgraciadamente, dentro de nuestro movimiento libertario
estas posturas también se han introducido en algunos sectores de
lo que se denomina anarcofeminismo. Así, en la lucha contra la
violencia de género lo que plantean es un cambio de quién
ejerce el poder o la violencia. Su alternativa está en ejercer
la misma violencia que ejercen los hombres a las mujeres. Lo podemos ver
en unos fragmentos que hemos seleccionado de uno de los manifiestos de
estos colectivos: Porque nosotras, mujeres libres, seguras de si mismas,
mordaces, violentas, independientes orgullosas, intrépidas, arrogantes,
que nos consideramos capaces de pisar al enemigo, que lucharemos contra
viento y marea hasta alcanzar los límites de esta sociedad, y que
estamos dispuestas a desenfrenarnos y barrerlos (...). ¡Machos temblad!:
morderemos, ajusticiaremos, desgarraremos, insultaremos, pisaremos, arañaremos,
cortaremos, robaremos... sin pudor ni remordimiento alguno (...). Grita,
actúa, golpea, odia, dispara, roba al patriarcado. Si eso es ser una mujer libre ¿por qué movimiento
libertario desde las mujeres estamos luchando? ¿por un movimiento
en el que ejercer la violencia es lo que te hace libre?, realmente es
muy triste. Este tipo de discursos considera que ser radical es ser
trasgresora y para ello la única vía es rebelarse ejerciendo
la misma violencia que ejercen aquellos que te oprimen. Pero ser radical
no es eso. Radical viene de analizar el problema de raíz, es decir,
ser radical es analizar la injusticia desde su raíz, analizar sus
causas y sus orígenes para que a través de la reflexión
y el diálogo colectivo se busquen soluciones. Pero soluciones que
realmente se hayan pensado, dialogado y reflexionado, además, con
aquellas personas que más están siendo oprimidas, porque
su voz y su acción es fundamental para superarla. Paulo Freire defiende que se es tanto o más
radical cuanto más se inserta en esta realidad para, a fin de conocerla
mejor, transformarla mejor. (Freire, 26:2002) La solidaridad que exige de quien se solidariza que
asuma la situación de aquel con quien se solidarizó,
es un actitud radical. (Freire, 40:2002) Si realmente se está pesando en soluciones y se
quiere actuar solidariamente con la víctimas de la violencia de
género, no te limitas a realizar discursos demagógicos sobre
lo violentas que también podemos llegar a ser las mujeres. Es muy
triste e insolidario. RECOGIENDO LAS RAICES DE MUJERES LIBRES PARA LAS LUCHAS
DEL SIGLO XXI Autoras feministas de la actualidad están trabajando
en esta línea y plantean un feminismo dialógico (Puigevert,
2001). El feminismo dialógico es el que desiste entre el debate
igualdad vs. diferencia, asumiendo que la única manera de avanzar
hacia la igualdad y la justicia es a través de la igualdad de diferencias.
Desde la defensa de la igualdad a partir de las diferentes voces de las
mujeres, creando espacios para que estas voces puedan encontrarse y interactuar
en un plano de igualdad. El concepto de Igualdad de las Diferencias nos
permite elaborar una propuesta que da libertad a todas las mujeres de
escoger cómo y qué deseamos ser, a la vez que fomentamos
lazos solidarios entre nosotras y entre todas las personas. Autores de la sociología crítica actual
como Habermas, diferencia entre las pretensiones de poder (toda relación
humana se enmarca en una lucha de poder, no hay relaciones igualitarias
que nos hagan más libres, la libertad es ilusoria) las únicas
existentes dentro de la teoría de Foucault, y las pretensiones
de validez (en una interacción humana, en un diálogo, algo
se considera válido no por el poder que puede ejercer la persona
que lo dice sino por los argumentos en los que se basa). Las luchas y el movimiento feminista, aún más
si son libertarias, han de seguir también el ejemplo que movimientos
como Mujeres Libres, nacido en 1936, en medio de tanta injustica
luchó también por la emancipación de la mujer, desde
la solidaridad, el apoyo mutuo, el diálogo, la educación,
elementos clave que hicieron que las mujeres pudieran llegar a ser cada
vez más libres y lucharan por un mundo más libre sin relaciones
de poder. Señalamos algunos de estos valores y principios
que recogemos de aquellas luchadoras libertarias del 36 que siguen siendo
actualmente vigentes paras las luchas de las mujeres en los inicios del
siglo XXI. La inclusión de las voces de todas las mujeres
desde sus diferencias. Igualdad de Diferencias Mujeres Libres era un movimiento de mujeres obreras y
campesinas. Algunas mujeres intelectuales potenciaron la organización
de Mujeres Libres, pero, estas mujeres no actuaron, como posteriormente
se ha criticado a algunas posturas del feminismo, "adoctrinando"
a las mujeres para que se "liberasen" sin escuchar la voz de
las mujeres a las que consideraban que había que "liberar".
Como ellas mismas criticaron a los grupos que en la época se definían
como feministas, grupos burgueses que no tenían en cuenta la situación
de las mujeres obreras y campesinas, y por supuesto, no escuchaban las
voces de las mujeres que en peor situación estaban. Así
nos lo contaba una de las Mujeres Libres del 36: ... En aquella época el feminismo tenía
un "caire" así más elevado ¿no? mujeres
de otra condición... que tenían conocimientos y que podían
participar en sitios que nosotras no podíamos porque no teníamos
conocimientos para ello (...)Pero hoy ya coge otro cariz ser feminista
¿no? Las mujeres con formación académica que
se implicaron en Mujeres Libres lo hicieron desde una postura de igualdad
con las mujeres obreras y campesinas. Potenciaron que fueran las mujeres
trabajadoras las que dijeran qué querían, con el objetivo
común de hacer oír las voces de las mujeres más silenciadas,
para luego organizarse conjuntamente en función de los intereses
manifestados por estas. Este elemento también es clave para analizar
como es posible que se organizen, por objetivos comunes, mujeres muy diferentes.
Esta actitud es característica de los valores anarquistas que defienden
que nadie ha de sustituir la voz de nadie, todas han de poder hacer oír
sus voces, opinar y participar directamente de las decisiones colectivas
e individuales. Otra de las características que define la lucha
de Mujeres Libres era no supeditar la individualidad al colectivo. Desde
Mujeres Libres daban mucha importancia a que todas las mujeres pudieran
decidir libremente sobre sus propias vidas. Que se sintieran libres de
poder decidir si querían aprender un oficio, si querían
casarse o no, si querían ser madres, etc. Todos estos aspectos
de la vida eran decisiones individuales que correspondía elegir
a cada una. Para Mujeres Libres, una opción u otra no era lo que
liberaba a las mujeres. Lo que liberaba a las mujeres era que luchasen
por poder elegir entre todas las opciones y que no se le obligase a tener
sólo una opción porque, por tradición, era la establecida.
Tampoco, que estuvieran presionadas por un modelo homogenizador de "mujer
revolucionaria". Lo que para Mujeres Libres era revolucionario porque
hacía libres a las mujeres era que se pudiera conseguir una situación
social que las favoreciera, para que todas las mujeres pudieran elegir
libremente la opción de vida que querían llevar sin que
esa elección se considerase mejor o peor que otra. Una de las componentes de Mujeres Libres en el 36 nos
explicaba como para la lucha colectiva como mujeres era fundamental valorar
las diferencias de cada una (luchábamos) por tener la igualdad
de derechos en todo... con nuestras diferencias, cada una es como es ¿eh?
Pero saber valorar cada una lo que vale y lo que es. Movimientos de mujeres en la actualidad están luchando
en esta línea de igualdad de las diferencias. Un ejemplo es el
colectivo Ni putas ni sumisas en Francia La misoginia que se registra en los últimos años
en algunos barrios de las ciudades francesas, donde muchachos cometen
violaciones colectivas contra adolescentes, a menudo sus propias vecinas
de edificio o compañeras de colegio, llevó a un grupo de
jóvenes a rebelarse creando la asociación Ni putas
ni sumisas, hoy una de las organizaciones más escuchadas
en Francia. En estos barrios, los chicos con una postura desde el fundamentalismo
islámico obligaban a las chicas a vestir de manera recatada
y a usar el velo, agrediéndolas, violándolas e incluso matándolas
si no lo hacían. Como reacción a esta violencia la asociación
Ni putas Ni sumisas publicó un manifiesto, que tuvo repercusión
en toda Francia y a nivel internacional, en el que afirmaron no ser ni
putas ni sumisas, simplemente mujeres que quieren vivir su libertad y
aportar su deseo de justicia. Tal y como señalan algunas
autoras feministas y muchos colectivos de mujeres musulmanas y no musulmanas
El debate no debe ser velo sí-velo no, sino como
garantizar la libertad necesaria para optar en llevar o no llevar el hijab.
(De Botton; Puigvert; Taleb 37:2004) Diálogo y consenso La importancia del diálogo y los acuerdos como
base de la organización de todas las agrupaciones de Mujeres Libres
cuestiona todas aquellas posturas que consideran que las mujeres de base
o las mujeres populares, no tienen capacidad de reflexión y autonomía
para protagonizar y llevar a cabo sus propias iniciativas. El diálogo, los pactos, el consenso, históricamente
ha sido una herramienta de lucha desde la cotidianidad de las mujeres
populares (Juliano, D, 1998), (Puigvert, 2001) Esta es una de las principales
causas de que desde Mujeres Libres, se llegaran a organizar más
de 20.000 mujeres obreras y campesinas. Los mismos valores de diálogo
y consenso que han formado parte de las estrategias de las mujeres populares
también han caracterizado la base de las organizaciones libertarias.
En esta coincidencia de creación de espacios de diálogo
y acuerdo se encuentra el éxito de esta organización. En un escrito de María Rodríguez Gil, componente
de Mujeres Libres en 1936, titulado "Mujeres Libres, ejemplo para
los movimientos femeninos actuales" en Mujeres Libres. Luchadoras
Libertarias (1999:101), señala en qué sentido puede
considerarse a Mujeres Libres una organización feminista que a
la vez luchaba por la emancipación de la mujer más silenciada,
la mujer obrera. Mujeres Libres (...) fue un grupo de mujeres, ante
todo, revolucionario, ocupado específicamente en ofrecer ayuda
práctica, educación e información. Aún siendo una organización anarquista,
su enfoque fue la liberación social, política y sexual de
la mujer a través de la información y la educación,
ayudando a cada mujer a aprender a tomar sus propias decisiones y acciones.
Podría decirse que las mujeres quizás llegasen a respetar
y comprender el anarquismo a través del ejemplo presentado por
Mujeres Libres y no por adoctrinamiento. (...) Mujeres Libres no fue una organización elitista ni intelectual (como lo grupos/ramas de los partidos políticos o las organizaciones feministas norteamericanas y de otros países), sino que fue un grupo al servicio del pueblo, ayudando a mujeres de todo nivel social e intelectual - campesinas, prostitutas, trabajadoras y estudiantes - Su enfoque fue siempre el de ofrecer ayuda práctica acompañada de una preparación educativa. Así ayudaban de forma efectiva a las mujeres
(...) A diferencia de las ramas femeninas de los partidos políticos,
Mujeres Libres fue siempre una organización completamente autónoma
de la CNT y del movimiento anarquista en general. También a diferencia
de las ramas femeninas de los partidos (y de todos los grupos feministas
que yo he conocido), en Mujeres Libres, así como en la CNT, no
existió jerarquía de ningún tipo, siendo una organización
verdaderamente anarquista y democrática en su más puro sentido,
sin permitir que la adhesión al poder y el control frustrara (...)
Por todas estas razones creo que Mujeres Libres se ganó el respeto
de las mujeres a las que ayudaba. Actualmente, también existen movimientos de mujeres
que están luchando por crear espacios dónde se pueda escuchar
la voz de las mujeres que han estado más silenciadas, ya no sólo
por el hecho de ser mujer, sino por el hecho de pertenecer a una minoría
étnica como la gitana, ser inmigrante o no tener titulaciones académicas
básicas. Un ejemplo es el trabajo que está llevando a cabo
la Asociación Gitana de Mujeres Drom Kotar Mestipen (Camino de
Libertad) por la igualdad y no discriminación entre mujeres y hombres
en la comunidad gitana, así como fomentar el trabajo solidario
entre mujeres de diferentes culturas. De esta forma, quieren superar la
doble desigualdad que sufren las mujeres gitanas, generadas por el sexismo
y el racismo que encuentran en la actualidad en nuestro entorno sociocultural.
Además de difundir las aportaciones que las mujeres gitanas están
haciendo como motor de transformación de la comunidad gitana y
de la sociedad en general. También grupos de mujeres que se están organizando
desde las asociaciones y colectivos de educación de personas adultas.
Un ejemplo es el Grupo de Mujeres de FACEPA, Federación de Asociaciones
Culturales y Educativas para Personas Adultas. En este grupo se reúnen
mujeres de diferentes edades, culturas y niveles académicos con
el objetivo de llevar a debate público las voces, los intereses
y las demandas de todas las mujeres, pero especialmente de aquellas que
por no haber tenido titulaciones académicas han estado al margen
de los espacios de debate público. Estamos en sociedades cada vez más dialógicas,
es decir, el diálogo cava vez más es el medio a través
del cuál se buscan las soluciones. Las sociedades actuales son
cada vez más dialógicas. Si las industriales constituyeron
el contexto material donde se desarrollaron democracias políticas,
las sociedades de la información son el contexto simbólico
donde el diálogo está penetrando en las relaciones sociales,
desde la política internacional hasta la convivencia dentro de
un domicilio (Flecha, Gómez, Pugivert, 148: 2001) En la sociedad
informacional no sólo aumentan las realidades dialógicas,
sino también los propósitos dialógicos: las diferencias
entre personas y grupos, cada día más, las tratamos de resolver
a través del diálogo y, si no nos dejan, reivindicamos que
sea posible hacerlo. (Flecha, Gómez, Pugivert, 150: 2001) Aunque aún nos quede mucho camino por recorrer
por un mundo sin relaciones de poder como las que generan las desigualdades
de género, Mujeres Libres siempre seguirá apoyando y solidarizándose
con todos aquellos movimientos de mujeres que se organizan a través
de un diálogo igualitario, movimientos que creen espacios de diálogo
dónde las mujeres más silenciadas hagan oír su voz
y sean ellas las que decidan sus luchas, sus acciones y sus procesos de
transformación. Solidaridad y apoyo mutuo También la solidaridad es un valor manifiesto en
las dinámicas de estas mujeres tomaban al potenciar que todas las
mujeres podían aportar algo por la Revolución Social y las
tareas de la retaguardia. La disposición a hacer lo que se necesitara
en el momento que se necesitara y a aprenderlo si no se sabía hacer,
fue una respuesta solidaria, sobre todo con aquellas personas que estaban
luchando en primera línea del frente contra los fascistas. Así
nos los explicaba una compañera de Mujeres Libres del 36: Pensar en los demás antes que una misma, sí,
sí. Si no, no hubiésemos hecho tantas cosas. Si hubiésemos
pensado en nosotras nos hubiésemos parado. Pero no sé, era
un ímpetu hacia todo, hacia los demás, hacia todo, hacia
lo nuevo, hacia lo que podíamos hacer, hacia lo que podía
representar en España, una España nueva. Una juventud llena
de entusiasmo y con ansias de saber, sobre todo eso, de querer saber. Desde Mujeres Libres en el 36, además se creó
una solidaridad femenina como respuesta a injusticias específicas
que sufrían por ser mujer. La creación de redes de solidaridad,
históricamente también ha caracterizado las estrategias
que han creado las mujeres populares en general. De esta manera, las mujeres
se unen en redes femeninas para compaginar tareas como el cuidado de los
hijos y las hijas, con el trabajo fuera de casa en las fábricas
o el campo. Desde las agrupaciones de Mujeres Libres se organizaban turnos
rotatorios para el cuidado de los niños y las niñas, guarderías
y comederos populares. También nos lo han explicado: Algunas querían ir a las reuniones y tenían
niños, entonces se ponían de acuerdo, una vez por semana
una guardaría los niños de todas, para poder participar.
Hubo razonamientos para que las mujeres fueran solidarias
entre ellas. Y, mientras asistían a las reuniones de los sindicatos,
de común acuerdo, una de ellas, por turno riguroso, guardaba los
hijos de las demás para que las madres pudieran ausentarse, lo
que les proporcionaba cierta libertad de acción. (Berenguer,
S, 1988:217) La libertad y el amor Por otro lado, desde Mujeres Libres se criticaron posturas
oportunistas que disfrazándolas de libertarias, se basaron en una
"doble moral". Esta "doble moral" se dio en algunos
jóvenes del movimiento que las consideraban "Mujeres Liebres".
Estos jóvenes con el pretexto de que si eran mujeres libres tenían
que tener relaciones sexuales con ellos, buscaban a mujeres dentro del
movimiento para tener estas relaciones y, luego, una vez las habían
conseguido, las despreciaban, y buscaban a otras mujeres que no hubieran
estado implicadas en el movimiento libertario para unirse como pareja. En las conversaciones que hemos compartido con Mujeres
Libres del 36 insistían en la importancia de los sentimientos y
el respeto entre las personas como base de un amor que haga a las personas
libres. También insistían en que no criticaban que se tuvieran
relaciones sexuales. Para ellas, lo importante es que las mujeres fueran
libres de elegir con quien querían tener una relación y
que supieran elegir a aquellos que luego no las iban a despreciar. De
esta manera, defendían, como mujeres con valores libertarios, relaciones
igualitarias en las que el poder y la utilización de una persona
por otra, como mero objeto sexual, no tenía sentido. También
insistieron en que no todos los compañeros cayeron en esa "doble
moral" que fueron algunos que, como dicen, "no supieron entender
la libertad". Desgraciadamente, los valores que impone el capitalismo
siguen arraigados en la sociedad actual. Valores basados en la propiedad
privada, el individualismo, el racismo y el machismo. Desde Mujeres Libres
y el movimiento libertario en general luchamos contra esos valores dominantes
que anulan nuestra libertad, nuestra capacidad de decisión y debilitan
nuestras acciones por una sociedad más justa y libre. Mujeres libres ha puesto desde su origen especial énfasis
en la lucha por la liberación de las mujeres contra esa parte de
la ideología capitalista que denominamos machismo y que desgraciadamente
se extiende por el conjunto de la sociedad. Desde Mujeres Libres, nuestra liberación significa
que ya no somos propiedad privada de ningún hombre y que nadie
bajo ningún concepto puede intentar forzarnos o coaccionarnos a
realizar alguna acción que nosotras no hayamos decidido. Sin embargo,
el machismo tiene arraigado el valor capitalista de la propiedad privada
en muchos hombres que ven nuestra liberación sexual no como el
fin de su propiedad privada sobre la mujer sino como la oportunidad para
considerar también a otras mujeres como un objeto de consumo. Desde Mujeres Libres seguiremos luchando por la libertad
de todas las mujeres. BIBLIOGRAFÍA PÁGINAS WEB CONSULTADAS 1-Una nueva epidemia de naturaleza y amplitud inéditas
se ha adueñado del Nuevo Mundo: la fiebre del victimismo. (Lipovetsky,
1999: 63) |
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