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De
profesión abaniquero, probablemente llegó a ser jurista (no es
seguro que fuera notario, como se afirma). Tempranamente dedicado a la literatura
de combate, llego a pertenecer a grupos subversivos (como en la perseguida sociedad
La Velada y destacó en los disturbios de 1866) que lo condujeron
al destierro en Valencia y Barcelona. Batalló primeramente en el campo
republicano federal (como tantos otros, pasándose luego al anarquismo)
y fue secretario general del Fomento de las Artes en 1865. En la internacional
madrileña, desde 1869, se convirtió en ferviente bakuninista.
Con González Morago y otros fundó El
Condenado en 1872 y más adelante, en Madrid, El Orden. Además
de su propia y valiosa valor en el anarquismo, hay que destacar la influencia
que ejerció sobre su yerno Ricardo
Mella. Representó a Madrid en varios congresos, destacando la labor
que ejerció en el de 1882 donde defendió el colectivismo y el
legalismo frente al anarcocomunismo extremista andaluz. Escribió mucho,
sobre todo teatro, y fue el eje de la Revista Social, verdadero portavoz de
la FTRE, desde 1881 a 1884, manteniendo
tesis favorables al mantenimiento público y legal de la Federación
Obrera. Para él, la sociedad futura debía basarse en la autonomía,
el pacto, la federación y la propiedad colectiva. Colaboró en
numerosa prensa literaria, jurídica y afín. |