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Empieza su exposición estableciendo una hipótesis
o valoraciones iniciales. Reconoce que existe en la historiografía
española un desconocimiento de la historia del anarquismo en cuanto
a tal aunque aclara que ha existido en los últimos tiempo cierto esfuerzo,
más en el campo anarcosindicalista, por parte de los historiadores
de su generación; aunque este esfuerzo peca de estar muy centrado en
los años 30 con cierta fascinación por el anarquismo individualista
de lectura francesa (da nombres como Dolors Marín, Francisco Javier
Navarro, Xavier Díez, Paco Madrid...). Gabriel pretende abordar la
línea anarquista específica de los años 80 del siglo
XIX; esto sin confundirlo con su habitat habitual que es el sindical y obrero,
fijándonos en lo que pueda tener de anarquismo de manera concreta.
Otra observación que hace el ponente es la minimización que
se ha hecho entre el anarquismo español y el cosmopolita o europeo;
considera que el anarquismo en España formaba parte del polo difusor
del europeo, un anarquismo con mayor voluntad canónica y ortodoxa (sic);
se trata de una temática con mucho tramo por recorrer y que poco se
ha avanzado en los últimos años. Como tercera cuestión
cree Gabriel que sería importante tener en cuenta análisis con
datos precisos de las características sociológicas de los grupos
anarquistas españoles teniendo en cuenta la equiparación con
sus equivalentes europeos; no se diferencian mucho, a juicio del ponente,
en cuanto a la composición más o menos obrera, profesiones liberales
o intelectualidad. La cuarta cuestión es la peculiaridad, manifiesta
la rotundidad de su tesis Gabriel, un tanto retórica además,
en el aspecto de que el anarquismo español no es peculiar sino que
esta peculiaridad, particularidad y excepcional hay que buscarla, no en el
movimiento anarquista, sino en el sindicalista o para ser más preciso
en el mantenimiento, a lo largo del tiempo, de una cultura sindical revolucionaria
de influencia anarcosindicalista; Gabriel pide permiso para jugar con las
siglas y afirma que lo excepcional en los años 20 y 30 fue la CNT y
no la FAI y del mismo modo en el cambio de siglo lo particular fue la Federación
Regional de Sociedades Obreras de Resistencia (o Pactos de Solidaridad y Unión),
Solidaridad Obrera catalana a principios de siglo y la primera CNT y mucho
menos los primeros intentos de organización anarquista en España
o las polémicas abiertas de la organización o no organización
de los grupos anarquistas en la región española; en otra dirección
también, no fue tampoco tan peculiar la problemática del terrorismo
anarquista; pide Gabriel que se le entienda bien cuando dice que el anarquismo
hispano no presenta mayores peculiaridades que la simplemente derivada de
la adaptación a unas condiciones locales y un espacio determinada,
está claro que ningún movimiento social escapa a la especificidad
de su territorio y de su entorno humano pero supone estar todos de acuerdo
en que ahora y aquí no se trata de comentar este aspecto. A partir
de estas cuatro consideración hay que plantearse y llevar el debate
sobre cuando se puede empezar a considerar que aparecen los grupos anarquistas
en España. Gabriel considera que esta aparición se encuentra
en relación a la conversión de la Federación de Trabajadores
de la Región Española en Federación de Resistencia al
Capital y, sobretodo, en relación a la propuesta de creación
de la Organización Anarquista de la Región Española en
1878, según el modelo organizado por el grupo de El Productor de Barcelona;
considera Gabriel muy importante explicar en qué consistía este
modelo del El Productor, a finales del siglo XIX, que pretendía liberar
el anarquismo y el grupo revolucionaria -la vanguardia consciente liberal,
si se quiere- del duro y estrecho fardo de la estructura sindical, dar alas
en definitiva al anarquismo por su lado pero compaginándolo con un
modelo de vertebración sindical, esto es lo que se llamó pactos
de solidaridad y unión, cosa poco explicada aún; el discurso
ideológico de El Productor tiende a justificar las propuestas de romper
con un esquema de central sindical y romper, por tanto, con un esquema de
dirección precisa y homogénea de este movimiento sindical, romper
con la tradición de la FRE y la FTRE, sustituirlo por una aceptación
de que el movimiento sindical tiene su dinámica propia y que no hace
falta crear centrales sindicales y proponer con campañas y propaganda
concreta la posibilidad de vertebrar el movimiento a partir de estas movilizaciones,
a partir de estos llamamientos a la movilización; este intento se justifica
con un discurso de base anarquista, se trataría de romper los elementos
de autoridad y jerarquía dentro del movimiento sindical y, por lo tanto,
los anarquistas no colaborarían en la centralización de un movimiento
sindical y, al contrario, aplaudirían la posibilidad de que se establezcan
relaciones libres y autónomas entre los grupos de trabajadores. Gabriel
considera que, siendo cierto este discurso, existe algo tan o más importante,
se trata de aceptar la realidad localista fracturada del mundo obrero y trabajador
de la España de aquel tiempo; es una propuesta muy adecuada a la realidad
política, social, económica que está marcando el régimen
de la restauración borbónica en España; se trata, además,
de aceptar la imposibilidad real de atacar frontalmente a la restauración
desde una propuesta de central sindical, como de alguna manera se había
tratado de hacer desde las ideas de la FRE (I Internacional) y de su continuadora,
la FTRE; aceptar esta realidad esta realidad localizada y fracturada del mundo
económico en España y aceptar la relación de fuerzas
frente al régimen de la Restauración, todo ello sin renunciar
a actuaciones generales que, merced a las actuaciones generales mencionadas
anteriormente, consiguen vertebrar en la práctica, en la acción,
en la movilización al movimiento obrero en toda España; insiste
Gabriel en que se trata de una propuesta mucho más compleja de lo que
aparece en los libros de historia. Acepta que la existencia de grupos se confunden
con las propias fases constitucionales del anarquismo en España; desde
la recepción de la lectura bakuninista de la I Internacional, con la
Alianza de la Democracia Socialista y los múltiples núcleos
de la misma, hasta toda la problemática de los grupos y cuadros de
defensa en la clandestinidad forzada en 1870 -cuando se origina la FTRE- y,
sobre todo, en ese período entre 1874 y 1880; está claro que
existen realidades de grupos desde este momento y cita varios ejemplos: a
mediados de abril de 1882 en Barcelona hay una conferencia secreta que firma
como AIT Grupos de Barcelona u otro ejemplo con la redacción de nuevos
estatutos y la creación de una comisión ejecutiva para la administración
y acción revolucionaria o el grupo de los desheredados en Andalucía
que se oponen a la FTRE pública y que mantienen unos ciertos planteamientos
de clandestinidad y acción revolucionaria y que tendrían una
continuación en la Organización Revolucionaria de Anarquistas.
Está claro que existían grupos antes del modelo propuesto por
El Productor pero, ahora bien, estos grupos en la práctica, en el contexto
que se producen, aparecen inscritos en las disputas en relación al
juego sindical y no escapan al marco sindicalista y obrerista del internacionalismo
bakuninista que ha primado en España; considera Gabriel que el bakuninismo
en España tenía un alto contenido sindicalista y obrerista.
Por lo tanto, afirma Gabriel, existían estos grupos pero no está
tan claro que se les pudiera denominar anarquistas. Hay que tener en cuenta
el carácter grupal de la vida política y de los movimientos
sociales europeos y muy en especial en España; es por eso que hay que
ir despacio y con precisión a la hora de calificar a un grupo como
anarquista y máxime cuando no existe una configuración delimitada
del propio pensamiento anarquista; considera el ponente que esta configuración
se produciría en la década de los 80 y tendrían un colofón
con la propuesta del grupo de El Productor; en resumen, esta configuración
del pensamiento anarquista no se puede ver separada de la aparición
de los grupos anarquistas. Esta configuración del anarquismo en España
no es un hecho aislado sino que se produce en un contexto dentro del mismo
espacio de la configuración del anarquismo europeo; es decir, se produce
en un contexto de discusión con lo que se ha convenido en llamar anarquismo
cosmopolita y cita Gabriel Le Revolté de Ginebra en 1885, Le Revolté
de París, Kropotkin, Reclus, Malatesta... se producen un contacto y
un debate con todo este tipo de reflexiones e insiste Gabriel en que se debería
poner al lado de estos grandes nombres internacionales los nombres más
locales y, para empezar, el mismo nombre de El Productor, El Socialista de
Sevilla, el periódico de La Idea Libre o Anarquía de Madrid
y un largo etcétera; se puede trata de una segunda división
pero que está en la misma liga, no es algo separado. Por tanto, en
relación al esfuerzo por delimitar una dinámica propia y unas
fronteras más o menos específicas del anarquismo, piensa que
fueron muchos más importantes estos grupos propagandistas creados a
finales de los 80 y que son ellos los que mantienen estas relaciones cada
vez más estrecha con el anarquismo central o cosmopolita y que son
esos grupos los que empiezan a diferenciarse de manera más clara del
simple grupo sindical, revolucionario o no, pero sindical y societario anterior;
fueron grupos, los de mayor impacto, dedicados a la prensa y a la labor editorial,
fueros grupos de algún modo dedicados a la creación cultural
y está claro que la prensa es el gran instrumento articulador de estos
grupos en Madrid, Barcelona y muchos otros lugares; los grupos son instrumentos
claves del autodidactismo, referido siempre a los obreros de la época,
del publicismo y de la socialización de la cultura.
Relación de los grupos anarquistas
españoles con el anarquismo cosmopolita
Gabriel quiere destacar o dar alguna indicación de como estos grupos
anarquistas mantienen un intento de relación con el anarquismo central
europeo. La debilidad económica del anarquismo español que impidió
que hubiera muchos delegados en los congresos europeos ha ocultado una voluntad
y una realidad del anarquismo hispano de intervenir de alguna forma en esos
circuitos canónicos del anarquismo internacional. De hecho, existía
una mayor mirada al internacionalismo anarquista que a la realidad concreta
española, un poco como sucede propiamente en el anarquismo central
y, es por eso, que hay que calificarlo de cosmopolita. Sin entrar excesivamente
en detalles, existen una evidencia de presencia española en el congreso
de Verviers de 1877, en el de Londres de 1881, en las conferencias anarquistas
que acompañan los primeros congresos de la II Internacional en el 89,
91 y el 96, en Chicago en 1893, en el Congreso Revolucionario de París
de 1900 y no hay muchos más reuniones y congresos internacionales que
estos con lo cual están presentes en todos los que se plantean. También
habrá otro aspecto que será el de la participación, también
activa, del anarquismo hispano en los debates de la época sobre las
posibilidades, conveniencias o no de crear organismos del anarquismo internacional,
de crear internacionales anarquistas; el anarquismo hispano participa por
lo tanto en todos esos debates, desde la Alianza Anarquista Internacional
o la Federación Internacional que intenta crear Cipriani, pasando por
el llamamiento a Pedro de Niza de Malatesta o lo que sigue al congreso anarquista
del 96 que se intenta crear una comisión provisional internacional
anarquista o la Federación Comunista Revolucionaria que promueven los
estudiantes revolucionarios de París en 1900... es decir, existen e
manera constante esta participación con un matiz importante que es
la buena relación que va a existir con Malatesta, incluso más
que con Kropotkin, otra cuestión será que desde un punto de
vista ideológico y revolucionario será el hecho de que Kropotkin
es más genéricamente influyente pero teniendo en cuenta las
actuaciones y las estrategia será Malatesta el referente en estos años;
Malatesta apuesta por alguna forma estable de organización anarquista,
con los distintos matices que va elaborado a través del tiempo, mientras
que Kropotkin está más de acuerdo con unos vínculos más
personales o de grupos pero sin superestructuras. Continúa Gabriel
con el sesgo que hay en la historiografía al destacar el peso sindicalista
y esconder la dinámica más propia del anarquismo y hay, por
lo tanto, una interpretación que no le parece correcta y es considerar
que a partir del Congreso de Amsterdam de 1907 existirá un triunfo
del anarcosindicalismo dentro del movimiento anarquista debido a la fuerza
que tendrá el sindicalismo, dejando de lado la desvinculación
anterior de uno y otro movimiento; Gabriel considera que ello no es cierto
sobretodo viendo los debates del propio Congreso del Amsterdam y las resoluciones;
hay un primer tema que se justificaba para verificar esa opinión del
triunfo del anarcosindicalismo que es el de la huelga general y política
pero existen también otra serie de temas de discusión: anarquismo
y organización, antimilitarismo y táctica anarquista, educación
integral, asociacionismo productivo y anarquía, la revolución
rusa, literatura moderna y anarquía, la lengua universal, el anarquismo
y la religión, el anarquismo como forma de vida, el anarquismo y el
intelectual... todo esto se discute en Amsterdam alejado del simple debate
sindicato/anarquismo y superando el mismo; se puede decir que en Amsterdam
gana la tesis de Malatesta, no ganan las posturas del sindicalismo revolucionario
y en España la versión que se da de la resolución del
Congreso, desde Tierra y Libertad a Madrid, en la versión de Malatesta
directamente crítica con las posturas anarcosindicalistas de Monato;
aún habría otra razón y es que cuando se trata de vislumbrar
el futuro a partir del Congreso será un intento, frustrado al final,
de crear una Internacional Anarquista y dicho de otra manera, para reforzar
más lo que plantea Gabriel, desde Tierra y Libertad en España
hasta el francés Boletín Internacional Anarquista, en 1908 y
1910, que reúne a grupos anarquistas (y no sindicatos) se critica claramente
las esperanzas la CNT y que ponen dirigentes anarcosindicalistas de la Solidaridad
Obrera de crear una Internacional Sindical Revolucionaria alternativa a la
II Internacional, se critica el intento de ir a Londres para intentar crear
esta Internacional; como punto final insiste el ponente en una cuestión
que se ha confundido mucho y es que, como Malatesta defiende, algunos anarquistas
consideren que hay que ir al sindicato a trabajar, a hacer propaganda, que
crean que los sindicatos son un espacio de propaganda (alguien dirá
de instrumentalización) donde el anarquista explicará sus convicciones
y análisis a los obreros pero el anarconsindicalismo no es eso, el
anarcosindicalismo es creer que en una estrategia revolucionaria anarquista
el sindicato es una pieza esencial y en este segundo aspecto ni Malatesta,
ni los anarquistas de Tierra y Liberta, ni muchos otros anarquistas del momento
lo creen por lo que hay que ser precisos en este punto.
El anarquismo español de principios de siglo, con sus equivalentes
franceses y europeos en general, no solo está entrando en contacto
con el anarquismo internacional sino también, por ejemplo, con el antimilitarismo
al igual que otros movimientos y con el mismo tipo de problemas. Además,
entra en contacto, tenuamente, con el anarquismo individualista renovado del
siglo XX o con el regeneracionismo neo-malthusiano de base francesa. Y se
pueden añadir más temas, si se hace una lista de las grandes
campañas internacionales de la época, en las cuales participa
el anarquismo internacional junto al español, nos damos cuenta de que
el peso de las campañas generales por la situación española
es central; todo el mundo puede pensar en la campaña de protesta por
las atrocidades de Montjuich pero la lista es larguísima, cuando el
grupo de El Producto lanza una campaña de revisión del proceso
de La Mano Negra, no eso en España donde se hace o sobre Ferrer i Guardia,
no solo en 1909, sino en 1906. Para terminar con este punto, insiste Gabriel
en que ciudades españolas, no solo Barcelona, se están convirtiendo
en refugio de anarquistas internacionales y en las fuertes relaciones personales
entre dirigentes, Kropotkin y Malatesta con relaciones epistolares muy clares,
hasta la relación muy estrecha establecido entre el grupo de La Revista
Blanca y el ... de Tiempos Nuevos o la presencia significativa de artículos
de dirigentes españoles de esta prensa de fuera... está hablando
de la época del cambio de siglo.
Gabriel resume lo dicho hasta este punto diciendo que la relación del
anarquismo español con el internacional se produce fundamentalmente
a través de dos mecanismos: un circuitos internacional de revistas
y grupos editoriales del que forman parte los grupos españoles y, por
otro lado, otro camino muy importante es el forjado nomalismo migratorio de
la militancia anarquista que amplia y consolida este fin; en este circuito
destaca sobre todo París-Londrés pero también un juego
entre Marsella, Barcelona, Buenos Aires, Montevideo, Nueva York... se establece
un circuito de ciudades muy significativo en esta dirección. Está
claro que, situados a principios de siglo, el anarquismo hispano como gran
parte del europeo se ha intelectualizado, lo cual no quiere decir que sean
todos profesiones liberales e intelectuales sino que el anarquismo como tal
juega la carta de la reflexión intelectual, del análisis teórico
y del discurso doctrinal mucho más que del juego sindical; el protagonismo,
por lo tanto, del publicismo, del mundo de la revistas y del editorialismo
es muy alto, los propagandistas son gente de pluma que pretende convertir
en central su actividad como propagandista, escritor o periodista y pretende
vivir de ello. En este contexto los maestros son fundamentales y, por lo tanto,
lo que llamamos educación racionalista y laica será el gran
vivero de la teorización, la difusión cultural y el publicismo
anarquista, más allá del apoyo económico, en ocasiones
precario, que recibe de la organización sindical. Se conocen los debates
abiertos entre un anarquismo más individualista, avocado a la práctica
de experiencias comunales propias -falansterianos, comunalistas... como se
les quiera llamar- o el debate respecto a un anarquismo más ortodoxo
avocado a la difusión cultural, de la presión cerca del movimiento
obrero o un anarquismo más directamente intervencionista que será
el que llegará a triunfar en los años 20 -en 1927 con la trabazón
respecto a la CNT-; se conoce en definitiva el debate sobre si el anarquismo
se basta a sí mismo o necesita al obrero o al sindicato. Para Gabriel
lo importante es que este publicismo anarquista con maestros laicos, con aspirantes
a escritores, periodistas, es este mundo el que dará homogeneidad al
anarquismo español justamente a través de su relación
y participación del anarquismo cosmopolita más internacional.
Sobre la pretendida peculiaridad del anarquismo
hispano
El anarquismo forma parte y entra en las discusiones del anarquismo internacional
de su época. Cree Gabriel que faltan trabajos en esta dirección
pero por lo que sabe y, como decía al principio, no parece haber muchas
diferencias respecto a la procedencia social de los propagandistas en uno
u otro lugar. Una mayoría de personas, del campo o la ciudad, pero
pasados por el mundo obrero y autodidacta urbano. Otra cuestión diferentes
es el sindicalismo, aquí se mantiene la fuerza sindical propia sin
parangón, por ejemplo, con los intentos del anarcosindicalismo francés
o italiano en el supuesto de que existiese la debilidad de otros anarcosindicalismo
como el alemán, el británico o, incluso, el de EE.UU. ¿Por
qué esta diferenciación? Considera Gabriel que lo que debe explicarse
es la incapacidad del Estado español por ampliar sus bases y abrir
espacios efectivos a la participación del movimientos obreros en la
participación del juego político burgués, en la dinámica
del mundo social burgués, evidentemente. Lo que debemos explicarnos,
en ese sentido, es el fracaso de la UGT y su proyecto de sindicalismo de presión
legislativa y de gestión para copar la totalidad del sindicalismo español.
Lo que debemos explicarnos, en definitiva, es la persistencia del anarcosindicalismo.
Gabriel hace su valoración, ya planteada en 1979, y lee un texto al
respecto: la configuración inicial del anarquismo en España
ha de situarse en el llamado sexenio revolucionaria de 1868 y 1873 en estrecha
relación con la organización obrera de inspiración internacionalista;
sus antecedentes más inmediatos nos remiten a la influencia de Proudhon
y del pensamiento socialista anterior. Se han dado muchas explicaciones del
porqué de su implantación y lo que es, quizá, más
significativo su perdurable influencia en la españa de los siglos XIX
y XX. Se trata de una cuestión difícil que no está resuelta,
en cualquier caso hemos de destacar algunas interpretaciones que, en general,
tienden a insertar la problemática del anarquismo dentro de la evolución
política global del país y su desarrollo económico y
social (interpretación alejada de la exclusivamente racial y folclórica
que sigue existiendo)............... Además, se explicaría por
el papel de la propia estructura de la industria catalana con un elevado grado
de dispersión y de pequeñas empresas como decía Javier
Vilar. En todas partes, el anarquismo fue una fuerza revolucionaria que supo
conjugar un milenarismo campesino con el sueño artesanal de una vuelta
atrás en los primeros estadios de desarrollo de una revolución
industrial y España, en el siglo XIX y buena parte del XX, habría
sido precisamente una sociedad básicamente campesina, atrasada, con
algunos núcleos e intentos de incipiente desarrollo industrial. Por
último, podría añadirse, sin alguna explícita
contradicción con lo anterior, un nuevo factor señalado con
especial intensidad como es el papel del Federalismo como reacción
al Estado centralista.. Gabriel afirma que, evidentemente, ha llovido
mucho desde entonces pero, primero, piensa que el esquema de las interpretaciones
no se ha alterado en demasía, los términos del debate parecen,
en el fondo, repetirse -desindustrialización, agrarismo, milenarismo...-
pero, ahora bien, Gabriel parte del último punto, piensa que cualquier
valoración sobre la persistencia del anarquismo y, sobre todo, del
anarcosindicalismo debe contemplar de lo que representa la construcción
y caracterización del Estado liberal burgués en España
y es por aquí donde encontraremos diferencias sustantivas en relación
a otros países europeos, los Estados que formar, por decirlo así,
la primera corona del capitalismo europeo y ante eso lanzar tres cuestiones
importantes: la primera es que a principios del siglo XX, bien que mal, todos
los Estados de la Europa Occidental se ven impelidos a abrir las puertas,
a abrir sus políticas a nuevos sectores sociales, a mayor cantidad
de sectores de la población, es decir, a abrir las puertas a una realidad
más amplia que no las estrictas élites oligárquicas que
habían mandado y se habían reservado el poder a lo largo del
siglo XIX, la apertura se produce tanto en el acceso de grupos radical-democráticos
como de unos nuevos y renovados partidos social-demócratas evidentemente
reformistas; segundo, empieza en este mismo cambio de siglo la generalización
de un reformismo social de carácter legislativo inicialmente que, en
algunos lugares, significa realmente el inicio de un intervencionismo estatal
precursor de los llamados Estados de bienestar y permite, de algún
modo, el acceso de determinadas estructuras del movimiento obrero a espacios
institucionales con algún poder -insiste en este movimiento obrero
sea reformista-, en algunos lugares esta política es real, es decir,
con resultados efectivos aunque solo sea el dotar de reconocimiento y espacio
de maniobra a determinados líderes y sectores del organismo militante,
en otros lugares se trata solo de una maniobrabilidad legislativa y aparece
lleno de prevenciones, cortapisas como en el caso de España; tercera
cuestión, no deberíamos ignorar que el reformismo social, si
es efectivo, si es real, es decir, si consigue realmente reformas beneficiosas
para la situación de los obreros, significa unos reales costes económicos
que alguien ha de soportar, el tema no debe verse desligado, por lo tanto,
del nivel de desarrollo económico del capitalismo y, en el fondo, este
mismo nivel y la propia capacidad del sistema de ampliar el nivel real del
mundo del trabajo, de los sectores populares, tienen ya en aquellas primeras
décadas del siglo XX algo que ver con la capacidad de explotación
capitalista a nivel mundial, desde la famosa cuestión del intercambio
desigual alrededor de la distinta valoración de las materias primas
respecto de los productos manufacturados y elaborados hasta las perspectiva
de una inversión productiva y especulativa de los capitales británicos,
aquello que antes se llamaba imperialismo y que ahora, en una fase más
completa, se llama globalización o mundialización capitalista
-recalca el hecho de que la globalización vaya acompañada del
término capitalista-. Con esto quiere decir que si alguien puede estudiar
el hecho de que, efectivamente, la situación del mundo obrero en Inglaterra
mejora principios de los años 20 -y no a mediados del siglo XIX- y
que en estos años existe en el Reino Unido una participación
significativa de los sindicatos en los espacios de poder del Estado, también
es verdad que empieza a existir una política de prevención social,
etc, etc... esto es debido a que el desarrollo del capitalismo británico,
con fuertes dósis de imperialismo, lo va a permitir.
Conclusión
De alguna forma, lo que señala Gabriel es que en este tipo de Estados
donde el reformismo ha conseguido beneficios concretos y reales para la situación
laboral y económica de los trabajadores, ¿qué le pasa
al anarquismo y al anarcosindicalismo en estos países?. En el fondo,
en estos países el anarcosindicalismo o bien aparece como una manifestación
de los desajustes económicos, laborales provocados por el mismo reformismo
y por la misma situación económica, o bien, con mayor alcance,
aparece como la manifestación de una protesta, con múltiples
efectos, del crecimiento del propio papel del Estado, los múltiples
efectos en relación con las estructuras de dependencia generadas por
estas tensiones, de esta presencia social del Estado, de sus instituciones
y sus hombres cada vez más cerca dentro de la vida del obrero. Ahora
bien, su papel dentro de esta tendencia sera el mantener la fuerza de un cierto
sindicalismo de resistencia y reivindicación a las formulas imperantes
o mayoritarias más reformistas como ocurre en Inglaterra y Alemania
en los años 20 y principios de los 30 donde el anarcosindicalismo será
más dado la reivindicación, a la resistencia. En otra dirección,
¿qué le pasaría al anarquismo más concretamente?;
que, cada vez más, aparece como una conciencia crítica y el
núcleo impulsor de unas prácticas y experiencias alternativas
desde tipo moral, ética hasta relaciones personales, etc. Eso sí,
en un caso y en otro, empieza a ser clara la conciencia de minoría
incluso de puede decir que presumen de dicha conciencia. Gabriel insiste en
que la persistencia del sindicalismo de influencia anarcosindicalista en España
tiene mucho que ver con lo que ha expuesto con las grandes limitaciones del
reformismo social lanzado por el Estado producto, sin duda, de los muchos
límites de un determinado desarrollo del capitalismo español.
Haciendo un salto en el tiempo, cuando el Estado y el capitalismo español
están el llamado primer mundo, con capacidad de reformismo, de aprovecharse
de la explotación del tercer mundo, no sería difícil
encontrar en el mundo libertario actual aquellas dos manifestaciones que plantea
como básicas de un sindicalismo de reivindicación y confrontación
por un lado así como la preocupación de encontrar espacios de
movilización alternativos, los llamados movimientos sociales y, seguramente,
con mucha conciencia de minoría.
Ante una pregunta del público, Pere Gabriel considera
que el también esta de acuerdo en que la tradición de una cultura
obrera con contenidos federales es muy importantes para explicar la persistencia
del anarquismo, eso también lo cree. Pero aclara que esa cultura obrera
de manifiesta de manera muy compleja a través de la interrelación
de fenómenos como librepensamiento, federalismo republicano, radicalismo
democrático o como el propio anarquismo que forma parte clarísimamente
de este conglomerado y que esto no sería una simple manifestación
de anarquismo sino una manifestación un poco más compleja. Aclara
que el ha intentado explicar el fenómeno por el lado de la capacidad
integradora o no del Estado, no solo por la capacidad legislativa del mismo
sino por la capacidad de integrar a sectores significativos del movimiento
obrero. Pero no quiere el ponente quedarse ahí y considera que ello
también tiene que ver con las explotaciones de carácter económico
capitalista y, por otro lado, el ejemplo de los países nórdicos
(ejemplo puesto en la pregunta) cuando se inicia el debate entre socialdemócratas
y anarcosindicalistas empezando a decrecer éstos últimos, los
países escandinavos sacan partido del juego internacional no solamente
de su capacidad de materias primas sino de meterlas en el circuitos internacional
a través de productos elaborados. Quiere Gabriel que quede claro que
con lo que está exponiendo no pretende minimizar en absoluto los factores
ideológicos aunque precisa que se trata más de cultura política
que de ideología, de sistema de valores; por ejemplo, un tema muy importante
en la persistencia de una cultura obrera hasta los años 50 del siglo
XX, toda la problemática alrededor de que se ha llamado economía
moral, un tema fundamental que forma parte de esta cultura obrera, aunque
esta economía moral no es solo de los anarquistas e incluso es más
de los anarcosindicalistas que de los anarquistas al mismo nivel que otras
fórmulas como cooperativismo u otras. Insiste en rebajar el exceso
de economicismo en su exposición.
Ante la pregunta del porqué de la falta de espacio
político en España del comunismo, Gabriel señala primera
que una de las primeras etapas del bolchevismo en el sindicalismo revolucionario
en contra de esa visión de ver solo a los partidos comunistas como
escisiones de los socialistas; también están presentes sectores
de lo que ha sido el sindicalismo revolucionario. El debate de los comunistas
y su mayor o menor presencia lo atribuye Gabriel a una doble razón
en el caso español: por un lado a que existe el anarcosindicalismo
que ocupa el espacio que quisieran ocupar unos determinados bolchevique sin
decir, obviamente, lo mismo y con mayor tradición e implantación;
ya en los años 3o cuando empieza el bandazo de los comunistas y su
partido empieza a jugar la carta de la responsabilidad, de la implicación
con el Estado, en este caso ya está el señor Largo Caballero,
es decir, juega con cartas muy marcadas en el caso español.
Hay una pregunta respecto a la trabazón que Gabriel
recuerda que trató de definirla anteriormente de forma rápida
como un intervencionismo anarquista en las sindicatos. Respecto al sindicalismo
puro, señala que la inmensa mayoría estaba de acuerdo en los
años 30 en que había que mantener relación con la CNT.
Si actualmente existiera una CNT importantísimo todos los anarquistas
estarían de acuerdo en hacer alguna cosa ahí dentro. Con esto
quiere indicar que en el debate sobre si el sindicalismo se basta a sí
mismo esconde forma distintas de presencia de anarquista dentro de la CNT
cada una con sus razones y discursos.
Vuelve a insistir en el hecho en que sectores significativos del sindicalismo
revolucionario son los que forman la primera etapa de los partidos comunistas
en muchos países del mundo.
Gabriel es el que lanza una pregunta al público sobre
si todo el mundo está tan de acuerdo con eso de que el anarquismo
va por su lado y tiene una dinámica propia en el cambio de siglo.
Existe una tendencia a presentar a los anarquistas muy entremezclados
con el sindicalismo. Gabriel considera que es importante estudiar el anarquismo
con su propia dinámica aunque es obvio que se mueve en un habitat
obrero muy importante. Paco Madrid, entre el público, señala
la falta de teóricos anarquistas en el panorama español,
a excepción de Ricardo Mella -Gabriel no se muestra muy de acuerdo-,
aunque sí han sido los españoles grandes intérpretes
de las ideas de fuera poniéndolas, además, en práctica.
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