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INTRODUCCIÓN
El desarrollo del anarquismo en España, constituye uno de los temas
que más interés y preocupación han despertado en
la investigación histórica. No obstante, en Canarias esa
atención ha sido más bien escasa. Tan sólo la obra
de Teresa González, Anarquismo y Educación en Canarias,
aborda de una manera directa la aportación que hace la ideología
ácrata en el ámbito de la pedagogía con la constitución
de una escuela obrera según el modelo inaugurado por Ferrer i Guardia
en Barcelona. El resto de historiadores, tales como Oswaldo Brito, Francisco
Galván, Miguel Ángel Cabrera Acosta, Miguel Suárez
Bosa, Ricardo García Luis y Juan Manuel Torres Vera, Agustín
Millares y Alberto Sánchez de Enciso, han ido aportando información
sobre la presencia y actividades de los/as anarquistas en Canarias al
hilo de sus investigaciones sobre el movimiento obrero. De manera que
en Canarias, la historiografía está aún dando sus
primeros pasos en el estudio de este tema.
Con el presente trabajo de investigación he pretendido contribuir
a dicho estudio, concentrando mi interés en los primeros años
en que una parte de la población urbana de Canarias comenzó
a hacerse partícipe de los elementos característicos de
los ideales del anarquismo. Ideología que influye de manera importante
en la formación de una conciencia de clase por parte de los/as
trabajadores isleños y en el nacimiento de un movimiento asociativo
entre las organizaciones obreras que dejaba atrás las simples reivindicaciones
mutuales para plantear una lucha colectiva que condujera a la transformación
social. Para ello, he hecho un recorrido desde la propia exposición
del pensamiento anarquista, según era entendido por los/as libertarios
isleños, hasta la constitución de los primeros grupos de
afinidad ideológica ácrata. La finalidad es indagar las
aportaciones e influencias que el anarquismo obtiene en el momento en
que se está gestando el movimiento obrero canario, y por tanto,
en los momentos en que se configura una conciencia obrera.
El período cronológico estudiado parte de la constitución
de la Asociación Obrera de Canarias en el año 1900 hasta
la aparición del grupo editor de En Marcha en 1909, último
núcleo anarquista, contrastado por ahora, que existe durante la
primera década del siglo XX. Ambas agrupaciones se desarrollaron
de manera preferente en la capital Santa Cruz de Tenerife. También
para la isla de Gran Canaria o La Palma fueron los núcleos urbanos
los que polarizaron el movimiento asociativo. Teniendo en cuenta además
que los primeros grupos definidos como libertarios surgieron en el seno
de las asociaciones obreras, era imprescindible adentrarse en el terreno
de éstas para poder seguir su pista. Por tanto el ámbito
geográfico de este estudio se circunscribe a las ciudades de Santa
Cruz de Tenerife, Las Palmas de Gran Canaria y Santa Cruz de La Palma.
La Sociedad Obrera de Arrecife constituida en Lanzarote no ha sido incluida
en la investigación porque no se encontraron indicios de que en
ella existiera alguna impronta anarquista.
Distintos han sido los objetivos que he perseguido a la hora de investigar
la presencia e influencia del anarquismo en estos diez años. En
primer lugar se trataba de localizar la existencia de núcleos anarquistas
en las islas y confirmar su grado de conocimiento y/o convencimiento de
la ideología que decían subscribir. Acercarse a comprender
cuál era su mentalidad: qué problemas denunciaban; dónde
radicaba el origen de las injusticias sociales; cuáles eran las
soluciones que aportaban para lograr una sociedad justa e igualitaria;
¿eran sus argumentos fruto de su capacidad de análisis o
se limitaban a repetir consignas propias de la época? ; en definitiva,
¿reflejaban los grupos anarquistas ser poseedores de una conciencia
propia? ¿Y era esta conciencia colectiva?.
En segundo lugar he pretendido delimitar las posibles corrientes de pensamiento
libertario, si las hubiera, tanto en el marco de las asociaciones isleñas
como con respecto a otras agrupaciones anarquistas de la Península.
La publicación de textos de los/as más conocidos anarquistas
en la prensa obrera canaria y la propia elaboración de artículos
defendiendo el anarquismo por parte de algunos trabajadores isleños,
contribuyó a reforzar la difusión del pensamiento libertario.
¿Hasta qué punto influyeron en la mentalidad de la sociedad
canaria? ¿Fue la propaganda escrita el medio para conocer el anarquismo?
¿Qué otros vehículos de transmisión se utilizaron?
¿Se plantearon divergencias de opiniones con respecto a la aplicación
de los planteamientos anarquistas?
Y un tercer y último objetivo que me planteé fue él
trazar la evolución, composición, programa y actividades
de los distintos grupos de afinidad ideológica anarquista que se
desenvolvieron en el contexto isleño.
En total, componen el trabajo nueve capítulos en los que se profundiza,
en la medida de lo posible, en la evolución del pensamiento anarquista
en Canarias y en la plasmación práctica de esta mentalidad
en la vida cotidiana: proyectos colectivos, naturismo, registros civiles,
valores morales, etc. Desde lo cultural a lo social, pasando por lo político,
el anarquismo impregnó una parte significativa de la vida social
radicada en las ciudades. Sus ideas adquirieron una gran difusión,
influyendo en la mentalidad de los trabajadores en cuestiones tan diversas
como la educación o la lucha sindical. El contexto político,
los problemas sociales y el propio desarrollo del movimiento obrero tanto
en la Península como en el extranjero, son elementos indispensables
para poder comprender algunas de las ideas y actividades en las que se
involucran los anarquistas en Canarias. Pues su evolución y desarrollo
en las islas está en relación permanente con dichos elementos.
Asimismo, para explicar el proceso seguido por los libertarios dentro
de las asociaciones obreras y reconocer el grado de implantación
que tenían en las mismas se ha hecho constar las discrepancias
que surgieron, las posturas que se sostuvieron y las soluciones que se
dieron a los conflictos planteados. La ideología anarquista no
sólo viene definida por su postura respecto a las relaciones de
producción capitalista, respecto a su vinculación con el
entorno laboral, también queda reflejada por su particular visión
en la concepción de las relaciones humanas. Por eso he querido
dar cuenta de las representaciones culturales que los/as anarquistas tenían
en Canarias de aspectos como el género o la violencia. Los capítulos
finales retoman el análisis del anarquismo como movimiento colectivo
y como ideología con el fin de dar respuesta a preguntas como éstas:
¿participó la mujer isleña en el movimiento anarquista?
¿eran igualmente revolucionarios los/as anarquistas en las cuestiones
de género que en las sociales? ¿practicaron los grupos libertarios
canarios la acción violenta? o ¿cuándo dichos grupos
justificaban el uso de la violencia?
Desde el punto de vista historiográfico, he combinado quizás
dos tendencias opuestas: la que busca interpretar los procesos sociales
estableciendo generalizaciones y teorías y la que prioriza comprender
las acciones humanas otorgando mayor importancia al individuo. Vivimos
en una época en la que las políticas económicas y
sociales, los patrones culturales, la gestión del territorio y
hasta las nuevas configuraciones de las familias se calcan cada vez más
de un modelo único. La llamada globalización está
de hecho afectando la cotidianidad de la vida de las personas. La falta
de cohesión y fuerza del movimiento obrero contemporáneo
ante esta realidad ha planteado nuevos interrogantes en el ámbito
de las izquierdas, tanto en el plano teórico, estudios historiográficos,
como en el práctico, en el interior de las organizaciones sindicales.
La postmodernidad instalada en las Ciencias Sociales desde los años
80 del pasado siglo se acopla perfectamente al cambio cultural vivido
en las sociedades occidentales en las últimas décadas. Un
sentimiento de desencanto, de pérdida de valores compartidos, una
crisis de confianza en las ideologías de izquierdas, ha conducido
a muchos historiadores postmodernos a afirmar la relatividad absoluta
como oposición al determinismo absoluto del materialismo histórico.
Al extremo del racionalismo científico que afirmaba la Historia
como un proceso unitario, lineal y de alcance universal que conduciría
a la Humanidad a su emancipación, le sustituye el extremo de considerar
inválido todo análisis social o histórico que no
parta de los subjetivo, de la descripción de las particularidades
de las acciones humanas, siempre discontinuas y variables, que no permiten
acceder a fundamentos generalizables. En el intento de ser novedosos algunos
análisis postmodernos hacen anacronismo ya que trasladan la desideologización
actual a un pasado que, en el terreno de las luchas sociales y sindicales,
nada tiene que ver con ese recién parido imaginario social
con el que se pretende explicarlo todo.
Es indudable que las estructuras sociales-económicas y con ellas
la pertenencia o no a los medios de producción, condicionan, no
determinan, el devenir de los grupos humanos y su calidad de vida. También
son los factores culturales, las mentalidades, las motivaciones o ilusiones
de los individuos, que aunque afectadas por lo anterior tienen un carácter
independiente e innovador, otro motor de cambio importante a la hora de
plantear el estudio de procesos de transformación social. Atendiendo
a este criterio he intentado realizar un análisis social del anarquismo
estableciendo su relación con el movimiento obrero canario desde
un plano ideológico, es decir, atendiendo principalmente a su mentalidad:
qué análisis hacen de la realidad social, cuáles
son sus críticas y cuáles sus soluciones, cómo es
su concepción de la sociedad, cómo conciben las relaciones
humanas, qué valores defienden, etc. En la época estudiada
el trabajador/a toma conciencia de su situación de explotado/a
y se enfrenta a quienes considera responsables organizándose en
las asociaciones obreras. Para el caso del anarquismo hay otro factor
importante en este proceso y es la motivación que empuja a los
trabajadores a emprender la transformación de su vida. Las ideas
de emancipación, libertad absoluta, igualdad, solidaridad o justicia
son asimiladas con firmeza y consistencia porque, para los anarquistas
de ese momento, es viable una verdadera revolución en un futuro
cercano. Por eso la fuerza motor está conformada en buena parte
por las propias ideas, por lo que yo llamo la mentalidad. Esto explica
que el peso de mi trabajo no recayera en la sucesión de huelgas
o conflictos sociales. Igualmente quise evitar una historia de líderes
obreros, dado que, a pesar de que pueden suponer un impulso considerable
para el movimiento, la permanencia de una ideología sólo
es factible si un grupo social la asume y sostiene. He querido alejarme
de las formas tradicionales de interpretar el pasado a través de
grandes personajes o acontecimientos episódicos y, en su lugar,
he retomado la historia de los anónimos, de los de
abajo.
Las fuentes utilizadas han consistido básicamente en la prensa,
en particular los periódicos portavoces de las asociaciones obreras
y de grupos de afinidad anarquista, así como de periódicos
de carácter satírico, aunque también se hizo un uso
general de la prensa canaria de la época. En cuanto a los archivos
consultados, han sido los de la Biblioteca Municipal de Santa Cruz de
Tenerife, la Biblioteca Municipal de La Orotava, la Hemeroteca de la Universidad
de La Laguna, la Hemeroteca de la Real Sociedad Económica de Amigos
del País de Tenerife (La Laguna), la Hemeroteca de El Museo Canario
de Las Palmas, la Hemeroteca de la Sociedad Cosmológica de Santa
Cruz de La Palma y el Instituto de Historia Social de Amsterdam. Éste
último archivo me proporcionó una importante información
sobre el núcleo anarquista Luz y Vida, de Tenerife, además
de los únicos ejemplares que se conservan del semanario En Marcha
de 1909.
MUJER Y ANARQUISMO
El periódico El Obrero aborda desde su primer número de
forma específica la subordinación de la mujer pues reconoce
en su situación la mayor de las injusticias sociales de todas las
clases obreras de Canarias (serie de artículos dedicados a las
cigarreras). La libertad plena de la Humanidad reclamada por los anarquistas
exigía la superación de la subordinación cultural
y económica de las mujeres. Sin embargo, las referencias que se
hacen a la mujer denotan que todavía hay un terreno no indagado,
la propia perspectiva de la mujer. Algunos libertarios sostienen una visión
de la mujer como ser inferior en ciertas capacidades, fruto la cultura
patriarcal imperante en la sociedad y de la que ellos tampoco se liberan,
y fruto de que la mujer no está participando en igualdad de condiciones
que el hombre en el cambio social. Son muy pocas las mujeres que conocemos
con nombres y apellidos por la prensa obrera y/o libertaria isleña,
aunque se sabe que tuvieron presencia y acción en las luchas sindicales.
La incorporación de la mujer a los talleres y fábricas como
consecuencia de la pobreza y no de su independencia económica,
la consideración de su ser como proclive al sentimentalismo y la
sumisión, la exaltación de las virtudes viriles
para la rebeldía y la firmeza, aludidos en la prensa obrera, son
reflejo de un camino sin recorrer. Las pocas veces que la mujer isleña
escribe, ante todo porque no dispone de tiempo para ejercer estas tareas
intelectuales, lo hace en su nombre, se dirige a sus compañeras,
habla por sí misma. Unas veces lo hace para protestar de sus inferiores
condiciones de trabajo y otras para denunciar las guerras y mostrar su
rechazo al reclutamiento obligatorio de sus hijos, hermanos o esposos
La concepción de la mujer en las organizaciones obreras
El prototipo de mujer de finales del siglo XIX y hasta bien entrado el
siglo XX queda definido por una serie de rasgos que la diferencian del
varón. Perdura la concepción de la mujer como ser inferior
en diferentes terrenos, por ejemplo en la capacidad intelectual. Cuestión
muy debatida en Europa y Estados Unidos durante el siglo XIX, llega a
tener cierto eco en España. Con argumentos provenientes de las
disciplinas de la fisiología, la biología y la anatomía
fundamentan la inferior capacidad mental de la mujer autores como P.J.
Moebius y Herbert Spencer (divulgados en la prensa obrera canaria). Es
frecuente que se estereotipe a la mujer con una serie de componentes psicológicos,
temperamentales y aptitudes que la diferencian claramente del hombre y
que determinan precisamente sus respectivos papeles en la sociedad. Así,
el raciocinio, la lógica, la reflexión, la capacidad de
análisis, la creatividad, el rendimiento y capacidad intelectual
predominarían en el varón, mientras que en la mujer predominan
los sentimientos, el afecto, la sensibilidad, la dulzura, la intuición,
la pasividad y la abnegación (1).
(
) Defendamos pues, con todas nuestras fuerzas á
la pura y noble compañera del hombre, tan fuerte algunas veces,
tan débil con frecuencia, siempre resignada, casi igual al hombre
por el pensamiento, superior a él por todos los instintos misteriosos
del sentimiento y de la ternura; que carece de la facultad viril de crear,
pero que sabe amar mejor que el hombre, porque si posee inteligencia menor
que la de éste, le supera en corazón (2).
Las aspiraciones anarquistas son política, social y económicamente
igualitarias. El anarquismo sostiene una concepción liberalizadora
para el conjunto de todos los seres humanos y combate todas las estructuras
de autoridad y jerarquía, estructuras de dominación y subordinación.
El papel otorgado a la mujer en la sociedad es utilizado por los anarquistas
como ejemplo de injusticia y desigualdad. No obstante, aún en el
anarquismo se perciben reminiscencias del pensar de la época y
dentro del movimiento ácrata de principios del XX, una corriente
de pensamiento (representada en España por Ricardo Mella) sigue
considerando que las diferencias biológicas explican el reparto
de roles asignados a la mujer en los espacios públicos y privados
(3). Sin menoscabo de su capacidad intelectual, se enfatiza la función
maternal de la mujer como propia de su naturaleza. José Cabrera
Díaz en sus primeros escritos dedica su atención a la olvidada
y minusvalorada aportación de la mujer a la sociedad, en un intento
de provocar su atención y dignificarla como individuo, pero repitiendo
la premisa de considerarla la compañera del hombre.
Mujer
! eterno oasis de ventura en el desierto de
la vida; armonía que arrobas con melodiosas notas en el santuario
del hogar (
)
¡Hé aquí las tres faces radiantes de tú(sic)
ser: Hija!, Esposa!, Madre! ¡Hé aquí el gran poema
de la Humanidad compendiado en ti misma!
(4)
Las asociaciones obreras canarias de principios de siglo XX están
compuestas mayoritariamente por hombres y en su concepción del
género femenino dan muestras de un cierto tradicionalismo defendiendo
patrones patriarcales en las relaciones familiares. El reconocimiento
de la explotación femenina dentro de la familia fue posterior al
reconocimiento de la explotación laboral, social o pública.
Nadie, incluidos los ácratas, tenían conciencia de la opresión
que sufría la mujer en el hogar. Se habían ensalzado y poetizado
en exceso las funciones llamadas femeninas y se daba por sentado que los
roles de esposa y madre eran asumidos con satisfacción por la mujer
(5). Un sector de los anarquistas canarios todavía manifiesta la
inequívoca relación entre mujer y hogar. En algunos casos,
se pide una reevaluación del trabajo de la mujer en el hogar como
paso necesario para alcanzar su emancipación, pero no se cuestiona
la responsabilidad del hombre en este aspecto. Además el trabajo
de la mujer fuera de la casa es todavía considerado secundario
al de los hombres (6). La anatemización del trabajo extradoméstico
se debe al peligro que representa para la institución familiar.
El trabajo de la mujer significa la subversión del orden fundamental
de la familia ya que, al alcanzar su independencia económica, la
autoridad pasa a la mujer en detrimento de la dignidad del marido. El
Popular, periódico editado desde mediados de 1906 en Santa
Cruz de Tenerife, dedicado a defender los derechos del hombre y que tiene
afinidades ideológicas con los anarquistas, dedica algunos artículos
a la conveniencia de abolir el trabajo de la mujer (7). Frente al hecho
real de una mano de obra femenina creciente, esta actitud se flexibiliza,
introduciéndose entonces, la aceptación del trabajo extradoméstico
en determinadas circunstancias. Desde esta óptica, únicamente
en una situación de absoluta necesidad económica puede la
mujer, de forma transitoria, desempeñar un puesto de trabajo (8).
Salvador Monsalud (Las Palmas), se lamenta de la corrupción moral
que la sociedad impone a las obreras, pues la explotación a que
son sometidas las conduce a la enfermedad y la prostitución.
La mujer es, por su constitución moral, la parte
más bella y sensible del género humano; por eso es también
tan extremada su debilidad sexual. Ella es todo amor y dulzura, si se
desarrolla y vive en un buen ambiente; pero se corrompe muy pronto si
su pureza se contagia con el fango de las putrideces de la corrupción
(
) Mientras son jóvenes, el amo las mira bien y las trata
mejor; porque, además de tener bestias de carga, tiene donde satisfacer
sus apetitos. Pero cuando éste llega a cansarse, y ellas a desfigurarse
por los años, su paradero es la casa de la prostitución
ó el Hospital (9).
Cuando la prensa obrera hace sus criticas a la religión,
las hace también a la actitud de las mujeres, pues considera que
a través de ellas la religión consigue ejercer su influencia
en la sociedad. Nuevamente la mujer es caracterizada por el desarrollo
particular de la afectividad y por su tendencia a las cuestiones emocionales.
Recordemos que según los libertarios la fe religiosa está
basada en la ignorancia, en el desconocimiento de la lógica y la
razón, por lo que indirectamente están rebajando las capacidades
intelectuales de la mujer al hacer estas asociaciones. Es frecuente -encontrar
en las páginas de El Obrero o El Rebelde artículos que critican
el acercamiento de las mujeres a la iglesia haciendo recaer en ellas el
peso de los tradicionalismos.
La natural tendencia de la mujer á todo lo que
signifique misticismo, obstrucción ó sentimentalismo, y
más aún que esto la clase de educación que recibe,
generalmente rutinaria, una instrucción deficiente ó
del todo nula, aparte de otras causas que pueden ser circunstanciales,
es lo que contribuye á que resulte el elemento femenino un poderoso
factor del que se vale el clericalismo para llevar con su influencia tanto
al seno de la familia como á la sociedad en general, sin excluir
los organismos políticos de que se compone el Estado (10).
También en algunos aspectos como la sexualidad
o el matrimonio es la mujer la que recibe calificaciones negativas cuando
se incumplen las normas socialmente establecidas. Jacinto Terry, propagandista
del amor libre, redactor del periódico libertario Luz y Vida
y también del periódico El Popular, señala
a este respecto que:
(
) con mucha frecuencia, se desconsidera á
la mujer porque no ha recibido la bendición del cura. ¿Y
es sólo la Ley la culpable de esto? ¿Es sólo la enseñanza
religiosa la causante de éstos desatinos? Creo que no. Y creo que
no, porque aquí hasta los librepensadores, y hasta algunos anarquistas,
se asuntan del amor libre.
No hace tantos días que algunos, sentados en un banco de una plaza
pública, vieron pasar una pareja, y al decir alguien: Son
dichosos, nunca tienen el menor disgusto, contestó otro:
Sí, pero no es su mujer verdadera; y los demás
hicieron un gesto de desagrado.
Y yo quisiera que me dijeran esos librepensadores y esos anarquistas que
entienden por mujer verdadera. Para diferenciarlas de las falsas (11).
Pero no todos los anarquistas traslucen una mentalidad
conservadora en la cuestión femenina. Dentro de la tradición
anarquista que se pronuncia sobre la situación de las mujeres,
Mary Nash habla de una corriente mayoritaria en el conjunto de la producción
escrita de signo ácrata en España: la que, siguiendo la
tradición bakuninista, defendía la igualdad de hombres y
mujeres (12). La emancipación total únicamente será
posible con la unión de ambos sexos en la lucha contra la explotación
y la opresión. La pedagogía libertaria promovida por Ferrer
i Guardia y la educación racionalista, extensamente difundida en
las asociaciones obreras canarias desde 1903 coincidiendo con el auge
del pensamiento libertario en su seno, parten de la base de la convivencia
de sexos para completar el ser humano en toda su extensión y cuestionan
la relación de superioridad/inferioridad entre ambos.
El trabajo humano, proponiéndose la felicidad de
su especie, ha sido deficiente hasta ahora: debe de ser mixto en lo sucesivo;
tiene que estar encomendada al hombre y a la mujer, cada cual desde su
punto de vista. Es preciso tener en cuenta que la finalidad del hombre
en la vida humana, en frente de la misión de la mujer, no es respecto
de ésta, de condición inferior ni tampoco superior, como
pretenciosamente nos abrogamos. Se trata de cualidades distintas, y no
cabe comparación en las cosas heterogéneas (13).
Dentro de esta segunda línea, habría que
referirse a dos posturas diferentes a la hora de proponer las soluciones.
Una primera creía que la eliminación de la subordinación
de las mujeres vendría a su vez con la eliminación de la
propiedad privada, la herencia y la familia. Es decir, no se entiende
una solución aislada de las mujeres, sino que sus intereses están
vinculados con el resto de la clase obrera. La segunda aborda la subordinación
de la mujer con un sentido más amplio y profundo que la simple
explotación económica. Estos anarquistas se niegan a limitar
el papel de la mujer a su función reproductiva, ya que así
se le limita la libre expresión y desarrollo de todas sus capacidades
humanas. Se reconoce la subordinación de la mujer también
en el ámbito familiar, pues allí ejerce el hombre su tiranía
sobre ella. La incorporación de las mujeres a la causa anarquista
contribuye a la autocrítica del movimiento. Teresa Claramunt, que
en 1891 había intentado sin mucho éxito impulsar un sindicato
femenino en Barcelona y en 1896 organizaba en Cataluña una Sociedad
Autónoma de Mujeres , se quejaba de que los hombres se empeñaban
en dirigir sindicatos predominantemente femeninos (15). Gran activista
de hecho y de palabra, escribe en 1905 una reflexión consecuente
con su práctica: La mujer. Consideraciones sobre su estado
ante las prerrogativas del obrero. Claramunt juzga responsable
de la subordinación del género femenino al principio absurdo
de superioridad del hombre, al acto de tratarla como a un menor, de otorgarle
un valor en la medida que se le relaciona familiarmente con el de un hombre
(yo soy fulana de fulano) (16).
Lo que me propongo es convencer al hombre de los fatales
resultados del prejuicio de poner a la mujer a tan bajo nivel; lo que
deseo es que el hombre deje de ser esclavo de su culpa, como actualmente
le acontece, por mantener su tiranía sobre la mujer. Si para considerarla
honrada apelan a confiscar los impulsos naturales estableciendo costumbres
y leyes que ningún mal evitan, que ningún defecto corrigen
sino que, por el contrario, obligan a la hipocresía, preferible
es que se callen y no eleven poéticamente hasta las estrellas las
dulces caricias de su ángel tutelar, ya que todo resulta ridículo
y estúpido.
La frecuencia con la que aparecen artículos escritos
por mujeres en la prensa obrera canaria es muy escasa. De los periódicos
consultados conocemos a Juana González y Adela de la T. en El
Obrero; Josefina Libertad, Milagro Rodríguez y Mariana Benítez
en El Rebelde; y por último, Elvira Monteverde en Luz
y Vida. Si tenemos en cuenta las colaboraciones de mujeres de la Península,
saltan los nombres de Soledad Gustavo, Belén Sárraga y Teresa
Claramunt, las dos últimas solicitadas para una gira de propaganda
ideológica por las islas. Belén Sárraga de Ferrero,
activista del librepensamiento, es reclamada por el Partido Republicano
de Santa Cruz de La Palma en el verano de 1905 para impartir sendas conferencias
en La Palma y Tenerife. Teresa Claramunt, militante anarquista, es convocada
con igual intención en fechas similares por el grupo libertario
Luz y Vida, gira que no llega a realizarse. Son sus textos un buen
exponente de la inclusión del punto de vista femenino, del análisis
social situado desde la mujer a pesar de mantener los discursos obreristas.
Soledad Gustavo, que es en realidad Teresa Mañé (madre de
Federica Montseny y esposa de Federico Urales), codirige la Revista Blanca
y firma dos artículos bajo el título La mujer en
la lucha económica. Estas mujeres incorporan un alegato
cuyo centro es la liberación femenina desde una postura obrerista
y no al revés, como venía sucediendo. Es decir, la liberación
de la mujer tiene que ser reivindicada al mismo tiempo que la emancipación
de la clase obrera, puesto que la erradicación de la explotación
económica (o la supresión de las clases sociales) no traerá
por sí sola la libertad y la igualdad a la mujer. Esta postura
se hace además desde un convencimiento con la causa obrera, en
contrapartida al feminismo burgués que según las libertarias
sólo buscaba la equiparación de la mujer en la legislación
sin profundizar en otras causas de injusticia social. Elvira Monteverde,
asidua redactora de Luz y Vida en 1906 y 1907 repite esta fórmula
y, por primera vez en la prensa consultada, se atreve a hablar de feminismo
y de la necesidad de acabar con todos los signos de tiranía.
Ya véis, el feminismo, uno de mis fuertes in illo
tempore, con el rumbo antiguo de libertad política para la mujer,
ha caído, muy justamente, en desuso. Hoy la libertad política
es lo de menos, hoy se lucha porque la mujer se emancipe totalmente de
la tutela del hombre y después que todos juntos luchemos por conseguir
el bienestar y paz social.
(
)ahora que solo se habla de únicos, de supers, de héroes,
ahora que solo se trata de hombres fuertes contra todo y contra todos
¿qué iba á decir yo, pobre mujer, que sólo
sé abogar porque desaparezca la explotación que amaga á
los humildes; que sólo sé propagar medios para que los niños
se libren del pauperismo y disminuya la mortandad; que sólo se
desear intensamente el término de las guerras que aniquilan á
la juventud de los pueblos; que anhelo la extinción del capital
por ser causa de las desdichas que la humanidad sufre, que sólo
sé amar por que desconozco el odio? (17)
Al tiempo que la mujer se incorpora a la causa libertaria
va mostrando a sus compañeros su punto de vista y planteándoles
críticas a su manifiesto machismo. La incorporación de la
mujer a la causa libertaria, aún siendo muy minoritaria, hace ver
que existe otro nivel de opresión añadido al hecho de ser
un desposeído: el hecho de ser mujer. La mujer carga a sus espaldas
con una doble tiranía, la del capitalismo y la del patriarcado,
por lo que su emancipación requiere también de una concienciación
diferente. Si bien el término feminismo no es muy utilizado por
los anarquistas para evitar las confusiones con el feminismo burgués,
Elvira Monteverde lo introduce para incorporar otra línea de debate
en la cuestión femenina: el punto de vista de la mujer. Por regla
general, en la prensa canaria, es mayor el número de veces que
el hombre reivindica los derechos para la mujer que las ocasiones en que
ella interviene en su propio beneficio.
(
) la iniciativa revolucionaria y toda esperanza
de renovación vienen de los que reclaman y protestan desde el fondo
más profundo de la iniquidad, y en ese fondo, en esta sociedad
de grandes desigualdades, se hallan aún el trabajador y la mujer,
el uno desheredado de todos los beneficios de la civilización,
y la otra despojada de personalidad y víctima de un derecho escrito
por machos poseídos del privilegio del sexo, pero ambos uno más
y otra menos, forman el movimiento de avance progresivo representado por
el proletariado y el feminismo (
) hay algo más grande que
el título de superhombre, que no suele ser reconocido más
que por el individuo que á si propio se le otorga, y es el ser
hombre sin superioridad de ningún género (
) (18)
Resulta difícil formular conclusiones tajantes
cuando se dispone de tan poca información, mas el trayecto recorrido
por la ideología libertaria desde la formación de las primeras
asociaciones obreras canarias hasta la constitución de grupos con
exclusiva afinidad ideológica anarquista, concuerdan con la introducción
de un pensamiento más complejo y profundo sobre la cuestión
femenina entre los elementos más revolucionarios de la sociedad
isleña. Dada la ínfima cantidad de nombres femeninos en
la prensa, bien en forma de artículos, elección de cargos
para las juntas de los sindicatos o de aportaciones económicas
cuando se llevan a cabo suscripciones a favor de alguna causa, parece
lógico deducir que la lucha por la liberación de la mujer
desde una posición de género en las asociaciones obreras
canarias de esta época tiene un seguimiento exiguo. Sin embargo,
por el activismo y acción decidida que éstas muestran en
los artículos e incluso a la hora de afrontar problemas de gran
envergadura, pensamos que cuando se produjo la participación de
la mujer en la lucha obrera fue desde una toma de conciencia de sí
mismas. Citamos aquí como ejemplos la rápida organización
que hace Josefa Mero de Guntín para suplir el hambre de los inmigrantes
gallegos llegados en el vapor Juan Forgas (comentado en el apartado 4.3
de este trabajo); o, el caso de la anciana que, en el mitin celebrado
en el Teatro de Santa Cruz en marzo de 1903 en protesta por las palizas
policiales a los obreros, sube al escenario a denunciar al Inspector de
Policía, Juan Rodríguez Martín, de haber matado a
su hijo, lo que más tarde repite delante del Gobernador Civil y
el Alcalde junto a una comitiva de la Asociación Obrera de Tenerife
(19).
La participación de las mujeres en las cuestiones sindicales
La incorporación de las mujeres al movimiento obrero
organizado se remonta en la Península a la formación de
la Primera Internacional. El organigrama de federaciones locales aprobado
en el Congreso de Barcelona de 1870 estipulaba la fundación de
secciones de oficio, constituyéndose algunas secciones de mujeres
(en 1869 aparece en Cádiz un club republicano de mujeres denominado
Mariana Pineda, bajo la dirección de Guillermina Rojas
Orgis, que se adherirá más tarde a la Federación
Local de la ciudad). Participaron también en la revitalización
del movimiento obrero cuando en los años ochenta se crea la F.T.R.E.,
formando secciones e integrándose en la década siguiente
en grupos anarquistas de significativos nombres: Las Mártires
del Trabajo, Las Desheredadas, Luisa Michel,
Las Convencidas (20).
Evaluar cuantitativamente el progreso de sindicación de las mujeres,
en un proceso que debió ser paralelo a la incorporación
al trabajo de la mano de obra femenina, no es tarea fácil. Especialmente
en las fábricas de cigarros y en la industria textil (en muchos
municipios catalanes componían el 80-90% de la fuerza laboral),
sectores en rápido crecimiento a finales del siglo XIX, destaca
la militancia y el activismo de las mujeres obreras (gran número
de obreras sindicalistas en las fábricas de tabaco en Sevilla en
1888) (21). Teresa Claramunt, obrera textil de Barcelona, se convierte
rápidamente en un referente dentro del anarquismo y de la agitación
obrera de las mujeres, participando en la formación de variados
grupos y en numerosos actos de propaganda por toda la geografía
peninsular. El crecimiento de las ciudades y el desarrollo de la industrialización
favorecen la concentración de mano de obra asalariada, el despertar
del movimiento obrero. Requisito que no se va a dar en Canarias, que en
el año 1900 cuenta todavía con un elevado número
de población activa dedicado a la agricultura, más de un
70%. Su población trabajadora tiene un componente mayor de jornaleros
que de obreros. La integración de la mujer en el mercado laboral
se produce de forma tardía y muy paulatina; en el año 1930,
de un total de 317% de población activa, las mujeres ocupan
tan sólo el 103%, siendo aplastante la mayoría de
varones, 897%(22). Para los años 1909-1910, en las islas
se cifra el número total de proletariado urbano en 2.806 obreros/as,
concentrados mayoritariamente en los sectores de transportes, tabaco,
metalurgia e industrias químicas, siendo el porcentaje de mujeres
de un 983%, de las cuáles un 4818% son menores de 23
años. Al igual que sucede en la Península, la mano de obra
femenina se emplea sobre todo en el tabaco y en el sector del textil (tanto
a las cigarreras como a las costureras dedica la Asociación Obrera
de Canarias continuados artículos para que se agremien e ingresen
en la asociación) (23). Las condiciones de trabajo de las cigarreras
provocan la denuncia de sus compañeros. Trabajan largas jornadas
diarias, del amanecer al anochecer, en ocasiones sin descanso, y cobran
un jornal de una peseta al día., del cual el dueño de la
fábrica descuenta media peseta a la semana para pagar a las empaquetadoras
o cajetilleras.
(
) a ésas empleadas de empaquetado, niñas
de 8 á 10 años en su mayoría (
) se las tiene
hasta altas horas de la noche, dedicado no sólo a la faena de la
que hablamos, sino que también a la de servir a los fabricantes
en los quehaceres domésticos. Algunas tienen la misión de
hacer la cama é ir á todos los mandatos del amo, como si
fuesen sirvientes, iniciándolas en algunos casos, aún en
los albores de la existencia, a las resbaladizos y peligrosos secretos
de la intimidad, primer escalón en la pendiente de la deshonra
y hasta del vicio (24).
Las asociaciones obreras canarias hacen repetidos llamamientos
a la sindicación de las mujeres y a la participación de
éstas en las huelgas o manifestaciones sindicales (como la serie
de artículos que se publica bajo el título Las
cigarreras durante los primeros números de El Obrero),
lo que denota que eran menos receptivas a este tipo de movilizaciones.
No obstante, la afiliación y participación de mujeres en
la movilización sindical se confirma a través de las cigarreras.
En agosto de 1900 se forma el gremio de tabaqueros, con un total de 300
socios, que se amplía a 400 en enero de 1901 (25). En representación
de las cigarreras se nombra a Tomasa Gutiérrez Ara (26). Otra mujer
es nombrada co-representante de un gremio, el gremio de sirvientes de
ambos sexos, Antonia Pérez Cruz (27). El activismo de las mujeres
en las protestas sindicales queda de nuevo confirmado en la manifestación
del 1º de mayo de 1901, a la que acuden unas 200 mujeres que marchan junto
a las cigarreras, portando una pancarta con la proclama de ¡Por
la emancipación de la mujer! (28). Cabrera Díaz
reconoce la difícil situación de la mujer obrera, al hacer
balance de la actividad de la Asociación Obrera de Canarias
tras un año de implantación:
(
) las mujeres obreras están sujetas a tres
tiranías, a tres esclavitudes, a cual más desastrosa por
sus efectos: la religiosa, la social y la económica. La primera
la obliga a poner su conciencia al servicio de preocupaciones y fanatismos
absurdos; la segunda la coloca en el último peldaño de la
escala humana, al arbitrio de las brutalidades y caprichos del marido,
y la última la entrega atada de piés y manos á la
infame explotación del capitalismo (29).
Bastante más infrecuente resulta la colaboración
de la mujer en la prensa obrera, justificada seguramente por los obstáculos
que tiene para acceder a la enseñanza y por la carencia de un hábito
para las contribuciones más teóricas. Juana González,
inaugura la firma femenina en la publicación de artículos.
Despertando
(
) Despertemos, compañeras de infortunios, de entre las tinieblas
en las cuales hemos vivido durante tantos años; sacudamos este
pesado sueño que nos abate, y sigamos esa senda que se nos presenta
ante nuestra vista; no retrocedamos un paso, y encontraremos, al fin de
la jornada, un paraíso en el cual se anida la virtud, la unión
y la caridad, prosigamos sin volver nuestra vista al pasado, amémosnos
y estrechemos nuestras manos formando un lazo de amistad eterna, sin que
en él se vea dibujada la hipocresía, y gritemos henchidas
de gozo: ¡Viva la Asociación obrera de Canarias!
¡Viva la Unión! ¡Viva la Igualdad, la Paz y la Justicia!
(30).
Labor que alaban otros componentes de la Asociación
Obrera, entre ellos Cabrera Díaz, por prestarse a reforzar la adhesión
de sus compañeras (probablemente pertenezca al gremio de las cigarreras)
y por contribuir a la labor de concienciación de El Obrero.
Nuestros obreros, atendiendo á las indicaciones
de su órgano en la prensa, apréstanse á cumplir y
á hacer cumplir lo que á diario pregona éste, no
sólo adviniéndose á la unión, si que también
robando en la noche un par de horas de las destinadas al descanso: las
mismas que invertían en esos garitos mundanales, empleándolas
hoy en invadir el salón de lectura de nuestra Asociación,
dónde se les vé, á unos con el periódico ó
el libro en las manos y á otros empuñando la pluma para
trazar artículos que han de llenar las columnas de EL OBRERO, y
en los que van desarrollando sus ideas, sus pensamientos y proyectos,
encaminados á proporcionar el bien á todos sus compañeros.
Una mujer, Juana González, la gran defensora de las ideas societarias,
como yo la llamo, desde que vi estampado su primer trabajo, viene á
compartir con aquellos las tareas del periodismo; viene á dar fortaleza
á sus compañeras para atraerlas al convencimiento social
y cuyos escritos tanto renombre están dando á la ilustrada
obrera (31).
Ricardo Ruíz y Benítez de Lugo menciona,
para Canarias, un nivel de analfabetismo del 75% en el año 1900.
La población infantil escolarizada se componía de 10.000
niños que se repartirían en un total de 250 escuelas, de
los cuales en Santa Cruz de Tenerife habría sólo 128 niños
pobres. En 1903 la citada ciudad, con una población
de 40.000 habitantes, dispondría únicamente de siete escuelas
(32). Si a estos datos le añadimos que la mujer, una vez se ha
incorporado al trabajo asalariado (con unas condiciones inferiores a las
del hombre, por ejemplo sus jornales son la mitad de los de aquel), debe
además encargarse de llevar la responsabilidad de las tareas del
hogar y los cuidados de la familia (dada la permanencia de una cultura
patriarcal), es realmente sorprendente que la mujer obrera o jornalera
incluso extraiga un tiempo para destinarlo a fomentar sus capacidades
intelectuales, como nos relata el texto anterior que hacen otros obreros
en las sedes de las asociaciones. Razón por la que también
le sería menos laborioso comprometerse en cuestiones más
prácticas, con una finalidad más cercana que la de elaborar
argumentaciones teóricas. Adela de la T., igualmente cigarrera,
llama a las jóvenes canarias a luchar por una vida justa y libre,
invitándolas a conmemorar el 1º de mayo como una jornada reivindicativa.
Su artículo, además de ser una contundente exposición
de motivos por los que decidirse a la organización obrera, refleja
el talante tímido propio de quien cree que no posee las facultades
necesarias para enarbolar una causa ideológica (33).
No podemos saber si el componente femenino de las asociaciones obreras
tinerfeñas eran afines o no, y hasta qué punto, del pensamiento
anarquista, si bien sería inevitable recibir su influjo. Duda que
queda algo más disipada para el caso del Centro Obrero de Las Palmas,
pues ya se presenta con una clara determinación libertaria. Llama
la atención en el breve período de tiempo de publicación
de su periódico, El Rebelde (1902-1903), la colaboración
de tres mujeres entre sus redactores. Una de ellas, Josefina Libertad,
anima a todos los trabajadores a no decaer en su lucha por la libertad
y en la continuación del semanario a pesar de las denuncias de
los burgueses.
Y ya que hemos empezado á trabajar por la libertad,
sigamos sin temor á la censura de los burgueses. Ellos pondrán
miles faltas a los artículos que publique nuestro humilde semanario,
por que en aquellos habrá palabras que á ellos les halague
el oído por no estar llenas de adulación. Huyamos, pues,
de esa sociedad en donde no existe más que desprecio para nuestra
clase; formemos nosotros una nueva familia y sea nuestro lema la moral
basada en la honrosa idea de libertad (34).
El interés por las causas sociales
¡La guerra!
¡Oh! fatídica palabra! Tú tienes por norma la muerte
y la desolación, por ti lloran muchas madres, has derramado tanta
sangre como agua tiene el mar. Eres el asesinato, el robo, el incendio,
la violación, en una palabra, la destrucción. Para ti nada
hay respetable, ni la tierna criatura, ni la débil mujer. En torno
tuyo no se ve otra cosa que sangre, miembros mutilados, ayes de agonía;
tu nombre es pronunciado con horror, y todo para encumbrar y enriquecer
a los parásitos.
Pero desaparecerás, guerra maldita.
Cuando las madres se capaciten de lo que eres y que fin es el tuyo, te
negarán sus hijos y no tendrás víctimas que inmoler;
tu fatal nombre no será más que un recuerdo.
Yo te maldigo y maldigo a todos los que te promueven, y para vengarme
te negaré mis hijos y aconsejaré a las demás madres
imiten mi conducta (35).
En 1906 el bilbaíno Luis Bulffi, delegado de la
sección española de la Liga de la Regeneración Humana
que promueve la limitación de la natalidad entre los pobres y una
maternidad consciente, publica la obra: ¡Huelga de Vientres!.
Editada en castellano y portugués, en cinco años alcanza
su octava edición (unos 134.000 ejemplares). La tesis
de Bulffi de la conveniencia de la Huelga de Vientres de aquéllas
en quien recae la misión de procrear, aboga por que mujeres y hombres
eviten las familias numerosas mediante el autocontrol concepcional consciente.
En el terreno de lo social, su argumento principal es que el aumento del
número de pobres no lleva a la transformación de las relaciones
sociales (36). Desde sus inicios, el neomalthusianismo contó
con la colaboración de destacados militantes del anarquismo internacional,
como Ferrer i Guardia, Pedro Vallina o Mateo Morral. En 1904, La Liga
de la Regeneración Humana presenta un informe al Congreso Antimilitarista
de Amsterdam. El planteamiento neomalthusiano antimilitarista pasa, a
través de la procreación consciente, por evitar en lo posible
lo que ellos llaman abastecer de carne de cañón a
la burguesía y a los ejércitos. Se trata de una postura
antimilitarista de carácter defensivo ante un problema que fundamentalmente
afecta a los hijos de los pobres. Es en realidad un planteamiento de resistencia,
complementario de la lucha social en la que se encuentra inmerso el proletariado
(37).
La negativa a parir hijos para la guerra es anterior a la
promulgación de la Huelga de Vientres preconizada por Bulffi. El
pensamiento anarquista siempre recogió en sus postulados el rechazo
a la participación en los ejércitos y en general, en todos
los ámbitos militarizados. La guerra es analizada tanto desde su
vertiente violenta, destructiva y ejemplarizante de los más bajos
y crueles instintos del ser humano, como desde el enfrentamiento de las
clases sociales más pobres para mantener un orden social injusto
y jerárquico que sólo procura beneficios a los privilegiados.
Del total de artículos elaborados por mujeres y editados en la
prensa obrera libertaria de Canarias, la mitad está dedicado a
impulsar la respuesta antimilitarista de los obreros. Las mujeres se dirigen
a otras mujeres y en condición de madres las alientan a una actitud
revolucionaria. Milagro Rodríguez, autora del artículo anterior,
hace una propuesta clara y concisa: negarse a seguir teniendo hijos para
no dar más soldados a las guerras. Como se ha visto, esta propuesta
llevada a un libro unos años más tarde causa verdadero furor
entre todas las clases sociales, unas por apoyo y otras por escándalo.
Al igual que Milagro, otras muchas mujeres habrán puesto en práctica
la huelga de vientres antes de ser popularmente divulgada. Resalto este
matiz con el fin de reconocer la trascendencia y valentía ideológica
de muchas obreras/os isleños (cabría decir lo mismo de otros
lugares) a la hora de llevar a la práctica su pensamiento anarquista.
Las limitaciones impuestas por la geografía insular habrían
impedido que posturas de este tipo conectaran a su vez con otras similares
y dieran mayor vigor a sus propuestas, consiguiendo con ello un seguimiento
significativo (38).
En España, el servicio militar era obligatorio para todos los varones
desde 1812, mas se podía conseguir su redención mediante
el pago de una cantidad: entre 1500-2000 pesetas para los redimidos
en metálico; entre 500-1250 pesetas para los sustitutos
(se podía contratar a un sustituto) (39). Evidentemente, los que
no conseguían eximirse del sorteo de quintos eran los obreros.
En Canarias el número de prófugos que emigraban a América
por este motivo alcanzó un volumen tan considerable que el Ministerio
de la Guerra adoptó variadas medidas legales para parar este movimiento:
en 1903 indultó a los prófugos de las islas que estaban
en América (40) y en 1906 dictó severas instrucciones para
impedir que continuaran emigrando los jóvenes canarios sujetos
al servicio militar (41). El grupo librepensador de Santa
Cruz organizó en junio de 1905 una conferencia en el Teatro a cargo
de Belén Sárraga de Ferrero. Algunos artículos suyos
fueron publicados en El Obrero. La rebeldía y subversión
contra las guerras es nuevamente tema de máximo interés
entre mujeres. Belén Sárraga hace saber sus impresiones
acerca de un congreso antimilitarista internacional celebrado en París.
El librepensamiento internacional reunido en París,
se ha levantado contra la guerra.
Hombres de todos los países del mundo, desde las apartadas regiones
del Asia hasta los espléndidos pueblos de América, se han
reunido para tenderse los amorosos brazos olvidados de prejuicios de clases
y de razas puesto su corazón el los altos ideales de redención
y fraternidad humana.(
) Guerra a la guerra repetimos
nosotras las mujeres en nombre del amor y la felicidad social (42).
La prostitución
En Canarias, en pleno desarrollo de la urbanización,
la miseria alcanza una gran magnitud. Hemos visto en otros capítulos
cómo el desempleo abruma a las familias trabajadoras y las peripecias
que tiene que hacer el obrero para suplir una alimentación básica
con sus bajos jornales. Las quejas constantes de los burgueses por la
cantidad de niños que vagan por las calles o las sucesivas epidemias
que azotan a los más pobres, dibujan un paisaje de indigencia entre
la población obrera de la ciudad. La prensa refleja permanentemente
el alto grado de mendicidad al que se ven abocados muchos trabajadores.
Sirva de ejemplo la manifestación realizada en Santa Cruz por un
grupo de hambrientos, en su mayoría mujeres, en mayo
de 1906. Tras haber sido retirados de las calles por las autoridades,
se presentaron ante el Gobernador Civil para exponerle su situación.
Les dieron cuatro panes a cada uno (43). Sorprende que otra vez sea la
mujer la más perjudicada en situaciones de pobreza. En la prensa
obrera se recoge la existencia de un amplio número de prostitutas
en las ciudades canarias que son consecuencia, según su visión,
de las carencias y el hambre que sufren estas mujeres. Sería imprescindible
poder disponer de algún estudio en este sentido e indagar en su
incidencia social. A la espera de ello, podemos intuir que la prostitución
afectó a un sector considerable de la población femenina,
a juzgar por las continuadas defensas que de sus personas se hace desde
los ámbitos libertarios isleños.
A esas desgraciadas, pervertidas, no por culpa de ellas,
sino de la sociedad en que vivimos, debe de tratárseles como mujeres
que son, no como perros, y con éstos se tiene muchas veces más
consideraciones. Viviendo como viven en casas anti-higiénicas,
faltas de aire, verdaderas pocilgas, donde no se respira sino un aire
cargados de miasmas, irremisiblemente tienen que salir a la calle a respirar
un poco de aire puro (
) (44)
La noticia responde a una queja manifestada por otro periódico
de Las Palmas, en el que se solicita que se retire de las calles a las
prostitutas. El obrero se muestra comprensivo hacia la mujer prostituta
que, al igual que él, soporta las consecuencias de las desigualdades
económicas. Con lo que queda evidencia de la preocupación
que sienten en los medios obreros por las vejaciones a las que se somete
a las prostitutas. Otros llegan más allá y comparan la actividad
de la prostitución con cualquier otra actividad profesional remunerada
con un salario. De la misma manera que el obrero se ve obligado a vender
su fuerza de trabajo al capitalismo, la prostituta vende su cuerpo. Por
eso las asociaciones obreras deben tener en cuenta a las prostitutas y
exigir para ellas también las mejoras en sus condiciones laborales.
La prostituta proporciona placeres fáciles y baratos
a jóvenes pervertidos y a viejos lúbricos, a cambio de un
estipendio suficiente apenas para satisfacer las exigencias del estómago;
y los trabajadores venden sus brazos, sus energías, sus actividades
para enriquecer y rodear de felicidades a los parásitos burgueses,
á cambio de un salario mezquino e irrisorio; las unas y los otros
viven en idénticas condiciones y sufren iguales martirios, vejámenes
y expoliaciones criminales: son, pues, hermanos á quienes liga
un mismo interés e impulsa una misma aspiración: ¡emanciparse!
(45)
Cabrera Díaz, autor del texto anterior, propone
incorporar a las prostitutas a la Asociación Obrera, organizarlas
en federaciones de resistencia, ponerles al alcance los medios para su
ilustración, arroparlas con su afecto y considerarlas mujeres tan
honradas como el resto de compañeras de talleres y fábricas,
como las mujeres con las que comparten su hogar. Atendiendo a la moralidad
de la época, discursos como el expuesto son innovadores. La política
oficial de reglamentación de la prostitución no tiene como
objetivo su eliminación. Hasta 1908 no se dio en España
una reglamentación uniforme que dictara una normativa general aplicable
a todo el territorio estatal. Lo que existían eran disposiciones
de organismos provinciales y locales, sin unidad de criterio, ni en materia
sanitaria ni en sus objetivos generales. Sí coincidían,
no obstante, en algunos aspectos, como era mantener el decoro público
con la prohibición de la presencia de las prostitutas de manera
deshonesta en los balcones, puertas o ventanas (46). La Real
Orden del 1 y 16 de marzo de 1908 que regula el Servicio de Higiene de
la Prostitución, reconoce que se descarta la posibilidad de desterrar
esta plaga social. Dicha Real Orden expresa el enfoque oficial
del gobierno, el cual asemeja la prostitución a cualquier otra
industria dañina o comercio peligroso y,
como en el caso de estas industrias insalubres, establece
la necesidad de introducir una normativa y unas medidas de precaución.
Además de cuestiones como la inmoralidad de la trata, introduce
otro aspecto de tipo sanitario que considera aún más importante:
la conservación de la raza (47). En la prensa anarquista se realizan
duras críticas a la doble moral masculina, que tras hacer uso de
las mujeres vierten sobre ellas todo tipo de odios y culpas.
No puedo comprender, no pueden mis pensamientos esclarecer
en mi cerebro como hay hombres de tan malos sentimientos y de tan negra
conciencia que después de ser los culpables de la desgracia de
la mujer ayudan á engrandecer las penas (
) luego de ocasionarles
todas estas trivialidades en la vida se les priva de libertad, de toda
clase de expansión, de todas las alegrías de la existencia
y la matamos á fuerzas de rudos y mortales golpes (
) ¿no
son seres humanos también? ¿no son corazones los que encierran
sus pechos y que sufren como nosotros los embates del martirio? ¡maldita
bulgaridad! paremos un momento esa brutal y desenfrenada carrera contra
la mujer (
) (48)
A la vez que la prostitución, se extienden las ediciones
de revistas con alusiones sexuales, cosa que hace poner el grito en el
cielo a muchos moralistas. Una vez más, El Obrero nos sorprende
al revelar que hay mayor indecencia en la glorificación de la violencia
que en la expresión de los actos naturales de la vida.
(
) siempre me ha causado asombro que la reproducción
de los actos esenciales de la vida, las manifestaciones espléndidas
de la fecundidad y el amor merezcan las censuras de ciertos moralistas,
en tanto que se permite á los dramaturgos, á los pintores
y á los poetas libertad completa para glorificar el acto que mata
(
) En efecto, si la noción del amor no hubiese sido falsificada
por la idea del pecado, los hombres sabrían comprender la vida
en toda su magnificencia y en su verdadero candor. Fuera imposible entonces
la pornografía, que sólo florece en las naciones degeneradas
(
) Así es que existen pornógrafos de la carnicería,
de igual modo que pornógrafos del amor (49).
Anexo I
1º de mayo
MI PROTESTA
Nací en el terruño, en este terruño
ponderado por los touristas como un paraíso terrenal y que
para mi no es sino un país explotador, llevando encima la asquerosa
política que en el orbe germina, y que es la madre de todas las
iniquidades imaginables, me enorgullesco con que este terruño camine
con las corrientes modernas, pidiendo puesto en la sociedad cuyos cimientos
empezaron en Chicago y por los cuales, todos debemos poner una piedra;
á esa que será nuestra Patria Universal: á la Sociedad
libre
Pobre de mi, nacida y educada en Canarias, pocas palabras tengo que decir
para conmemorar un día de triste recordación para las clases
productoras. Quizás algunas de mis amigas en el oficio de cigarrera,
me tenga á mal este escrito mío, pero mi corazón
de niña que quiere seguir paso á paso á mis hermanos
por el escabrosos camino de la vida, me dice: niña, mujer,
síguelos; si no tiene fuerza para chillar, alcánzales un
poco de agua y lucharás, sino materialmente, moralmente. La sociedad
presente te tiene aprisionada, rompe esa cadena, rompe esas puertas, rompe
tu silencio
tu libertad así lo exige Y mi conciencia,
abre todas sus bárbulas á los que el corazón, oprimido,
sollozo, le mantiene con grandes dolores, dolores que el trabajo ha impreso
con horribles surcos, originados por las explotaciones de que todas somos
víctimas.
Celebremos, no como fiesta, el aniversario de aquellos mártires
que por sus venas corrió la sangre de la libertad; celebremos,
compañeras, cigarreras, aquel día inmemorial que cubrió
de luto é indignación los corazones proletarios; protestemos,
ya en la fábrica, ya en nuestras reuniones, dé los atropellos
criminales por parte de aquella república digna para representar
una corrida de toros; protestemos para que las clases burguesas sepan
que nosotras, humildes mujeres, queremos justicia, queremos vivir con
la misma libertad que las ondas del mar juguetean movidas por el viento.
¡Ah, compañeras de infortunio, nuestro silencio no es silencio
que requiere nuestra miserable vida de explotadas; nuestro silencio ha
de ser tenebroso, justiciero, uniéndonos en todos los actos que
realicen los trabajadores del mundo, de los que lucha desenfrenadamente
defendiendo la causa de los mártires de la sangrienta trama, ¡de
los mártires de Chicago!
, sin importarnos nada de esta sociedad
jesuíta, de esta sociedad miserable.
¡Jóvenes canarias, ha llegado la hora de las reivindicaciones!
Nuestra protestas sea una, nuestro grito uno solo: ¡Loor á
todos los mártires que sucumbieron sin arrodillarse á los
pies de esta caduca vieja nave luchando por lo más sagrado de todo
ser humano!
Termino, pidiendo á todos me perdonen estas mal escritas líneas,
reflejo fiel de lo que mi alma siente.
Adela de la T.
Santa Cruz, 1º Mayo 1905
Anexo II
Juramento de la bandera
He visto con los ojos arrasados de lágrimas, que
aún me queman las pupilas, que el Diario de Las Palmas de el día
14 del corriente, dice que el solemne acto de jurar la bandera,
inunda el patriótico amor de todos los corazones ¡Cuánto
engaño! ¿Cómo os parece a vosotros, mercaderes de
oficio, que el corazón de una madre cual yo, que le arrancan el
hijo querido, del regazo materno, tenga el corazón, henchido de
júbilo? ¡Ah! Como se conoce que no teneis hijos y si los
teneis, bien se comprende que perteneceis á una clase privilegiada
y que por lo tanto, podeis pagar el tributo de sangre y así, vuestros
hijos no servirán de carne de cañón, pero en cambio
los de nosotros, los obreros, no ven eso que vosotros decís, que
la la bandera contiene entre sus pliegues el interés y el
bien común; al contrario; nuestros hijos ven que por esa
bandera, insignia de la que los hombres han dado en llamar Patria,
los secuestran del hogar y de sus familias, les inculcan el código
militar y aterrorizados con sus leyes se convierten en autómatas,
en máquinas de matar; les vemos salir de nuestras casas, tan cariñosos,
tan dignos productores, para sepultarlos luego en esos palacios feudales,
de horca y cuchillo, denominados cuarteles, en donde el individuo
pierde su independencia por completo y en donde el hombre que es honrado,
se corrompe de tal-modo, que sólo al mandato de sus jefes, es lo
suficiente para empuñar el maüser y exterminar a sus hermanos
y hasta á su propio padre, matando de ese modo á la verdadera
patria al hogar de la familia.
Decidme, ¿Es esto santo, noble o humano? ¿No? Entonces,
si no tiene nada de aquello de lo que el Mártir de Golgota dijo
que al prójimo, como á ti mismo no comprendeis
que al propagar esas exterminadoras doctrinas que tantos perjuicios causan
a la humanidad, os convertis en criminales destrozando de este modo los
corazones de las madres proletarias con vuestra horrible propaganda? ¿No
saveis que vuestro deber, ya que teneis concocimiento para ello, es decirles
á nuestros hijos ¡Levántate y lucha como les digo
a todas las madres del Universo cuando vienen a quitarnos nuestros hijos
¡Abrasaos de ellos y defendámosles, como la leona á
sus cachorros.
Mariana Benítez (Las Palmas)
1-NASH, Mary: Mujer, familia y trabajo en España,
1875-1936, Anthropos Editorial, Barcelona, 1983, pp.11-16.
2-El Obrero, nº76 (19/4/1902) Por la libertad de la mujer
firmado por Hernando Zerpe
3-ESPIGADO TOCINO, Gloria :Las mujeres en el anarquismo español
(1869-1939), AYER, nº45, 2002, p.42.
4-El Obrero, nº17 (29/12/1900), La mujer, firmado por J. Se
deduce que su autor es Cabrera Díaz, por la segunda parte del artículo
que publica en el nº19 (12/1/1901), dedicado a Juana González y
en el que se queja de la educación superficial de la mujer en Canarias,
repitiendo el argumento anterior: ¡Amar! ¡He aquí
el patrimonio de la mujer!.
5-GARCÍA MAROTO, Mª Angeles: La mujer en la prensa anarquista,
España 1900-1936, Fundación Anselmo Lorenzo, Madrid, 1996,
p.182.
6-ACKELSBERG, Martha: Mujeres Libres, Virus editorial, Barcelona, 2000,
p.57
7-El Popular, nº11 (15/9/1906) ¿Debe abolirse el trabajo
de la mujer?, el artículo denuncia que desde que las mujeres
acuden a las fábricas o al taller, pueden tener más acceso
al lujo y terminan dando rienda suelta a su instinto de coquetería
para ser más grata a la vista del hombre según creen que
el hombre gusta de perifollos y arrumacos, muchas jóvenes
falsean sus naturales instintos al contacto de sus compañeras de
trabajo.
8-NASH, Mary: op.cit. p.45
9-El Rebelde, nº7 (27/12/1902) ¡Infelices mujeres! firmado
por Salvador Monsalud (Las Palmas)
10-El Obrero, nº109 (3/12/1902) Influencia del clericalismo en la
mujer. En la misma línea se manifiesta en varios artículos
Ossorio Uriarte en El Rebelde, de Las Palmas, como La mujer y la
Iglesia (26/3/1903) donde además tilda a la mujer de poco
ilustrada: ¡Oh! si vuestra ilustración os permitiera
ver toda esa farsa de fijo haríais más felices á
los vuestros
11-El Popular, nº11 (15/9/1906) La ley contra el amor firmado
por Jacinto Terry.
12-ACKELSBERG, Martha: op.cit. p.57
13-FERRER I GUARDIA: La Escuela Moderna, Ediciones Júcar, Gijón,
1976, p.50
14-ESPIGADO TOCINO, Gloria: Las mujeres en el anarquismo español
(1869-1939), AYER, nº45, 2002, p.52.
15-ACKELSBERG, Martha: op.cit. p.92
16-CLARAMUNT, Teresa: La mujer. Consideraciones sobre su estado
ante las prerrogativas del obrero, Mahón, Biblioteca El
Porvenir del Obrero, 1905, citado por NASH, Mary: op.cit. p.140
17-Luz y Vida, nº15 (8/12/1906) Para mis amigas firmado por
Elvira Monteverde
18-Luz y Vida, nº2 (9/12/1905) A la Juventud burguesa, artículo
sin firmar pero que creemos es de Elvira Monteverde, tanto por el discurso
empleado como por la circunstancia de declarar meses más tarde
que había dejado de escribir para el periódico.
19-Rebelde¡, nº2 (18/4/1903) artículo de Abelino Montolt,
de Santa Cruz; El Obrero, nº117 (28/3/1903).
20-ESPIGADO TOCINO, Gloria: Las mujeres en el anarquismo español
(1869-1939), AYER, nº45, 2002, pp.45-48.
21-ACKELSBERG, Martha: op.cit. p.89
22-GONZÁLEZ MORALES, Alejandro: Dinámica y estructura
de la población, en F. Morales Padrón (dir.), Historia
de Canarias, Prensa Ibérica, 1991, v.4, p.648.
23-BRITO, Oswaldo: op.cit. p.93.
24-El Obrero, nº4 (29/9/1900) Las cigarreras (II)
25-BRITO, Oswaldo: op.cit. p.127
26-En Marcha, nº23, especial 1ºde mayo (1/5/1931) Mirada retrospectiva.-
Hace 31 años
27-El Obrero, suplemento al nº2 (15/9/1900) Manifiesto de la Asociación
al pueblo de Canarias
28-CABRERA DÍAZ, José: op.cit. , p.86
29-Ibid., p.93.
30-El Obrero, nº16 (22/12/1900) Despertando firmado por Juana
González
31-El Obrero, nº19 (12/1/1901) Progresamos firmado por un
aprendiz de imprenta
32-GALVÁN FERNÁNDEZ, Francisco: op.cit. pp.426-429
33-El Obrero, nº221 (1/5/1905) Mi protesta firmado por Adela
de la T, reproducido en el anexo.
34-El Rebelde, nº5 (13/12/1902) Abajo la esclavitud firmado
por Josefina Libertad
35-El Rebelde, nº10 (29/1/1903) ¡La guerra! firmado
por Milagro Rodríguez
36-MASJUAN, Eduard: La ecología humana en el anarquismo ibérico,
Icaria editorial, Barcelona, 2000, pp.260-261.
37-Ibid., pp.262-311.
38-Rebelde!, nº2 (18/4/1903) Juramento de la bandera firmado
por Mariana Benítez, reproducido en anexo.
39-CASTELLANO GIL, José M.:Quintas, prófugos y emigración,
Centro de la Cultura Popular Canaria, Tenerife, 1990, p.31
40-El Progreso, nº203 (7/5/1903)
41-El Progreso, nº242 (21/6/1906)
42-El Obrero, nº251 (23/12/1905) Guerra a la guerra firmado
por Belén Sárraga de Ferrero
43-El Progreso, nº209 (14/5/1906)
44-El Rebelde, nº5 (13/12/1902) Regenerándonos firmado
por Salvador Monsalud
45-El Obrero, nº135 (25/7/1903) firmado por Cabrera Díaz.
46-NASH, Mary: op.cit. p.37
47-Ibid. p.36
48-En Marcha, nº3 (19/6/1909) La mujer en la prostitución
firmado por A.R.
49-El Obrero, nº110 (7/2/1903) La pornografía de la muerte
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