Como es evidente, resulta altamente complicado mantenerse de forma permanente en posiciones, digamos, “radicales abstractas” sin verse con ello forzado a prácticamente abstraerse de los problemas hoy muy auténticos y muy concretos del mundo. Y esto lo dice un ácrata, más bien irredento y, encima, con cierta influencia nihilista (ojo, precisamente, a mi lúcido modo de ver las cosas, para eludir el dogmatismo más lamentable). Desgraciadamente (para mí, al menos), he conocido a alguna que otra persona, lamento decir que incluso dentro del movimiento libertario, que ante ante la toma de partido por algún conflicto concreto, dentro de este mundo que sufrimos y que tan poco nos gusta, decidían enrocarse en posturas según las cuales solo había que aspirar a un mañana revolucionario que todo lo cambiaría (y traería, o más o menos, la felicidad para todo quisque).
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